de vuelta a mi ciudad

16 08 2009
 
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En realidad no sé si llamarla mi ciudad ya que, como he dicho otras veces, yo me siento más extranjera del mundo que otra cosa (y parece que no soy la única). Pero cada vez lo parece más, a pesar de los absurdos y excesivos controles de fronteras (sólo os diré una cosa: qué tranquilidad esta vez sin llevar embutidos en la maleta, aunque lo compensé con una fregona completita con su palo y todo).

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Vuelvo a estar en San Francisco en mi apartamento de ladrillo rojo del 1909, también pintado de paredes rojas en el salón. Pero por pocos días ya que en menos de dos semanas me espera otro largo viaje (y más divertidos controles de fronteras) a Sudáfrica donde me han invitado a una conferencia sobre periodismo digital.

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Y vuelvo a disfrutar del arte callejero, del ambiente internetero (incluso en el arte callejero) y de los tropecientos mil restaurantes que ofrece la ciudad. Lo único que no disfruto ya es la enormidad de la distancia, no tan sólo física sino horaria y mental que hay hasta aquí. Aunque ayer tuve la ocasión de conocer a dos tuiteros catalanes muy majetes con los que me lo pasé muy bien pontificando sobre la vida americana y la muerte de la prensa escrita.
de vuelta a mi ciudad
Visto en una acera de mi barrio (foto sacada de este álbum de fotos).

el aeropuerto de San Francisco

Acabo de llegar a España después de las preceptivas 24 horas de viaje que, entre una cosa y otra, suele requerir venir desde la costa oeste americana. Esta vez, quizás porque tuve que hacer colas interminables que me obligaron a entretenerme mirando las musarañas, me he dado cuenta de que el aeropuerto de San Francisco es uno de mis favoritos. Aunque es bastante pequeño y no tiene nada espectacular, ni tiene demasiadas conexiones internacionales, tiene una personalidad que me gusta. De hecho, creo que lo que más me gusta es que hace también la función de museo con arte expuesto en la sala de espera de cada puerta de embarque, además de exposiciones temporales en los pasillos, mostradores de registros y zonas comunes. Así cada vez que viajas puedes culturizarte con una exposición distinta.

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Esta vez, por ejemplo, me llamó la atención una exposición de un centenar de máscaras de un artesano de la tribu Igbo de Nigeria llamado Ugbozo Ozooha-Aga of Obiama y que fueron recopiladas en 1945. Esto me recuerda que un día de estos tendré que hablar de mi propia colección de máscaras congoleñas compradas en el mercadillo de artesanía de Kinshasa, seguramente copias baratas de máscaras conocidas pero que me encantan.
el aeropuerto de San Francisco

secamanos ultrarápido

24 07 2009
 
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Ayer me llamó la atención algo fuera de lo común en los lavabos de San Francisco: un secamanos de aire ultrarápido que te deja las manos completamente secas en unos 10 segundos. Se llama Dyson Airblade y, a juzgar por la cantidad de vídeos que hay en YouTube, no soy la única a la que le ha hecho gracia. Y es que aparte de su eficacia y rapidez, el hecho de que tengas que meter las manos dentro le da un cierto toquecillo futurista.

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Nunca me han gustado los secamanos de aire, especialmente los viejos que hacen un ruido infernal y te secan las manos en varios minutos que se hacen eternos. En Estados Unidos apenas me los encuentro nunca en los servicios públicos, casi siempre hay toallitas de papel (que tampoco me gustan por la basura que generan). Pero tengo que decir que este cacharrito me impresionó, y según su página web, sólo usa un 80% menos de electricidad que los otros.
secamanos ultrarápido

Michael Jackson en las calles de San Francisco

Como ya sabe todo bicho viviente, hace dos días que murió Michael Jackson y desde entonces YouTube está saturado por los millones de personas que están revisitando los videoclips de su carrera, y a todas horas oigo coches pasar bajo mi ventana con Billie Jean o Thriller a todo volumen. Además, según parece varias ciudades han estado rindiendo homenajes callejeros al muerto con bailes improvisados en lugares concurridos. San Francisco, capital de los flashmobs donde las haya, no podía ser menos. Así que ayer un centenar de personas se reunieron en la plaza delante del Ferry Building y se hartaron a bailar durante horas. Qué mejor manera de despedir a alguien (quién quiere aburrirse en un triste funeral).

