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Como seguramente todo el mundo recuerda, durante la guerra en Bosnia y Herzegovina la ciudad de Sarajevo estuvo sitiada durante casi 4 años, desde Abril del 1992 hasta Marzo del 1996, y por lo tanto no sólo rodeada por el ejército serbo-bosnio, sino también completamente aislada del exterior. Los habitantes de Sarajevo que no lograron escapar antes de que estallara la guerra tuvieron que pasar 4 largos años constantemente amenazados por las bombas y los francotiradores cuando iban a comprar el pan o buscar agua, y 4 largos inviernos sin calefacción y apenas nada que comer. Se estima que unas 12.000 personas perdieron sus vidas durante el asedio de Sarajevo y otras 5.000 fueron heridas. Y durante todo ese tiempo la única manera de salir de Sarajevo era a través del aeropuerto, controlado por las Naciones Unidas para hacer llegar víveres a la ciudad (y para controlar que el ridículo embargo armamentístico se cumpliera)..
Después de los ataques constantes sobre Sarajevo durante todo el 1992, con una media de 330 impactos de bomba por día y 3.777 en su punto álgido (el día 22 de julio), a principios del 1993 la situación era insostenible. Así que en enero un grupo de voluntarios de las fuerzas armadas bosnias empezaron a cavar un túnel desde una casa cercana al aeropuerto, de la familia Kolar, para conectar la ciudad con su único punto de salida. El túnel, de 1'5x1'5 metros y casi un kilómetro de longitud, se acabó de construir a mediados de ese año. Se calcula que unas 300.000 personas lograron salir a través de él, y todo tipo de armamento y municiones lograron entrar. En realidad, según muchos, fue gracias al túnel que Sarajevo resistió el asedio durante tanto tiempo a pesar del embargo..
Ahora la mayor parte del túnel ya no existe, se ha desmoronado, pero desde 1997 hay un pequeño museo en la casa de los Kolar, donde puede verse la entrada al túnel, del cual quedan 20 metros, algunas fotos y algunos objetos militares de la época del asedio. Y según el libro de visitas, por ahí han pasado miles de turistas de toda Europa y demás países..
Mucha gente va a Sarajevo para ver en vivo y en directo la ciudad que observaron sufrir durante 4 años desde el comedor de sus casas, impasibles, a través de las noticias de la tele, y la mayoría aún la imaginan cómo una ciudad gris llena de cicatrices de guerra y medio destrozada. Es inevitable sentir una cierta curiosidad morbosa por ver qué aspecto tiene Sarajevo más de 10 años después de su destrucción, cómo ha sobrevivido a la guerra. Pero en realidad, tanto en las calles de Sarajevo como en el Museo del Túnel no hay gran cosa por ver. Simplemente cosas por recordar, y sensaciones por revivir..
El argumento a favor de visitar lugares como el Túnel de Sarajevo es similar al de convertir campos de concentración nazis en museos: para no olvidar y evitar que la historia se repita. Sin embargo, allí tampoco hay gran cosa por ver, simplemente un escenario para la historia, o como me dijo uno de los guías del museo de Auschwitz "para darle vida a los libros de texto, sentir, oír, oler", para que la Historia cobre vida..
Después de años de reflexionar sobre este tema, y de haber visitado algunos monumentos y museos de este tipo, aún no sé qué pensar: si efectivamente sirven para recordar el pasado y no repetirlo, o si simplemente son lugares morbosidad recreativa y turismo de guerra.