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Vuelvo a estar en San Francisco en mi apartamento de ladrillo rojo del 1909, también pintado de paredes rojas en el salón. Pero por pocos días ya que en menos de dos semanas me espera otro largo viaje (y más divertidos controles de fronteras) a Sudáfrica donde me han invitado a una conferencia sobre periodismo digital..
Y vuelvo a disfrutar del arte callejero, del ambiente internetero (incluso en el arte callejero) y de los tropecientos mil restaurantes que ofrece la ciudad. Lo único que no disfruto ya es la enormidad de la distancia, no tan sólo física sino horaria y mental que hay hasta aquí. Aunque ayer tuve la ocasión de conocer a dos tuiteros catalanes muy majetes con los que me lo pasé muy bien pontificando sobre la vida americana y la muerte de la prensa escrita.
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Esta vez, por ejemplo, me llamó la atención una exposición de un centenar de máscaras de un artesano de la tribu Igbo de Nigeria llamado Ugbozo Ozooha-Aga of Obiama y que fueron recopiladas en 1945. Esto me recuerda que un día de estos tendré que hablar de mi propia colección de máscaras congoleñas compradas en el mercadillo de artesanía de Kinshasa, seguramente copias baratas de máscaras conocidas pero que me encantan.
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Nunca me han gustado los secamanos de aire, especialmente los viejos que hacen un ruido infernal y te secan las manos en varios minutos que se hacen eternos. En Estados Unidos apenas me los encuentro nunca en los servicios públicos, casi siempre hay toallitas de papel (que tampoco me gustan por la basura que generan). Pero tengo que decir que este cacharrito me impresionó, y según su página web, sólo usa un 80% menos de electricidad que los otros.
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Hay que decir que en Estados Unidos hay una variedad impresionante de bayas de todo tipo, nada que ver en absoluto con la escasa oferta de nuestras latitudes. Además, a la gente les encantan las mermeladas, tartas y postres de bayas. Por ejemplo, una de las más habituales y la favorita de más de uno es la blueberry. En cambio aquí, donde se llama arándano azul, no lo he visto jamás en ningún lado..
Pues bien, volviendo a la olallieberry: es una baya que se encuentra prácticamente sólo en California y que es un cruce creado en 1935 entre la loganberry y la youngberry. Ah, pero ¿qué es una loganberry o una youngberry, me pregunté? Resulta que la loganberry es un cruce (creado por un tal Logan, como su nombre indica) entre la mora y la frambuesa, y la youngberry es un cruce entre la mora y la zarza pajarera (dewberry). ¡Menudo dolor de cabeza! Por eso la santa Wikipedia ofrece un gráfico explicativo para no perderse..
Pero por si todo eso no fuese suficiente, descubro que la olallieberry a su vez también ha sido cruzada con la mora de Chehalem dando como resultado la Marionberry que parece ser la mora más común que se vende en Estados Unidos. Sobra decir que la mora de Chehalem era a su vez también un cruce entre otras variedades que también eran cruces. Y así hasta el infinito. Y es que he descubierto que en la página de las bayas (berries) de la Wikipedia se pueden matar unas cuantas horas aprendiendo palabras nuevas.
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Después de ver la película y de descubrir el papel de San Franciso en Star Trek, me fui a San Google y encontré esta maravillosa página que detalla la historia de la ciudad en la serie y todas sus apariciones incluyendo algunas fotos como ésta de aquí abajo. Por si alguien es fan de la serie, o simplemente le gusta rastrear los escenarios de las películas, me pareció de lo más curioso detectar la ubicación de algunas fotos y leer sobre la historia futura de San Francisco. Por ejemplo, me hizo gracia enterarme de que en la misma ciudad que en 1945 se firmó la Carta de las Naciones Unidas, en 2161 se firmó la carta fundacional de la Federación Unida de los Planetas, o que en 2286 el almirante Kirk viajó a través del tiempo hasta 1986 para recuperar dos ballenas de Sausalito..
Ya sé a qué serie me voy a enganchar después de acabar la última temporada de The Wire hace un par de días...
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Durante uno de los paseos turísticos a los que me he dedicado estos días, nos entretuvimos fotografiando un callejón que está totalmente cubierto de murales de varios artistas. El callejón, que está en el barrio bohemio de la Misión, se llama Clarion y es realmente impresionante. Uno de los murales recogía un poema de Daisy Zamora, una escritora nicaragüense que desconocía, tanto en el idioma original como en traducción al inglés y al árabe. Me pareció precioso y me dejó pensativa un rato:Cuando regresemos a nuestra antigua tierra.
que nunca conocimos.
y platiquemos de todas esas cosas.
que nunca han sucedido.
caminaremos llevando de la mano niños.
que nunca han existido.
escucharemos sus voces y viviremos.
esa vida de la que tanto hablamos.
y nunca hemos vivido
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Más fotos del callejón de los murales aquí.
