Bay to Breakers

18 05 2009
 
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Ayer asistí a mi primera Bay to Breakers, una carrera anual de 12km que recorre San Francisco transversalmente de costa a costa . Es decir, desde la Bahía (Bay) al este hasta los acantilados al oeste, donde se rompen las olas (Breakers son las olas de gran amplitud). La carrera, que lleva 98 años celebrándose (si estoy por aquí no pienso perderme el centenario), es una mezcla de competición deportiva seria, de Carnaval atrevido y de rave callejera, de ahí su éxito.

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Bay to Breakers, que hasta el 1963 se llamó Cross-City Race (algo así como la carrera que cruza la ciudad) se inició en plena época de reconstrucción de la ciudad después del gran terremoto del 1906 que había arrasado gran parte de la ciudad. Eso la convierte en la carrera más antigua celebrada cada año, y además en el 1986 entro en el libro Guinness como también la más grande ya que ese año alcanzó los 110.000 participantes. Ayer no hubo tantos, se estima que unos 65.000 aunque siempre es difícil de calcular ya que la mitad de la gente no se inscribe de manera oficial sino que simplemente caminan el recorrido de la carrera disfrazados con cerveza en mano.

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Como en cualquier festival o acontecimiento de este tipo en San Francisco, los disfraces son de lo más divertidos y la ropa brilla por su ausencia. Algunos de los participantes incluso corren en pelota picada. Y es que por Dios, como les gusta a los sanfranciscanos quitarse la ropa a la mínima oportunidad (tal y como podéis ver en esta foto o ésta). Además, la música no falta ya que a lo largo del recorrido de la carrera se instalan grupos de músico que tocan en vivo, discjockeys o simplemente vecinos con altavoces. Todo esto teniendo en cuenta que la carrera empieza a las 8 de la mañana.

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Por alguna razón en todos los festivales siempre abundan las mariposas y las abejas, así como los modelitos retro tipo tenistas con raquetas de madera y calcetines blancos hasta la rodilla. Sin embargo, según parece en Bay to Breakers hay algunos disfraces clásicos que se repiten cada año, como por ejemplo grupos de Busca a Wally (aquí llamado Waldo) y grupos de Elvis. Otro clásico son los salmones nadando a contracorriente, es decir, que corren desde la línea de salida hasta la de llegada (podéis ver un par de fotos que les saqué aquí y aquí).

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Además de los clásicos imperecederos, cada año hay algún personaje de película que ese año acapara popularidad (como Borat hace un par de años) o algún tema de actualidad que inspira muchos disfraces. Pues este año le ha tocado a la fiebre porcina, que al ser un tanto abstracto, ha resultado bastante creativo y variado (aunque la mayoría optaron por la vía sencilla simplemente con morros de cerdito). Otros disfraces que me han hecho mucha gracia han sido el de dos edificios emblemáticos de San Francisco, un perfil de Facebook, el de un estropajo de ducha. Incluso había un grupo bastante grande con banderas españolas disfrazados supuestamente de San Fermines, pero no llevaban ni toro ni hablaban español (aunque sí bebían vino en bota de piel).

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Como nota final sólo comentar que, oh sorpresa, los ganadores de la carrera fueron africanos tanto en la categoría masculina (keniata) como en la femenina (etíope), así como 10 de los 20 primeros puestos.

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Álbum de fotos completo de todo el cachondeo aquí.
Bay to Breakers

tocador de colada desenmascarado

15 10 2008
 
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Un día como hoy hace exactamente un año me quejaba de las malvadas lavadoras comunitarias americanas. Contaba que en las grandes ciudades la mayoría de gente no tiene lavadoras individuales en casa, sino que usan las que suele haber en el sótano del edificio para uso de todos los inquilinos previa inserción de unas moneditas. Y me quejaba de la impaciencia de algunos, que se convierten en tocadores de colada a la mínima que uno se retrase unos minutos a ir a recoger la ropa después del ciclo de lavado (o de secado). Pues bien, me satisface informar a mis preocupados lectores que hace unas semanas pillé al infame tocador en cuestión con las manos en la masa. O mejor dicho, con las manos en las bragas.

