En Kinshasa no es raro ver parejas mixtas entre extranjeros y locales, entre blancos y negros. Hasta aquí ningún problema.
La mayoría son hombres blancos con chicas negras, y suelen verse sobretodo de noche en los bares y discotecas de la ciudad, bailando o tomando una copa. Y es ahí donde la delgada línea que separa relaciones consentidas entre dos adultos y explotación sexual se difumina hasta perderse de vista. Cuando tiene lugar una transacción monetaria o un intercambio de favores la cosa está clara, todos estaremos de acuerdo en que se trata de prostitucion.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar (lo dejo para otro día porque el tema da para mucho). Sino de los casos en que el interés de uno de los dos miembros de la pareja es más sutil. Cuando la chica congoleña (porque normalmente se trata de chicas) se acuesta con el mundele en cuestión porque cada vez que salen le paga la cena o las copas y le hace regalos que nunca podría comprarse ella con sus ingresos. O cuando simplemente se deja impresionar por su ropa, su coche o su casa con jardín, quizás pensando que más adelante, de alguna manera, ella también tendrá todas esas cosas. O se la llevará con él cuando vuelva a su próspero país.
Y es que inevitablemente siempre hay un desequilibrio de poder entre esas parejas mixtas. Tengo un par de amigos que tienen novias congoleñas y me han comentado más de una vez este problema, la duda de si realmente están con ellos por amor o por lo que ellos encarnan, por el deseo de una vida mejor. Aunque no quieran, ese abismo económico entre los dos está siempre un poquito presente debajo de la mesa, silencioso y discreto.
Pero a pesar de eso hay parejas que lo han superado y están felices y contentos el uno con el otro. Como estos dos amigos de la foto que llevan varios meses juntos y están todo el día haciendo el tonto como dos tortolitos. Da gusto verlos.
¿Qué es el amor en el Congo?

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