Hace tiempo que quería hablar de Tintín en el Congo, y la polémica reciente después de su publicación en Reino Unido y las subsequentes denuncias en Bélgica y Francia, ya desde sus incios la historieta suscitó polémica por su paternalismo colonialista y por su racismo.
Por esa razón, cuando en 1946 el álbum se reeditó en color, Hergé lo redibujó completamente para suavizar los elementos más polémicos. Así, eliminó varias viñetas y cambió el texto a otras, como el ejemplo que aparece en la web de la editorial Juventud (la que publica las historias de Tintín en España) en el cual donde Tintín da una clase en una escuela africana el texto que dice que Bélgica es su patria es substituida por una lección de aritmética. Sin embargo los cambios resultaron ser puramente cosméticos, y las críticas no hicieron más que reavivarse durante los años 50 cuando tomaron fuerza los movimientos panafricanos de autodeterminación, y con la posterior descolonización de los años 60.
Según la Wikipedia, la rehabilitación del álbum y su regreso a las librerías de todo el mundo en los años 70 se produjo paradójicamente a consecuencia del éxito que la historia tuvo cuando se publicó en una revista del Zaire independiente. Sin embargo, en varios países Hergé tuvo que hacer más cambios a la historieta antes de volver a publicarla, y en otros aún sigue prohibida.
Ahora, después de 70 años de polémica más o menos constante, el debate se ha reavivado a raíz de una denuncia en Gran Bretaña a mediados de julio por parte de la Comisión por la Igualdad Racial (CRE, en sus siglas en inglés). Primero pidieron que el libro se vendiera en la sección adulta de las librerías y no en la infantil, con un mensaje avisando de que contiene “estereotipos burgueses y paternalistas de la época, interpretación que algunos lectores podrían encontrar ofensiva”, pero al cabo de unos días el tono del debate subió y pidiendo su retirada de las tiendas al considerarlo un “disparate racista y pasado de moda”. La denuncia no ha hecho más que aumentar las ventas del libro en Gran Bretaña en un 4.000%, según este artículo.
Un mes más tarde, en agosto (el verano es lo que tiene, demasiadas mentes ociosas), un estudiante congoleño en Bélgica pidió también la retirada del libro en ese país por las mismas razones, así como la reapertura del debate sobre la actuación de Bélgica en la colonización de su país. Y la semana pasada otra denuncia más en Francia se sumó al escándalo veraniego, ésta por parte del Consejo representativo de las asociaciones negras (CRAN).
Y yo me pregunto, ¿a estas alturas de qué sirve escandalizarse por la visión del mundo anticuada de Tintín en el Congo? No es ninguna novedad que hace 70 años se tenía una visión muy distorsionada de África y de los africanos, y es en el momento histórico que hay que colocar la obra. El propio Hergé reconoció que, a sus 23 años, cuando escribió Tintín en el Congo, pecó de ingenuo e ignorante, que se trató de una obra de juventud y que hay que interpretarla en el contexto de la época. Para él, los personajes del libro eran “negros de fantasía”, caricaturescos como todos los personajes de sus obras. ¿Acaso tenemos que censurar a todos los autores que en sus obras han dejado entrever opiniones que hoy en día serían consideradas racistas pero muy extendidas en su época (me viene a la cabeza un ejemplo: el venerado HP Lovecraft que se pasa tres pueblos al describir a personajes negros, aunque los hay a montones)? ¿O se trata simplemente por el hecho de ser un cómic “para niños” que los estandartes de la corrección política se tiran de los pelos?
Como dice este artículo, ahora sólo falta que las asociaciones protectoras de animales empiecen a atacar Tintín en el Congo porque en él se mata cruelmente a varias especies protegidas, y así obtendría la etiqueta de “el más denunciado de la historia”.
A mí, lo que más gracia me hace del caso es que cuando se le pregunta a cualquier congoleño qué piensa del libro se echa a reír por lo estúpidos que eran los blancos de tener esta visión del Congo tan lejana a la realidad. Al final, son ellos los que se mofan de la ignorancia e inferioridad intelectual de los europeos gracias al libro. Y no sólo eso, sino que en lugar de perder el tiempo ofendiéndose van a lo práctico sacándole partido económico al tema: en Kinshasa los puestos de souvenirs están abarrotados de todo tipo de estátuas de madera del coche que aparece en la portada de Tintín en el Congo, y de demás escenas del libro, tal como puede verse en esta foto (yo, sin ir más lejos, compré una donde Tintín va en canoa con varios lugareños). Y el souvenir estrella es un lienzo de la portada del libro pintada a mano (por pintores como los de la foto de aquí abajo), en el cual, si se desea, se puede cambiar el nombre de Tintín por el del comprador e incluso poner una foto propia en lugar de la cara de Tintín. Manda huevos.
