En las grandes ciudades de Estados Unidos, la gente no suele tener lavadora en su piso. Sobretodo en ciudades como Nueva York o San Francisco, como los alquileres son caros y el espacio escaso, uno no puede permitirse tener un rincón ocupado por una lavadora, y mucho menos por una secadora. Así, todos los edificios de pisos tienen un cuarto con lavadoras y secadoras de uso comunitario en el sótano. Funcionan con monedas, y allí hacen la colada todos los vecinos del edificio.
Dejando aparte el tema de que a mí no me gusta usar las secadoras y prefiero tender la ropa en casa (por lo que se me considera poco menos que un bicho raro), el sistema de lavadoras comunitarias me parecía la mar de práctico. Hasta que un día, cuando fui a buscar mi ropa limpia, me la encontré tirada de cualquier manera encima de una de las lavadoras, la cual estaba en uso por la colada de otra persona que no había podido esperar a que yo bajase a recoger la mía (tardé unos 15 minutos más de la cuenta).
La vez siguiente, consciente del número de vecinos que hay en el edificio y de que sólo hay cuatro lavadoras en el sótano, intenté ser más puntual y encontré mi colada intacta. También cambié mi costumbre de lavar en fin de semana, ya que es cuando todo el mundo lo hace y por lo tanto hay más demanda de lavadoras.
Sin embargo, a la vez siguiente, un martes a las 9 y media de la mañana, cuando volví a buscar mi colada limpia con 5 minutos de retraso, me la volví a encontrar tirada encima de una de las lavadoras. Rayos y truenos, el tocador de colada había atacado de nuevo. Mi pobre ropa interior se encontraba trastornada, mis camisetas no daban crédito, y un calcetín solitario que había caído al suelo lloraba desconsoladamente. ¿Quién diablos es este desalmado impaciente que me toca las bragas y las toallas limpias sin reparos cada vez que necesita una lavadora libre?
Ahora hace ya 3 o 4 veces que el tocador de colada me ha tocado mi colada, por lo que cada vez que pongo una lavadora, pongo también el despertador. Y espero con ganas el día en que pille al maldito tocador de colada con las manos en la masa. Le cortaré los dedos.
¿quién diablos me toca la colada?

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