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Eran casi las tres de la tarde de un día entre semana y al llegar yo a recoger mi colada en cuanto me sonó el despertador que empecé a usar para este menester, me lo encontré manoseando mi sufrida colada por enésima vez. El señorito iba despeinado, en pijama de rayas y pantuflas, y al verme se mostró incómodo y evitó mirame mientras continuaba su labor acosadora lavadoril. Y al preguntarle por qué tanta impaciencia cuando mi lavadora apenas había acabado su ciclo me contestó que estaba muy ocupada y tenía muchas cosas que hacer. Ejem. Supongo que la cama lo estaría esperando.

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Por cierto, después me enteré de que el tan estresado tocador no era un inquilino oficial del edificio, sino el hermano menor de la vecina de abajo y su novio, a los que llevaba gorroneando alojamiento todo el verano sin oficio ni beneficio. Ocupadísimo está el pobre.

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Unos días más tarde fui a poner otra lavadora y me encontré con otro individuo de pinta parecida empezando una lavadora, así que calculé volver en cuanto acabara. Pero cuando volví tres cuartos de hora más tarde me encontré con su colada tirada encima de la lavadora en cuestión ya que algún otro impaciente (o quizás el mismo de siempre) quería empezar su lavado. Y como en el artículo del año pasado os puse una foto escenificada pero no verídica, os pongo ésta que sí es auténtica para que veáis que no mentía. Y también para que veáis lo poco limpia que queda la ropa con tan sólo tres cuartos de hora de lavado.
tocador de colada desenmascarado
El tocador de la colada, aunque desenmascarado, atacó de nuevo

más impresiones de Kinshasa

03 05 2008
 
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Pasan los días y se me acumulan las historias, pero por desgracia la pantalla del portátil que me llevé desde San Francisco ha decidido dejar de funcionar y por lo tanto no puedo descargar las fotos de la cámara ni colgarlas aqui. Habrá que esperar hasta mi vuelta (el día 14) para poder contar más cosas, y con imágenes. La primera impresión del Congo, tal como conté, fue negativa por las expectativas de encontrar ciertas mejoras. Pero la verdad es que Kinshasa nunca ha sido una ciudad demasiado acogedora ni representativa del resto del Congo, y con su degradación de los últimos años es garantía de mala impresión asegurada.

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Kinshasa, a pesar de lo desagradable que puede llegar a ser, también tiene sus lugares de interés y actividades para disfrutar de un buen rato. Uno de mis lugares favoritos es Chez Tintin, una terraza junto al río Congo en las afueras de la ciudad que debe su nombre a los murales de Tintin que decoran su entrada. Es el lugar ideal para tomar una Primus (cerveza congoleña) un domingo por la tarde mientras se pone el sol.

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Kinshasa también ofrece varios lugares donde comprar arte congoleño de todo tipo, que es muy rico y extremadamente interesante. Desde pinturas de todos los estilos, esculturas de madera, máscaras, collares y joyas, tapices, objetos de cerámica o muebles, es difícil resistir a no llevarse ningun recuerdo artístico.

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Y hablando de arte, el programa del Centro Cultural Francés en la Halle de la Gombe de este mes incluye exposiciones de pintura y fotografía, un festival de documentales hechos por estudiantes congoleños, teatro y danza. Y Bélgica dispone también de un centro cultural con una oferta igualmente interesante y variada.

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Además, en este viaje he descubierto una nueva forma de arte que parece haber florecido en la ciudad: los murales publicitarios pintados a mano. Desde jabón para la ropa hasta licor francés, pasando por cuchillas de afeitar, cubitos de caldo, margarina, leche, pelucas o incluso machetes. Las paredes de Kinshasa se han convertido en un enorme lienzo de colores, todos únicos y originales.
más impresiones de Kinshasa
Exposición de fotos de mi antigua colega Miriam Asmani en la Halle de la Gombe (el Centro cultural francés).

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