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Y como no, Maru es famosísimo en Japón. Y por lo tanto tiene un blog donde muestra lo mono que es y comparte montones de fotos y vídeos de todas sus actividades y aficiones. Imprescindible como complemento a I can has cheezburger si os gustan los gatos tanto como a mí..
La primera vez que los vi por la zona de Coit Tower por unos segundos pensé que eran una bandada de cuervos pero empezaron a armar tal jaleo que enseguida me di cuenta que tenían que ser loros. Entonces una señora me contó que en el 2003 protagonizaron un documental y desde entonces se han convertido en una atracción turística. Más tarde vi postales de los loros en una tienda de souvenirs..
Desde entonces cada vez que he paseado por Telegraph Hill con las visitas los hemos visto sobrevolar nuestras cabezas y pasar el rato en las preciosas casas del barrio, como la de la foto de la derecha. Pero nunca los he visto de cerca, así que no les veía demasiado interés a los bichos. Hasta que me enteré que en el Ferry Park se acercan a los turistas que les dan de comer, y así les pueden sacar buenas fotos de cerca como éstas. Sin embargo, parece que desde el 2007 está prohibido darles de comer. Y como nunca me han atraído demasiado los pájaros, creo que me limitaré a observarlos volar de lejos cada vez que pasee por Telegraph Hill.
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Mis padres tienen un perro salchicha llamado Black (que conste que no le pusimos nosotros el nombre) que aunque ahora está un poco viejito (tiene 13 años), tiene una gran personalidad y es una fuente inagotable de entretenimiento. Así que cuando me enteré de que en San Francisco existen también encuentros mensuales de perros salchicha en el parque de Pine Lake, enseguida decidí que tenía que ir. Como no, disfruté a lo grande pero de entrada tengo que decir que el ambiente fue muy distinto al del encuentro de pugs. Vi más claro que nunca que los propietarios de los diferentes tipos de perros son también tipos de personas muy distintas. En este caso, gente poco simpática y muy maniática..
Pero volvamos al tema que nos interesa: había perros salchicha de varios tamaños y colores, aunque aquí son más comunes los mini que no los de tamaño completo como en España. Y la mayoría eran muy jovenzuelos, incluyendo varios cachorrillos adorables. Y es que los perros salchicha, por ser tan largos, a menudo tienen problemas graves de salud en la columna vertebral y no viven muchos años. Y también son un poco huraños y difíciles. ¡Pero son tan guapos! Y si no comprobadlo vosotros mismos en este álbum de fotos que acabo de colgar.
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El origen de los lolcats no está del todo claro, pero se popularizaron a gran escala a principios del 2007, en gran parte gracias a una página web llamada I can has cheezburger que cada día recibe miles de visitas. Yo la descubrí hace unos meses y me enganché totalmente. Aunque se trata de un humor un poco tonto, a cualquiera que haya tenido gatos o a quien le gusten los animales les hará gracia. Además, la mayoría de los blogueros o personas que se pasan el día delante del ordenador tienen gatos. Y a los gatos les encantan los lugares calientes, como las lámparas o los ordenadores, y si son gatos caseros que nunca salen a la calle como es el caso de la mayoría de gatos americanos, el potencial para situaciones gatunas graciosas es infinito. Es por eso que en Flickr y en internet en general hay tantas fotos de gatos colgadas por ahí, un auténtico caldo de cultivo para los lolcats. Por eso muchos tienen temática informática, como éste o éste..
No he visto lolcats en castellano, y dudo que hagan mucha gracia en otras lenguas que no sean el inglés. Quizás porque el orden de las frases y de los verbos es mucho más importante en inglés que en castellano, y la pronunciación de las palabras no coincide demasiado con su ortografía, es mucho más fácil crear titulares cómicos basados en la mala gramática. La gracia de muchos lolcats no se basa tanto en la mala ortografía sino en la cara de póker del gato en cuestión, como por ejemplo éste o éste..
