Durant tres setmanes, vaig viatjar sol, d'una banda i a l'altra d'Europa. Vaig fer servir l'autobús i el tren, principalment; sempre amb la guia a les mans. (...) Al cap de la primera setmana, però, vaig adonar-me que m'havia equivocat. No era que Europa no fos un continent bonic... de fet, tot era una mica com m'ho havia imaginat. Només que no era 'meu'. Em vaig sentir com si estés visquent una aventura romàntica per compte d'altri. La meva història inacabada es va interposar entre la meva mirada i els llocs que vaig visitar, com si fos una gran vidriera. Vaig començar a sospitar que la meva parada a Europa era en realitat un més dels ajornaments que jo mateix m'havia anat posant al camí abans d'enfrontarme al meu vell pare. (...) Seria aquest viatge a Kenia allò que ompliria la meva buidor? Els meus amics de Chicago així ho creien. Seria com a Roots (Raíces), un pelegrinatge. Per a ells, també per a mi, Àfrica era una idea més que un lloc real, una nova terra promesa, plena de tradicions ancestrals i paisatges increïbles, lluites nobles i tambors llunyans. Amb el benefici de la distància, ens miràvem Àfrica amb una emoció selectiva, el mateix tipus d'emoció que jo potser deparava al meu pare. Què podia passar un cop superada la distància que ens separava d'aquella idea? M'agradava pensar que la llibertat em faria lliure, però... i si m'equivocava? Què passaria si la veritat em decepcionava i la mort del meu pare no significava res? I si l'únic que em lligava a ell o a l'Àfrica era un nom, un tipus de sang, el menyspreu d'un home blanc?
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Llegiu la resta de la història a l'Àlbum de Retalls.
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Como el viernes madrugué mucho, me sobraron un par de horas antes de coger el tren de vuelta a mi ciudad de las provincias, así que decidí ir a dar una vuelta por el barrio de Gracia. Gracia es un barrio que también me gusta mucha, y más ahora que los barrios más centrales están totalmente turistificados. No sólo tiene los mejores shawarmas de Barcelona, sino también uno de los únicos dos multisalas en versión original de la ciudad. Y también una librería de segunda mano que me encanta, además de una muy buena horchatería..
A medida que paseaba por las callejuelas y placitas de Gracia fui sacando más y más fotos con mi cámara de bolsillo y, casi sin darme cuenta, acabé con un álbum bastante decente. Por si a alguien le interesa, aquí podéis ver la selección de las fotos de ese paseo.
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Hoy justamente he leído en el blog Entre los simios un post sobre una reciente campaña para prohibir el uso de bolsas de plástico en Cataluña (y cuya propuesta oficial llegó al Parlamento catalán el pasado 1 de octubre). En su díptico informativo (en catalán) dice que en Cataluña se usan y tiran unos 14 millones de bolsas de plástico por semana, que representan unas 110.000 toneladas al año. Y su descomposición tarda, no lo olvidemos, entre 400 y 1000 años..
Me parece del todo loable que San Francisco, Cataluña u otras partes del mundo adopten legislaciones más restrictivas con el uso indiscriminado de bolsas de plástico desechables. Es un gasto innecesario y nocivo para el medio ambiento que hay que regular, al igual que el embalaje excesivo de los productos. Sin embargo, simplemente prohibir su uso no es una solución mágica para acabar con el problema de la contaminación y el impacto ecológico de las bolsas de la compra. Tal como comenta este blog, según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.
Para mí la prohibición de las bolsas de plástico debe ir acompañada de un cambio de conciencia y de costumbres de la población hacia el consumismo y las bolsas de la compra en particular (sean del material que sean). Por ejemplo, ahora que las bolsas de plástico están prohibidas en los supermercados la gente pide dos bolsas de papel con cada compra "por si se rompen". O si voy al mercado a comprar frutas y verduras, puedo ponerlas todas juntas en un carrito o en un cesto en lugar de cada cosa en una bolsa separada. Las leyes ayudan a cambiar las malas costumbres, pero por si solas no bastan.
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Por eso finalmente, en un arrebato de sensatez seguramente producido por la edad (ay), he decidido tener un domicilio fijo. Así que hace un poco más de una semana volví a San Francisco y decidí quedarme de manera más o menos permanente. Aún no tengo trabajo, pero de momento estoy encantada (ya veremos por cuánto tiempo van a durar mis ansias de estabilidad)..
Por cierto, la foto del escenario californiano que ilustra este post es de las fiestas de Gràcia de Barcelona durante las cuales las calles del barrio compiten por conseguir el premio a la mejor decoración. Y aquí tenéis algunas fotos más.
