Esta vez tenía más ganas de volver a Kinshasa que la última vez, de volver a pasar calorcito, de ver a los amigos y de acabarme de instalar en mi flamante nuevo piso. Pero a pesar de todo eso la vuelta se me ha hecho mucho más pesada que la última vez y me he pasado este lunes de cumpleaños enfurruñada como una abuela cascarrabias.

De entrada mi maleta repleta de jamón ibérico y otros manjares de nuestras tierras no llegó a Kinshasa. Y todos los regalos para colegas y amigos que habían dentro tampoco. Ya lo dije una vez y lo repito: las compañías aéreas en África son unos chorizos (a parte de comerse los míos)!

Con eso ya entré con mal pie en este país, así que cuando unos cuantos espontáneos me regañaron por sacar fotos en el aeropuerto me saltaron chispas, y cuando un enjambre de golfillos nos acosó a la salida pidiendo dinero por el simple hecho de ser blancos por poco les doy un cachete.

En la oficina las cosas no han mejorado mucho, hemos tenido infinitas reuniones de las que te acaban la paciencia y supongo que esta vez yo me traje poca. En realidad en este país esto es lo único que hace falta traerse. Mucha paciencia, toneladas y toneladas de paciencia.

En fin. Que hoy es lunes y mañana será otro día.

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