En fin, está claro que los lolcats son muy difíciles de traducir pero yo cada mañana me parto un buen rato con la entrega diaria de gatitos. Así que el miércoles pasado me hizo ilusión conocer a los fundadores de la ultra-popular I can has cheezburger, Kari Unebasami y Eric Nakagawa, que son nada más ni nada menos que de Hawai. Estuvieron en San Francisco para la publicación de un libro recopilatorio de lolcats, una pieza indispensable para cualquier biblioteca que se precie. Y como no, me lo dedicaron con un "Oh hai".
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Obviamente, no podía faltar a la cita, así que me pasé un par de horas persiguiendo a más de un pug lleno de energía correteando sin parar. Me llevé un paquete de galletas para sobornarlos a la hora de sacar fotos, pero no me hizo ninguna falta ya que nada más llegar se me abalanzaron un par para que les hiciera carantoñas. Sin embargo, cuando después descubrieron el botín aún me hicieron más caso (y a mi mochila, donde a la mínima que me despistaba metían la cabeza en búsqueda de bocaditos en forma de hueso). Al cabo de poco rato entre 25 y 30 pugs correteaban contentos unos detrás de otros, se olían el culo unos a otros o intentaban robar cosas de las bolsas y mochilas de los presentes. Mientras tanto sus propietarios intentaban desesperados poner un poco de orden, pero incluso para ellos era difícil distinguirlos y seguirles el rastro entre el barullo..
No me voy a alargar más ya que acabo de colgar un álbum de fotos ilustrativo de este domingo tan perruno que he pasado, para los que les gusten los perros tanto como a mí. Por cierto, también me he enterado de que existen concentraciones similares de chihuahuas, perros salchichas y demás. Habrá que investigarlo...
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Se estima que quedan tan sólo unos pocos miles de bonobos en el país (unos 10.000 como mucho) a causa de la presencia de guerrilleros en los parques que son su hábitat, y la caza con fines alimentarios. El santuario Lola ya bonobo, fundado en 1994 (durante la guerra) por una señora que sintió pena por los animales del zoo de Kinshasa. Hoy en día acoge entre 40 y 50 bonobos rescatados de varios lugares, y ofrece una rara oportunidad de verlos fácilmente a pocos minutos de la capital..
La primera vez que fui a ver a los bonobos fue hace 3 años, en 2005, y éramos un grupo de unos 10 armados con cámaras fotográficas y plátanos. Los bonobos debían estar aburridos y juguetones, así que se pasaron el rato haciéndonos gestos desde detrás de la valla, pidiendo que les estrecháramos la mano, etc. Tuve la sensación de que los observados éramos nosotros, y que los que estaban fuera de la valla y no dentro eran ellos, riéndose a costa nuestra. Mientras un bonobo se comía un plátano, muy consciente de la atención que le estábamos brindando, los demás intentaban captar la atención para que les hiciéramos fotos. En un visto y no visto, la cámara digital de mi amiga Melanie cayó en manos de un bonobo que no sé cómo había pasado el brazo a velocidad del rayo por uno de los pequeñísimos agujeros de la valla. Sobra decir que jamás recuperó su cámara, ya que era de color brillante y el bonobo estaba muy satisfecho con su botín: le sacó la batería, la tarjeta de memoria, estiró el zoom, apretó todos los botones, se la puso delante de la cara imitando nuestros gestos al hacer fotos.... y cuando se cansó mucho rato más tarde la lanzó a una charca..
Sin embargo no son las aficiones cleptómanas de los bonobos lo que les han dado fama, sino su pasión por el sexo de todo tipo como transacción cotidiana y como mecanismo para evitar los conflictos. Vamos, que les encanta pasar el rato tocándose a ellos mismos, unos a otros, lamiéndose, copulando y haciendo guarrerías de todo tipo..
Durante esta visita, como hacía muchísimo calor, no los vi muy activos. Los bonobos que vimos estaban todos tumbados con aire perezoso tomándose una siesta. Dos pequeñines se daban bofetadas el uno al otro sin demasiadas ganas, y una bonoba se limpiaba las uñas de los pies. Los más listos habían conseguido robarse unas botellas de plástico de los visitantes y las rellenaban en una especie de piscina y se echaban el agua por la cabeza. Después se fueron todos a bañarse..