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bayas ad infinitum

20 06 2009
 
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Es temporada de fresas y (por fin) están buenas. Así que durante una reciente excursión al campo vi montones de paradas improvisadas a pie de carretera vendiendo ricas fresas de las granjas de los alrededores a precio de ganga. A la vuelta me paré en una a comprar la caja más grande que tenían y decidí probar también unas bayas (berries en inglés) que tenían buena pinta llamadas boysenberries. Me extrañó no haber oído nombrar nunca esta variedad de baya, así que al llegar a casa busqué más datos en la santa Wikipedia y me enteré de que es un cruce entre una frambuesa y una mora del Pacífico. Entonces me acordé de que días atrás alguien me había regalado un bote de mermelada de una baya aún más rara: olallieberry. Y busqué también más datos.

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Hay que decir que en Estados Unidos hay una variedad impresionante de bayas de todo tipo, nada que ver en absoluto con la escasa oferta de nuestras latitudes. Además, a la gente les encantan las mermeladas, tartas y postres de bayas. Por ejemplo, una de las más habituales y la favorita de más de uno es la blueberry. En cambio aquí, donde se llama arándano azul, no lo he visto jamás en ningún lado.

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Pues bien, volviendo a la olallieberry: es una baya que se encuentra prácticamente sólo en California y que es un cruce creado en 1935 entre la loganberry y la youngberry. Ah, pero ¿qué es una loganberry o una youngberry, me pregunté? Resulta que la loganberry es un cruce (creado por un tal Logan, como su nombre indica) entre la mora y la frambuesa, y la youngberry es un cruce entre la mora y la zarza pajarera (dewberry). ¡Menudo dolor de cabeza! Por eso la santa Wikipedia ofrece un gráfico explicativo para no perderse.

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Pero por si todo eso no fuese suficiente, descubro que la olallieberry a su vez también ha sido cruzada con la mora de Chehalem dando como resultado la Marionberry que parece ser la mora más común que se vende en Estados Unidos. Sobra decir que la mora de Chehalem era a su vez también un cruce entre otras variedades que también eran cruces. Y así hasta el infinito. Y es que he descubierto que en la página de las bayas (berries) de la Wikipedia se pueden matar unas cuantas horas aprendiendo palabras nuevas.
bayas ad infinitum
Cesto de bayas llamadas boysenberries (no encontré traducción)

San Francisco en Star Trek

Como nunca he visto ni un sólo episodio de las varias series de Star Trek, pues no tenía ni idea de que el cuartel general de la Flota Estelar de la Federación se encuentra en San Francisco, así como el Consejo de la Federación y otros edificios, restaurantes o bares que aparecen en la serie. Realmente no sé porqué nunca me enganché a esta serie, ya que la película me gustó y me encanta la ciencia ficción en general.

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Después de ver la película y de descubrir el papel de San Franciso en Star Trek, me fui a San Google y encontré esta maravillosa página que detalla la historia de la ciudad en la serie y todas sus apariciones incluyendo algunas fotos como ésta de aquí abajo. Por si alguien es fan de la serie, o simplemente le gusta rastrear los escenarios de las películas, me pareció de lo más curioso detectar la ubicación de algunas fotos y leer sobre la historia futura de San Francisco. Por ejemplo, me hizo gracia enterarme de que en la misma ciudad que en 1945 se firmó la Carta de las Naciones Unidas, en 2161 se firmó la carta fundacional de la Federación Unida de los Planetas, o que en 2286 el almirante Kirk viajó a través del tiempo hasta 1986 para recuperar dos ballenas de Sausalito.

