Durante este viaje me he dado cuenta de la creciente popularidad de las pensiones añadidas a otro negocio en Centroeuropa. Es decir, cada vez hay más gente que se dedica a una cosa y un buen día decide que por qué no aprovechar el tirón del turismo y añadirle unas habitaciones de nada al negocio, y en un plis plás medio dedicarse a la hostelería.
En Brno, por ejemplo, el establecimiento donde me alojé compartía edificio y propiedad con una clínica de cirugía estética. Tendría que haber sospechado algo con el nombre de la pensión (Body, cuerpo en inglés), pero en las fotos de la web se veía tan bien que no le di importancia. Y en verdad estuvo muy bien, pero al compartir la recepción con la clínica y al estar ésta cerrada los fines de semana, me tocó esperar 5 horas a que alguien viniera a darme las llaves de la habitación. Eso sí, podría haberme hecho una liposucción o un agrandamiento de pechos a precio de ganga (y con descuento).
En Sopron la situación fue parecida, pero en este caso la gestión de la pensión era compartida con una dentista. No podía ser de otra manera, con la cantidad que hay allí. Y bueno, la ciudad está promocionando mucho este gran patrimonio odontológica que tiene, así que no es de extrañar que se les haya ocurrido combinar el alojamiento con el turismo dental.
Cuanto más lo pienso más potencial le veo a las pensiones mutifunciones en nuestro país, dada la escasez inmobiliaria en el centro de la ciudad. En Barcelona, por ejemplo, las posibilidades serían infinitas.
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Siento contradecirte, pero creo que Barcelona lo que necesita son pensiones clásicas (sólo pensión) y cuidar más la alimentación para prevenir problemas corporales y de dentadura. La cirugía y la odontología no son sinónimas de calidad de vida (para algunos) Yo, desde luego, prefiero más “ratoncitos pérez”, te lo aseguro.