Para los que quieran ver fotos de esta última visita, he colgado algunas aquí. Y para los que quieran fotos más profesionales, la revista Time publicó hace poco un reportaje fotográfico muy bueno sobre los bonobos.
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Además de la tranquilidad, Kauaʻi tiene otros grandes atractivos para mí mayores que los de las otras islas principales: el cañón de Waimea y la costa de Nā Pali. Tan sólo por estos dos parques, ya vale la pena ir hasta Hawái, aunque haya que caminar bastante (sobretodo en el segundo caso). No en vano, en la isla de Kaua'i se han rodado escenas de varias películas exóticas, como Indiana Jones en busca del arca perdidad, Parque Jurásico o Seis días y siete noches. En cuánto pueda colgaré fotos..
Y por si todo esto no bastara, Kauaʻi aún tiene otra particularidad más: una población de gallináceos salvajes (es un decir) que superan con creces la población humana de la isla. Corretean a su aire por todas partes: al borde de la carretera, en los aparcamientos, en los campos de golf, en los jardines de las casas y los hoteles, en las playas y en los lugares turísticos. ¡Incluso al borde del cañón de Waimea! Si al pasear por cualquier sendero ves un arbusto que se mueve, que no cunda el pánico ya que lo más seguro es que no se trate ni de serpientes ni bichos raros, sino de una simple gallina..
Todo esto, como es de imaginar, tiene la consecuencia nada agradable de ser despertado cada mañana a horas intempestivas por los cacareos de los gallos vagabundos de turno. Y es que todo lo bueno parece tener su reverso, y en el caso de Kaua'i son los gallináceos descontrolados..
Durante toda mi estancia en Kauaʻi estuve preguntándome de donde habían salido todos esos gallos y gallinas callejeros, si pertenecían a alguien o qué comían, hasta que consulté a la gran Wikipedia y me enteré de hay dos teorías para explicar la extraña profusión de estas aves: una dice que un gran huracán que tuvo lugar en 1992 destrozó una granja de pollos dejándolos libres y se esparcieron por toda la isla; la otra dice que fueron los trabajadores de las plantaciones de azúcar que los trajeron a finales del siglo XVIII para criarlos como comida y a lo largo de los años algunos se liberaron y multiplicaron. Sea como fuere, hoy Kauaʻi es un gran corral y no la isla perfecta que podría ser.
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Cada año, las ballenas rorcuales nadan casi 5000 quilómetros desde Alaska hasta Hawái para pasar el invierno más calentitas (tontas no son), para dar a luz a sus bebés y amamantarlos. Y como están ya acostumbradas a la expectación que generan entre los turistas, se las puede ver desde bastante cerca, ya sea desde el mar en uno de los múltiples paquetes turísticos, o desde las carreteras que vorean la costa. Los mejores lugares para verlas son los pasajes entre las distintas islas, sobretodo en la parte oeste de Maui que es donde las vi yo..
Y no sé si es por satisfacer al público o por qué, a las ballenas les gusta hacer piruetas fuera del agua, o sacar sólo las aletas como saludando (una o las dos como aplaudiendo). La ballena que vi le estaba enseñando a su ballenato unos cuantos saltitos y resultó de lo más entretenido, aunque tan pequeñín parecía un pescado más y no una ballena..
Consejo para los que quieran dedicarse a avistar ballenas algún día: se las ve enseguida desde lejos por los chorros de agua que lanzan al respirar, como surtidores en medio del mar.
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Si tienes un perro probablemente ya te habrás dado cuenta de que eres su sirviente, y atiendes a cada uno de sus deseos. Pero ¿sabías que esto forma parte de un plan mucho más grande para hacerse los amos del mundo entero?.
Más información en Obey the pure breed (obedece al pura raza). Ahora entiendo porque los perros viven tan bien en California...