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Ya sé a qué serie me voy a enganchar después de acabar la última temporada de The Wire hace un par de días...
San Francisco en Star Trek
Foto sacada de Memory Alpha

el callejón de los murales

Estas dos últimas semanas no he escrito casi nada ya que he tenido sendas visitas de las que cuidar (y además durmiendo en la sala de estar/comedor que también sirve de doble oficina, poco espacio personal me quedaba). La última se marchó ayer dejando un halo de melancolía al pasar por la puerta, después de cuatro días de buen humor y canturreos a todas horas. En esta vida transatlántica mía en la que las amistades se han forjado en la ausencia y en la que a menudo la enormidad de las distancias pesa en el alma, estos días de espacios y presencias compartidas han sido como un día de sol después de un largo invierno.

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Durante uno de los paseos turísticos a los que me he dedicado estos días, nos entretuvimos fotografiando un callejón que está totalmente cubierto de murales de varios artistas. El callejón, que está en el barrio bohemio de la Misión, se llama Clarion y es realmente impresionante. Uno de los murales recogía un poema de Daisy Zamora, una escritora nicaragüense que desconocía, tanto en el idioma original como en traducción al inglés y al árabe. Me pareció precioso y me dejó pensativa un rato:
Cuando regresemos a nuestra antigua tierra

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que nunca conocimos

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y platiquemos de todas esas cosas

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que nunca han sucedido

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caminaremos llevando de la mano niños

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que nunca han existido

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escucharemos sus voces y viviremos

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esa vida de la que tanto hablamos

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y nunca hemos vivido

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Más fotos del callejón de los murales aquí.
el callejón de los murales
Poema de Daisy Zamora visto en la calle Clarion de San Francisco.

panqueques para todos

19 04 2009
 
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Como los lectores habituales de este blog ya saben, una de las tradiciones dominicales a las que me he aficionado en mi vida americana es comer panqueques (para los no iniciados, una especie de crêpes, pero mucho más gordas y esponjosas). Aquí lo más habitual es comerlos con jarabe de arce o mermeladas de frutas, pero a mí como más me gustan es con nocilla (aquí nutella) y plátano, o con nocilla y nata, o si me siento muy exuberante las dos cosas y nueces como guinda.

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Cuando os confesaba mi pasión por los panqueques acabada de descubrir os decía que aún no había descifrado la receta en sistema métrico, cosa que ya resolví rápidamente gracias a las dotes científico-culinarias de mi talentosa media mandarina. La referencia en el blog de Marcoiris de los brunch que se pega los domingos, con panqueques incluidos, me hizo recordar que os debía la receta. Así que ahí va:

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Ingredientes

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250ml de leche

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130g de harina

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30g de azúcar

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10-12g de levadura

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un pellizco de sal

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45ml de aceite vegetal (de girasol, por ejemplo)

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1 huevo

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un poquito de mantequilla

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Preparación

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Se mezcla la harian y la levadura, y después la leche, el huevo y el aceite. Los ingredientes líquidos deben irse añadiendo poco a poco, mientras se va mezclando la masa con una espátula.

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En una sartén anti-adherente derretiremos un poquito de mantequilla. Cuando la sartén esté caliente echaremos un chorro de masa a la que daremos una forma circular. Girar cuando esté doradita y repetir la operación. Normalmente salen entre 6 y 10 panqueques bien regordetes, dependiendo del tamaño claro.

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¡Que aproveche! (ya me contaréis, no miro a nadie...)
panqueques para todos
Arriba: montoncito de panqueques acabados de hacer; Abajo: panqueque con nocilla, plátano, nata y nueces que me he zampado esta mañana. Ñam, ñam.

cambio de marquesina

¿Os acordáis de esta marquesina con mensaje filosófico que tiene una gasolinera de mi barrio? Pues bien, tal y como os contaba, cada tanto el propietario cambia la frase y el otro día cuando pasé por allí había ésta otra que dice (traducción libre):
También hace falta un pueblo entero para mantener a los adultos en el buen camino

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La frase hace referencia a una conocida frase americana, que la mitología popular dice que originalmente es un proverbio africano, que dice:
Hace falta un pueblo entero para educar a un solo niño

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O en inglés: it takes a village to raise a child.

