lo que se aprende en África

28 08 2008
 
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Como no tengo tele, no vi el primer programa de Exiled (Exiliada) en MTV hace unos días, sino que me enteré del estreno de la serie a través del blog Africa is a country (África es un país). Parece ser que hace un par de años la MTV hizo un reality show titulado My Super Sweet 16 (Mis súper dulces 16) sobre las fiestas que los padres de niñas ricas les organizan al cumplir los 15 o 16 años. Ahora muchas de ellas se han convertido en chicas consentidas tan insportables que sus padres han decidido darles una lección gracias al nuevo reality que se les ha ocurrida a las grandes mentes iluminadas de la MTV: mandarlas a lugares chungos para ser reeducadas, como por ejemplo un poblado maasai en Kenia, una familia tailandesa que vive del turismo de los elefantes o un grupo de criadores de llamas en los Andes.

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A primera vista la idea puede parecer interesante y hasta loable, pero el hecho de que la duración de la supuesta estancia educativa sea de tan sólo una semana inmediatamente la convierte en irrisoria. Aunque para las niñas mimadas en cuestión siete días sin electricidad rodeadas de gente oscura con costumbres higiénicas incomprensibles les pareció un auténtico suplicio. Como muestra, traduzco un fragmento del diario de Amanda, la protagonista del primer episodio de la serie emitido hace cuatro días a la que mandaron a Kenia a vivir con una tribu maasai:
Cuando me enteré de que me iba a África intenté esperar lo peor, pero creo que vivir de esta manera es aún peor de lo que pude imaginar. Es una mierda no tener electricidad y sudar todo el día, hacer tareas, caminar varios kilómetros sólo por hacer algo sencillo. Lo odio.

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No quiero volver jamás a este lugar. Es totalmente aburrido. O bien trabajas, o bien estás sentada al sol y sudas la gota gorda. Te sientes tan sucia y mugrienta -es insoportable. Pensaba que tener un trabajo en America era una mierda, pero esto lo supera todo. Simplemente quiero volver a casa. No tengo ganas de tener polvo en los ojos y en la boca, ordeñar vacas, caminar sobre caca de vaca todo el día y, lo que es peor, sudar y estar rodeada de bichos. Estoy lista para coger un vuelo a casa.

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Realmente se ve que esta chica ha aprendido mucho y que más padres tendrían que seguir el ejemplo y mandar también a sus princesitas de excursión al mundo real. Quizás a algún emprendedor ya se le ha ocurrido ofrecer viajes especialmente diseñados para estas familias, en plan colonias de verano educativas del siglo XXI para ricos. Y en sus folletos pueden poner que van a donar un 1% de sus beneficios para construir alguna escuela y salvar a los pobrecitos africanos, y así todo el mundo sale ganando.

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Para los que no hayan tenido bastante, aquí pueden ver el tráiler de la serie y aquí el primer episodio que muestra la dura estancia de Amanda en un poblado keniata (en inglés). Para que vayáis cogiendo ideas.
lo que se aprende en África
Fotos de Amanda en un poblado maasai en Kenia, donde pasó una semana para aprender a ser menos caprichosa y consentida.

la extraña vida de los expatriados en África

Acabo de leer un artículo que hace unos días comentaba uno de mis blogs preferidos sobre desarrollo y cooperación (el de Chris Battman, en inglés). El artículo es del Washington Post y lleva el revelador título En la Liberia de posguerra, el paraíso entre la pobreza, y para hacerse una idea de su contenido traduzco un párrafo:
Mientras este empobrecido país se recupera poquito a poquito de 13 años de guerra civil, las industrias dirigidas a los gustos exquisitos de los miles de expatriados de sobretodo Europa y Estados Unidos que han venido a ayudar desde la llegada de la paz en 2003, están experimentando un auge. La cada vez más visible oferta de esplendores disponible para este relativamente acaudalado grupo ha hecho que algunos liberianos se pregunten si los extranjeros están aquí para servir a la nación o para servirse a si mismos.

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El artículo usa el ejemplo de los restaurantes de sushi de alta calidad que existen en Monrovia, la capital de Liberia, pero absolutamente todo lo que dice se podría trasladar a la RD del Congo y seguramente a varios países más con presencia de operaciones de mantenimiento de la paz o gran concentración de ONGs. En Kinshasa no existen los restaurantes de sushi, pero si franceses, italianos o portugueses, todos extremadamente caros. Y la mayoría de extranjeros viven en lujosas casas con jardín y piscina cuyo alquiler mensual es similar a lo que un congoleño medio gana en un año.

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Este abismo entre los extranjeros y los lugareños tanto en salarios como en estilo de vida es una de las primeras cosas que chocan a los que van a África a trabajar por primera vez. Y por más que uno intente acostumbrarse, es algo que está siempre presente y que crea perturbadores dilemas morales a diario.