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Cuando os confesaba mi pasión por los panqueques acabada de descubrir os decía que aún no había descifrado la receta en sistema métrico, cosa que ya resolví rápidamente gracias a las dotes científico-culinarias de mi talentosa media mandarina. La referencia en el blog de Marcoiris de los brunch que se pega los domingos, con panqueques incluidos, me hizo recordar que os debía la receta. Así que ahí va:.
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250ml de leche.
130g de harina.
30g de azúcar.
10-12g de levadura.
un pellizco de sal.
45ml de aceite vegetal (de girasol, por ejemplo).
1 huevo.
un poquito de mantequilla.
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Se mezcla la harian y la levadura, y después la leche, el huevo y el aceite. Los ingredientes líquidos deben irse añadiendo poco a poco, mientras se va mezclando la masa con una espátula..
En una sartén anti-adherente derretiremos un poquito de mantequilla. Cuando la sartén esté caliente echaremos un chorro de masa a la que daremos una forma circular. Girar cuando esté doradita y repetir la operación. Normalmente salen entre 6 y 10 panqueques bien regordetes, dependiendo del tamaño claro..
¡Que aproveche! (ya me contaréis, no miro a nadie...)
También hace falta un pueblo entero para mantener a los adultos en el buen camino
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La frase hace referencia a una conocida frase americana, que la mitología popular dice que originalmente es un proverbio africano, que dice:Hace falta un pueblo entero para educar a un solo niño
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O en inglés: it takes a village to raise a child..
Cada vez tengo más ganas de conocer al propietario de la gasolinera...
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Cuando me acababa de mudar aquí me di cuenta de que en las ciudades no hay absolutamente nadie que tienda la ropa, sino que todo el mundo usa secadoras. Primero pensé que era por la desoladora falta de balcones en la arquitectura urbana americana, pero enseguida me di cuenta de que era algo cultural. Por ejemplo, si no fuera por el Ikea, me habría costado un huevo encontrar el típico tendedero plegable que en España hay en cada casa, y las pocas veces que alguna visita lo ha visto en acción ha causado gran sorpresa. Pero en los barrios residenciales de los suburbios o en los pueblos y ciudades pequeñas donde todo el mundo tiene jardín, la situación es más o menos la misma. Es muy poco habitual ver ropa tendida en ningún lugar, ni que sea en medio del desierto de Arizona a 40 grados a la sombra..
Esta fobia a la ropa tendida incluso en barrios con amplios patios y jardines y vallas entre casa y casa, e incluso en zonas de clima caluroso como California, me ha parecido siempre una incongruencia incomprensible e inaceptable. Este artículo del Wall Street Journal explica que en la América de la posguerra los elecrodomésticos fueron abrazados como símbolo de progreso y clase media, y tender la ropa al sol da la impresión de pobre, de no poder permitirse tener una secadora, y por lo tanto devalúa el vecindario. Porque nadie quiere tener vecinos pobres que den mala imagen al barrio..
Aunque las secadoras representan el 6% del total de la energía eléctrica consumida en un hogar americano (un poco menos que las neveras, que están encendidas a todas horas), nada más ni nada menos que 60 millones de personas viven bajo las dictatoriales reglas de más de 300.000 asociaciones de vecinos llamadas Homeowners Associations, y casi todas prohíben secar la colada al sol entre otras cosas (como por ejemplo los colores permitidos para pintar la fachada o la puerta del garaje). Y es que el principal objetivo de estas asociaciones es velar por la harmonía del barrio, sobretodo para que no baje el valor de la propiedad..
Pues bien, parecer ser que cada vez hay más gente cansada de la absurda tiranía de estas asociaciones y hace un par de años ha cobrado fuerza un movimiento de gente con sentido común llamado Right to Dry (derecho a secar), abogando por el retorno a la tradicional colada al sol. La razón principal para apoyar el movimiento es obvia, ahorrar energía innecesaria. Pero en la web ofrecen unas cuantas razones más por si a alguien no le pareciese suficiente el beneficio económico y medioambiental del ahorro de energía. Las que me ha hecho más gracia han sido: consituye un ejercicio físico moderado y es una experiencia al aire libre que es meditativa y refuerza la comunidad. Ya lo sabéis, para qué ir al gimnasio o a hacer yoga cuando simplemente podéis salir a la terraza a tender la ropa..
Una de las geniales campañas actuales del movimiento Right to Dry está intentando convencer a la Casa Blanca para que cuelgue un tendedero exterior en sus jardines, para (cito textualmente):Dar un mensaje a nuestra nación y al mundo de que secar la ropa en tendederos es patriótico, bello y tendría que ser fomentado cuando y donde sea posible, ayudando a eliminar los estatutos comunitarios y regulaciones que prohíben los tendederos
