La antorcha olímpica llegó ayer a San Francisco, en su única parada en los Estados Unidos, y hoy tenía previsto su recorrido por la ciudad. Siendo California el estado más liberal, más hippy y más reivindicativo del país, y siendo San Francisco la capital de las causas perdidas (y no tan perdidas), lógicamente no podían faltar actos de protesta de todo tipo contra China y contra las violaciones de derechos humanos en el Tíbet.
Ayer hubo una larga marcha por la ciudad, pasando por el ayuntamiento y el consulado de China, y varias horas de actos en un escenario montado en la Plaza de las Naciones Unidas (recordemos que esta organización nació en San Francisco). Hubo discursos de varios líderes tibetanos, del arzobispo sudafricano Desmond Tutu y de Richard Gere como director de la Campaña Internacional por el Tíbet (y que fue el que más expectación generó de la noche, cosas de la fama), cantos y rezos.
Y hoy a las 13 horas estaba previsto el inicio del relevo de la antorcha olímpica en un recorrido de unos 9 kilómetros por la avenida que pasa delante de los muelles de la ciudad. Sin embargo, a pesar de que los periódicos habían publicado el recorrido, el alcalde Gavin Newson decidió cambiar la ruta de la antorcha “por razones de seguridad”, después de lo ocurrido en París y en previsión de lo que se estaba cociendo en San Francisco. De todas maneras, los distintos grupos de apoyo al Tíbet se dieron cita esta mañana a las 10 en Embarcadero para ir a McCovey Cove, el punto de salida original, a ver si la antorcha estaba allí o qué pasaba.
Efectivamente, la antorcha salió de McCovey Cove tal y como estaba previsto, pero después de que la primera atleta del relevo corriera apenas unos metros con ella (supongo que puramente para satisfacer a los patrocinadores con un par de fotos), volvió a meterse en el almacén de donde había salido, y dio inicio al festival de la confusión. Unos 10.000 manifestantes pasaron dos horas recorriendo arriba y abajo la avenida del Embarcadero, la ruta original, y por los alrededores de la plaza Justin Herman, donde se suponía que el relevo acabaría. Los rumores sobre el paradero de la antorcha se propagaron como la pólvora durante toda la tarde: que si la han metido en un autobús, que si la van a pasear en barco, que si van a hacer el relevo en el puente del Golden Gate porque es fácil controlar el acceso, que si los actos se han cancelado, etc. etc.
Finalmente, la antorcha vió la luz del día durante tan sólo unos minutos por un par de calles del barrio de la Marina y por la avenida Van Ness en un relevo más encogido que un jersey mal lavado, y la ceremonia de clausura acabó anulándose. Yo, como media ciudad, pasé un par de horas andando cual alma en pena por las calles del supuesto recorrido, intentando escuchar disimuladamente (o no tan disimuladamente) las conversaciones de móvil de los miles de periodistas que se habían desplegado por todas partes para enterarme de los últimos rumores. San Francisco entero parecía un gran juego de la oca con los manifestantes y periodistas jugando al gato y al ratón con la maldita antorcha.
Al final todo el mundo se fue a casa con un mal sabor de boca, entre rabia y decepción, con la sensación de que el alcalde había tomado el pelo a la ciudad entera con la complicidad de la comunidad china (o a la inversa). ¿Es esta la idea que tienen las autoridades de lo que debe ser un acto público? Se supone que precisamente el objetivo del relevo de la antorcha por el mundo es que se la vea, ¿no?
He colgado una galería de fotos de los actos de ayer por la noche y las manifestaciones de hoy, tanto a favor del Tíbet como de China, tal como era de esperar en una ciudad que tiene un 20% de población china. No tengo fotos de la antorcha, a pesar de que la avenida Van Ness está al lado de mi casa, pero el periódico San Francisco Chronicle tiene una página de cobertura especial con montones de fotos, vídeos y varios artículos.
No related posts.

0 Comments until now