Un día como hoy hace exactamente un año me quejaba de las malvadas lavadoras comunitarias americanas. Contaba que en las grandes ciudades la mayoría de gente no tiene lavadoras individuales en casa, sino que usan las que suele haber en el sótano del edificio para uso de todos los inquilinos previa inserción de unas moneditas. Y me quejaba de la impaciencia de algunos, que se convierten en tocadores de colada a la mínima que uno se retrase unos minutos a ir a recoger la ropa después del ciclo de lavado (o de secado). Pues bien, me satisface informar a mis preocupados lectores que hace unas semanas pillé al infame tocador en cuestión con las manos en la masa. O mejor dicho, con las manos en las bragas.
Eran casi las tres de la tarde de un día entre semana y al llegar yo a recoger mi colada en cuanto me sonó el despertador que empecé a usar para este menester, me lo encontré manoseando mi sufrida colada por enésima vez. El señorito iba despeinado, en pijama de rayas y pantuflas, y al verme se mostró incómodo y evitó mirame mientras continuaba su labor acosadora lavadoril. Y al preguntarle por qué tanta impaciencia cuando mi lavadora apenas había acabado su ciclo me contestó que estaba muy ocupada y tenía muchas cosas que hacer. Ejem. Supongo que la cama lo estaría esperando.
Por cierto, después me enteré de que el tan estresado tocador no era un inquilino oficial del edificio, sino el hermano menor de la vecina de abajo y su novio, a los que llevaba gorroneando alojamiento todo el verano sin oficio ni beneficio. Ocupadísimo está el pobre.
Unos días más tarde fui a poner otra lavadora y me encontré con otro individuo de pinta parecida empezando una lavadora, así que calculé volver en cuanto acabara. Pero cuando volví tres cuartos de hora más tarde me encontré con su colada tirada encima de la lavadora en cuestión ya que algún otro impaciente (o quizás el mismo de siempre) quería empezar su lavado. Y como en el artículo del año pasado os puse una foto escenificada pero no verídica, os pongo ésta que sí es auténtica para que veáis que no mentía. Y también para que veáis lo poco limpia que queda la ropa con tan sólo tres cuartos de hora de lavado.
tocador de colada desenmascarado

Related posts: