Viviendo en una maleta

Estoy de mudanza una vez más. Sigh.

Acabo de contar que en los 7 meses que llevo aquí he vivido ya en 7 casas diferentes. Quizás soy un poco exigente, pero es que aquí los precios de los pisos son un robo a mano armada, y además los propietarios tienen una cara tan dura como el mármol. Para ellos alquilar un piso significa simplemente prestártelo a cambio de dinero (y mucho), sin ningún tipo de obligación por su parte de reparar los desperfectos, mantener la casa en buenas condiciones ni nada de nada de nada.

Si quieres vivir en el centro para estar cerca del trabajo y porque es más seguro, y en un piso que tenga unas mínimas condiciones sanitarias te clavan nada más ni nada menos que no menos que 1000 dólares al mes (normalmente más). Por ese precio puedes alquilar una mansión en Pedralbes, pero en Kinshasa como mucho encuentras un pisito ruinoso que si tiene electricidad ya puedes estar contento.

Y es que todo es carísimo en Kinshasa, pero lo de los pisos es de campeonato. Por ejemplo en mi último piso éramos 2 y págabamos 1200 dólares. Y como podéis ver en la foto tampoco era nada del otro mundo ni en un barrio de gran lujo, sino más bien algo normalito. Pero como no encontramos nada más barato a pesar de haber buscado intensamente por toda la ciudad y yo de haberme mudado varias veces desde que llegué, pues con ese sitio ya nos conformábamos. Sería demasiado contar las historias de los otros pisos en los que he estado, pero no eran mucho mejores así que ya tenía ganas de asentarme en algún sitio con paz y tranquilidad.

Pero, ay, todo funcionaba bien hasta que empezó la estación de lluvias hace un mes y con ella empezaron también las goteras en la casa (el piso está en la última planta), que después de unos días se conviertieron en charcas enormes ya que las tormentas tropicales de aquí no son moco de pavo. Pero el señor propietario se negó a pagar la reparación del tejado diciendo que lo teníamos que pagar nosotros al ser los inquilinos, y él ya nos descontaría algún dinerito del alquiler cada mes. Al oír eso dijimos se acabó lo que se daba y al día siguiente yo ya tenía las maletas hechas.

Así que ahora me encuentro de nuevo abusando de la hospitalidad de los amigos. Hasta que encuentre el próximo piso de precio desorbitado, me mude de nuevo y al cabo de un tiempo me canse de los abusos del propietario y vuelva a acoplarme en casa de alguien mientras busco otro sitio.

Y vuelta a empezar.

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