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Gente como Chris Blattman justifican el estilo de vida de los expatriados en África comparándolo con el estilo de vida que llevarían en Europa o en Estados Unidos, y argumentando que en la mayoría de países africanos sólo hay servicios para pobres o para ricos, sin término medio. Y desgraciadamente no le falta razón.

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Pero tampoco le falta razón al autor del artículo del Washington Post que acusa a los expatriados de Liberia de comportarse con suficiencia con los liberianos y, en general, de pasárselo demasiado bien haciendo el trabajo que hacen. Sobretodo cuando recuerdo las exclusivas fiestas semanales en Kinshasa en casas con piscina de expatriados (como la de la foto) o la manera como algunos tratan a sus trabajadores domésticos.

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Después de todo el tiempo que ha pasado desde la primera vez que estuve en África aún no le he encontrado solución a este dilema. Es muy fácil criticar el lujo en el que viven los expatriados, pero no tanto vivirlo personalmente y darse cuenta de las contradicciones de muchos países africanos, y de la ausencia de alternativas.

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En otro post sobre el mismo tema, Chris Blattman cita un informe sobre el impacto de las misiones de mantenimiento de la paz sobre las economías locales y parece que la conclusión general es positiva (la presencia de la ONU, económicamente hablando, hace más bien que mal). Sin embargo, a nivel humano este impacto es a menudo nefasto, ya que da una imagen irreal de la vida en Europa o Estados Unidos como una fiesta constante. Y además contribuye a la idea neocolonialsta que tienen muchos africanos de los blancos, que piensan que su país les importa bien poco más allá de la pasta que pueden ganarse estando allí.
la extraña vida de los expatriados en África
Típica fiesta de expatriados en Kinshasa.

arte sobre África: ¿burla o denuncia? (5)

01 06 2008
 
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Anteriormente: Arte sobre África, ¿burla o denuncia? [1], [2], [3] y [4]

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Hoy el blog va de camisetas en África, en este caso de camisetas solidarias. Resulta que una joven artista danesa llamada Nadia Plesner diseñó una camiseta hace algunos meses para ayudar a recaudar fondos para Darfur (para salvarlo, supongo). Decidió apuntarse al movimiento de las camisetas solidarias inspirada por un grupo de diseñadores llamado precisamente Diseñadores para Darfur que desde hace dos años se dedican a vender camisetas con mensajes tan originales como "Paz en Darfur", "Nunca más" o el sobado "Salvemos Darfur" (en inglés, claro está).

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Sin embargo, pensó que este tipo de camisetas blancas con un simple mensaje relamido tenían poco gancho y decidió hacer algo un poco más impactante: un dibujo de un típico niño de Darfur, es decir negro, hambriento y de expresión triste, pero (y ahí está el toque "artístico") con un chihuahua vestido de rosa en un brazo y un bolso de marca en el otro, al más puro estilo Paris Hilton. Según leo en ADN, la idea de Plesner era la siguiente: "si lo único que tienes que hacer para salir en las portadas es llevar bolsos de diseño y perros enanos y feos, quizá merece la pena intentarlo para aquellos que realmente merecen y necesitan atención."

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Lo interesante del caso es que las camisetas empezaron a venderse como churros en cuanto la marca de bolsos Luis Vuitton demandó a la artista por utilizar su imagen, ya que el bolso que lleva el niño darfureño está claramente inspirado en un famoso modelo de la marca francesa. Publicidad gratis, vamos.

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Y la camiseta que inmediatamente me viene a la mente al leer esta historia es si el fin justifica los medios, es decir, si con tal de llamar la atención del aburguesado Occidente y "remover conciencias" todo vale aunque sea de un gusto un tanto dudoso. Y otra pregunta que me viene a la cabeza después es si los artistas daneses se dedican sólo a la provocación, ya que esta es la segunda que aparece en mi pequeña colección Arte sobre África, ¿burla o denuncia?, después del tal Kristian von Hornsleth que bautizó a un pueblo entero en Uganda con su nombre. Curiosamente, Nadia Plesner es danesa pero vive en Amsterdam donde estudia cine, cosa que tiene en común con otro de los artistas de los que he hablado en esta sección, el holandés Renzo Martens. ¿Quizás se conocen entre ellos?
arte sobre África: ¿burla o denuncia? (5)
A la izquierda, el polémico diseño para camisetas de Nadia Plesner. A la izquierda, logo del grupo Diseñadores para Darfur con una de las camisetas (mucho más sosas) que ellos venden.

presentando las camisetas Fufu

14 04 2008
 
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Aprovechando mi inminente viaje a la RD del Congo, con un "socio" he puesto en marcha un pequeño proyecto piloto llamado Watotoees (pronunciado ua-to-tís). Watoto significa niños en suajili, y tees es la abreviación en inglés de T-shirt (camiseta). La idea pues, es crear una línea de camisetas con diseños africanos cuya venta va a destinarse íntegramente a otorgar micro-créditos a madres solas que no pueden permitirse mandar a sus hijos a la escuela, para que empiecen su propio negocio. Muchos de estos niños acaban poniéndose a trabajar a muy temprana edad a menudo en tareas con gran desgaste físico, o bien pasan el día en la calle mendigando.