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Cada vez tengo más ganas de conocer al propietario de la gasolinera...
cambio de marquesina

mi colada tiene derechos

Ya he comentado más de una vez que Estados Unidos es el país de las contradicciones. Es, por ejemplo, el país donde los derechos individuales están sublimados por encima del bien colectivo, y donde paseando por cualquier lugar (tanto en el campo como en la ciudad) te encuentras con carteles diciendo Private Property, No trespassing! (Propiedad privada, no pasar), pero también el país donde algo tan tonto como colgar la colada a secar al sol está prohibido para millones de americanos. Por antiéstetico, y por recordar épocas pasadas más humildes y menos desarrolladas tecnológicamente.

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Cuando me acababa de mudar aquí me di cuenta de que en las ciudades no hay absolutamente nadie que tienda la ropa, sino que todo el mundo usa secadoras. Primero pensé que era por la desoladora falta de balcones en la arquitectura urbana americana, pero enseguida me di cuenta de que era algo cultural. Por ejemplo, si no fuera por el Ikea, me habría costado un huevo encontrar el típico tendedero plegable que en España hay en cada casa, y las pocas veces que alguna visita lo ha visto en acción ha causado gran sorpresa. Pero en los barrios residenciales de los suburbios o en los pueblos y ciudades pequeñas donde todo el mundo tiene jardín, la situación es más o menos la misma. Es muy poco habitual ver ropa tendida en ningún lugar, ni que sea en medio del desierto de Arizona a 40 grados a la sombra.

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Esta fobia a la ropa tendida incluso en barrios con amplios patios y jardines y vallas entre casa y casa, e incluso en zonas de clima caluroso como California, me ha parecido siempre una incongruencia incomprensible e inaceptable. Este artículo del Wall Street Journal explica que en la América de la posguerra los elecrodomésticos fueron abrazados como símbolo de progreso y clase media, y tender la ropa al sol da la impresión de pobre, de no poder permitirse tener una secadora, y por lo tanto devalúa el vecindario. Porque nadie quiere tener vecinos pobres que den mala imagen al barrio.

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Aunque las secadoras representan el 6% del total de la energía eléctrica consumida en un hogar americano (un poco menos que las neveras, que están encendidas a todas horas), nada más ni nada menos que 60 millones de personas viven bajo las dictatoriales reglas de más de 300.000 asociaciones de vecinos llamadas Homeowners Associations, y casi todas prohíben secar la colada al sol entre otras cosas (como por ejemplo los colores permitidos para pintar la fachada o la puerta del garaje). Y es que el principal objetivo de estas asociaciones es velar por la harmonía del barrio, sobretodo para que no baje el valor de la propiedad.

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Pues bien, parecer ser que cada vez hay más gente cansada de la absurda tiranía de estas asociaciones y hace un par de años ha cobrado fuerza un movimiento de gente con sentido común llamado Right to Dry (derecho a secar), abogando por el retorno a la tradicional colada al sol. La razón principal para apoyar el movimiento es obvia, ahorrar energía innecesaria. Pero en la web ofrecen unas cuantas razones más por si a alguien no le pareciese suficiente el beneficio económico y medioambiental del ahorro de energía. Las que me ha hecho más gracia han sido: consituye un ejercicio físico moderado y es una experiencia al aire libre que es meditativa y refuerza la comunidad. Ya lo sabéis, para qué ir al gimnasio o a hacer yoga cuando simplemente podéis salir a la terraza a tender la ropa.

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Una de las geniales campañas actuales del movimiento Right to Dry está intentando convencer a la Casa Blanca para que cuelgue un tendedero exterior en sus jardines, para (cito textualmente):
Dar un mensaje a nuestra nación y al mundo de que secar la ropa en tendederos es patriótico, bello y tendría que ser fomentado cuando y donde sea posible, ayudando a eliminar los estatutos comunitarios y regulaciones que prohíben los tendederos
mi colada tiene derechos
En algunas partes del mundo la gente tiende la colada sobre los arbustos, o directamente sobre el césped, ya que no pueden permitirse comprar cuerda de tender.
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