Aunque el Día de Acción de Gracias es casi la única fiesta americana que no se basa en el consumismo, va seguida de un día que es todo lo contrario: el Viernes Negro (Black Friday, en inglés). Si alguien se preguntaba por qué Acción de gracias no tiene fecha fija, sino que se celebra siempre en jueves (el último de noviembre), pues ahí tiene su respuesta. Para que todo el mundo haga puente al viernes siguiente y lo dedique a comprar desaforadamente para las Navidades. Se trata de uno de los 10 días del año en que más se vende en Estados Unidos, en el que todo el mundo sale a la calle a gastar su dinerito (el que tienen y el que no, que para eso están las tarjetas de crédito), abriendo de manera oficial la temporada de consumismo navideño.

Como vivo cerca del punto neurálgico de las compras, Union Square, decidí pasar por allí a ver el panorama. En medio de la plaza habían puesto ya el árbol de Navidad y todos los grandes almacenes de la zona ya tenían puestas las ostentosas decoraciones navideñas, como las grandes estrellas rojas que puso Macy’s (que es como nuestro Corte Inglés) en cada entrada.

Un día de tanto despilfarro descontrolado y acumulación de bienes innecesaria no podía sino provocar el rechazo de ciertos sectores de la sociedad, y como era de esperar en 1992 se organizó una jornada de protesta contra las compras ese mismo día. Así que durante los últimos años el Viernes Negro es a su vez el Día Mundial Sin Compras. Cada año hay manifestantes con pancartas pidiendo a la gente que deje de comprar, pero en realidad sólo basta con quedarse en casa y no comprar nada durante 24 horas para unirse a la campaña, lo que hace dudar de su efectividad real (como todas las campañas al uso “Día mundial sin…”) ya que el comportamiento de no comprar más que lo necesario es difícil de mantener todo el año.

¿Os acordáis de los protagonistas del documental ¿Qué compraría Jesús?, el Reverendo Billy y la Iglesia del No Comprar, de los que hablé un día? Pues allí estaban vestidos de elfos (sin el Reverendo) pidiendo a la gente que comprara menos y diera más, junto con otros manifestantes en contra de la venta de pieles animales (que habían montado un tinglado de cuidado con pellejos de zorros y demás por todas partes, incluso colgados de los semáforos), la asociación protectora de animales que ofrecía cachorros en adopción y grupos diversos que pedían a la gente que firmara peticiones para la injusticia de turno.

Al final resulta que el Viernes Negro se ha convertido en un día para ir de compras de absolutamente todo, ropa y accesorios, decoración para el hogar, lo último en telefonía móvil, y la causa que mejor te siente. Súper práctico.

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