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Jamás había estado porque el fútbol no me interesa demasiado y también porque la entrada para visitar el campo y el museo del Barça cuesta 11'5 euros del ala, y francamente me pareció más pequeño que en la tele. Como habría dicho aquel personaje de la serie Oh Europa, me lo imaginaba más grande. Como me dijo mi madre después, quizás habría pagado el precio de la entrada si eso incluyera una ojeadita a los ambdominales de los jugadores cambiándose en los vestuarios (sólo pueden visitarse vacíos, una lástima, y también son muy pequeños)..
Sin embargo, a pesar de la falta de jugadores con poca ropa y de que el fútbol me parece un deporte excesivamente nacionalista (del peor tipo de nacionalismo) e incluso racista, me hizo gracia verlo en vivo y en directo después de haberlo visto en la tele tantísimas veces. Y además, como el club dona una pasta a Unicef, la Fundación del Barça ese día inauguraba una exposición fotográfica sobre niños de Suazilandia del fotógrafo Pep Bonet al que conocí en Bukavu hace más de un año. Os recomiendo que hagáis la visita virtual de la exposición aquí, vale la pena.
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1) 17:20 - El obrero protagonista, al que llamaremos Curro, cansado de un largo día de trabajo, coje el gancho de la grúa y se dispone a mover un par de cositas en su zona de trabajo..
2) 17:33 - Después de pasar un buen rato haciendo el nudo de la cuerda, Curro empieza a mover con algunos problemas un cachirulo de granito unos 2 metros hacia su izquierda..
3) 17:37 - El operador de grúa, al que llamaremos Chema, no parece entender muy bien las instrucciones de Curro, pero finalmente consigue mover el cachirulo donde su compañera quería..
4) 17:49 - Después de una pequeña pausa para recuperarse del esfuerzo, Curro vuelve a buscar algunos cachirulos más para trasladar. Pasa un buen rato escogiendo los que más le gustan..
5) 17:55 - Finalmente escoge dos y, de nuevo con algunos problemas para atarlos a la cuerda, los engancha a la grúa. Chema empieza a moverlos..
6) 18:03 - Curro gesticula para decir algo que Chema no parece entender. Mientras intenta que entienda sus instrucciones, los cachirulos se balancean en el aire..
7) 18:08 - Llega el supervisor de Curro a ver qué pasa y éste pasa varios minutos explicándole la situación. Los dos gesticulan ampliamente y parece que la tensión crece hasta que en un momento dado Curro se golpea el pecho a modo de gorila..
8) 18:20 - Parece que Curro y su supervisor se han puesto de acuerdo en algo y Curro vuelva a dar instrucciones a Chema en la grúa, mientras el supervisor supervisa la operación..
9) 18:22 - Finalmente Curro y su supervisor observan con satisfacción como los cachirulos suben hacia otra zona de las obras donde se encuentran sus colegas..
10) 18:26 - Los cachirulos de granito llegan a su destino. Bravo!
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El fin de semana lo pasé en casa durmiendo, leyendo o escribiendo. En silencio. Y es que había olvidado ya el placer del silencio, de poder oir tus propios pensamientos, tus latidos. Pararte y observar el tiempo. Cerrar los ojos y dormir un sueño profundo, blanco..
No solo eché de menos el silencio, sino muchas otras cosas, me doy cuenta cada día más. Y también echo de menos cosas de allí..
Muchas cosas pequeñas, como el olor de las frutas maduras o los colores vistosos. Aquí todo es oscuro, gris, marrón, negro..
El orden. Los semáforos, el transporte público, las reglas y los horarios. Todo sigue una pauta y sabes qué puedes esperar de cada cosa y cada situación..
El frío. Envolverme en mi larguísima bufanda de lana blanca, enrollada varias veces alrededor del cuello y mi nariz calentita debajo. El gorro tapándome las orejas, y las manos en los bolsillos, un caramelo en uno y las llaves de casa en el otro. Qué gusto pasear por las calles ahí debajo, como una tortuga en su caparazón, protegida y sin ser reconocida..
Y al pasear por las calles nadie si fija en mí. Nadie viene a pedirme cosas o a contarme alguna historia, ni siquiera nadie me mira. El placer del anonimato, de pasar horas sin cruzar palabra con nadie. Casi invisible..
La música. El baile. Lo público y lo privado. Sabes dónde encontrar ésto o aquéllo, dónde comprar, dónde tomar una copa o dónde bailar..
En el Congo puedes hacer de todo en cualquier parte, de cualquier manera y a cualquier hora. Para bien o para mal.