Viajando por esos mundos de dios se llega a conocer a gente de lo más variopinta e interesante. Esta semana concretamente he tenido la ocasión de conocer a una chica americana que está viajando en plan mochilero desde Londres hasta Ciudad del Cabo. Un buen día se aburrió de su trabajo y decidió dejarlo todo, comprar un billete de avión de su Wisconsin natal hasta Europa y cumplir su sueño de viajar por África.
Su plan original era hacer todo el recorrido a pie, y así cruzó andando toda Francia hasta llegar a Santander. Pero una vez allí, entre que Bush fue reelegido y llovía a cántaros todo el día, tomó la sabia decisión de empezar a coger trenes, autobuses y demás medios de transporte motorizados.
Al llegar a Ghana se le acabó el dinero, así que se puso a trabajar para una ONG que, mira por donde, se dedica al desarrollo agrónomo. Allí se lo pasó pipa y aprendió un montón sobre abonos y fertilizantes, pero su objetivo de llegar hasta Ciudad del Cabo aún estaba por cumplir, así que decidió reemprender el viaje y volver unos meses más tarde a Accra para continuar su trabajo allí.
Y así, a medio camino entre Ghana y Suráfrica, me la encontré yo gracias al Hospitality Club. Hacía tiempo que os lo quería recomendar: se trata de una base de datos de gente de todo el mundo que está dispuesta a ofrecer alojamiento de algún tipo a los viajeros que pasen por su ciudad, o en su defecto consejos y recomendaciones, o incluso tomar unas copas. Yo lo utilicé solamente una vez cuando fui a Budapest y la experiencia fue buenísima ya que la chica que me alojó era un sol. Y en mi casa se han quedado ya unas cuantas personas, de momento todas encantadoras y sin problemas.
Por cierto, la chica se llama Meg, es diseñadora de páginas web y dibuja increíblemente bien.
viajando ligera

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