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De momento, como test de inicio, hemos lanzado el primer diseño de la línea Watotees: la Camiseta Fufu. Como algunos recordarán que expliqué por aquí (con fotos incluiada), el fufu es una especie de puré de harina de mandioca, que es un tubérculo, o de maíz. Ser sirve en bolas y es el alimento básico de todo el continente africano, elemento esencial de la vida culinara africana. Ahora, el omnipresente fufu puede también llevarse puesto, y puede exhibirse por todo el mundo con gran orgullo. Para comprar la exclusiva Camiseta Fufu, ir a la tienda online.

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Una de las personas que vamos a ayudar con estas primeras ventas de camisetas fufu será Pascaline de Bukavu, que tuve ocasión de conocer cuando vivía allí, y que es una mujer increíble. Tiene 26 años y dos hijos de 6 y 8 años que está criando sola. Su marido desapareció un buen día (según parece está en Kinshasa) y jamás les ha mandado ni un céntimo. Y ella no tiene ningún otro familiar que pueda ayudarla, ya que quedó huérfana cuando era pequeña después de que los rebeldes arrasaran su pueblo y mataran a su familia durante la guerra. Con el dinero de Watotees vamos a ayudarla a empezar su propio negocio en el mercado de Bukavu para que pueda tener ingresos fijos y sus hijos puedan ir a la escuela. Ahora mismo no tiene ningún tipo de ingresos, no tiene casa, y apenas comida.

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Dentro de poco vamos a ampliar la colección watotees con más diseños que ya tenemos preparados, pero de momentotenemos que vender la primera edición de la Camiseta Fufu. Y para eso apelo a mis queridos lectores, a quienes jamás he pedido nada en estos tres años que llevo escribiendo este blog de manera desinteresada. Es el momento de colaborar con un proyecto en el que, aunque como con el blog yo no gano nada, sí que va resultar útil para varias familias. Gracias de antemano.
presentando las camisetas Fufu
La camiseta Fufu de Watotees en los dos colores disponibles.

Miss Mina Antipersona 2007 coronada

04 04 2008
 
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Seguro que más de uno recordará el polémico concurso de belleza Miss Mina Antipersona en Angola, del que hablé hace algunos meses, ideado por un artista noruego llamado Morten Traavik para concienciar al mundo sobre la problemática de las minas y la amputación, y que recibió el apoyo del gobierno angoleño y de la Comisión Europea. Pues bien, me entero a través de African Loft, de que el miércoles se coronó a la ganadora en una ceremonia televisada desde el CineTropico de Luanda, la capital de Angola, con público en directo y un jurado especial.

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La ganadora fue Augusta Urica, una mujer de 31 años que podéis ver en la foto de abajo con las finalistas, y recibirá 2.500 dólares y varios equipamientos para la casa, así como una protésis noruega hecha a medida para la pierna que le falta. Participaron 18 mujeres al concurso, representando las distintas provincias de Angola, y la primera dama angoleña presentó los premios. Según parece, todas las mujeres desfilaron tanto en bañador como en traje de noche, tal y como es de rigor en este tipo de concursos.

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La mayoría de las mujeres participantes fueron víctimas de las minas mientras iban a trabajar al campo, como Paulina Vadi, que ahora tiene 25 años y perdió la pierna cuando tenía sólo 14 y recogía fruta para la familia. Trabaja como vendedora ambulante de bebidas, pero antes del concurso decía que le gustaría ganar para poder volver a la escuela. Otra concursante a la que le gustaría cambiar de trabajo es Ana Diogo, una viuda de 32 años con tres hijos que perdió la pierna hace 24 años y se dedica a vender tomates por la calle cuando encuentra alguno. Aunque hayan ganado, Paulina, Ana y el resto de las concursantes van a recibir ayuda del gobierno para poder empezar un pequeño negocio o volver a estudiar si lo desean.

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Pueden verse más fotos de la coronación de Miss Mina Antipersona Angola 2007 en la web del periódico británico The Sun. Además, ayer 4 de abril se inauguró una exposición fotográfica de todas las candidatas al concurso en Luanda, coincidiendo con el Día Mundial de la Información y Acción contra las Minas.
Miss Mina Antipersona 2007 coronada
La ganadora del concurso Miss Mina Antipersona Angola 2007, Augusta Urica, coronada el día 2 de abril y rodeada de las finalistas. Foto de The Sun.

activismo con un click del ratón

19 03 2008
 
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Hace algunos meses sucumbí a la presión de las invitaciones de los amigos y me apunté a Facebook, a pesar de no verle mucha utilidad (a parte de perder el tiempo). Enseguida me llegaron más invitaciones, para unirme a distintas causas creadas en la comunidad, desde "acabemos con el cáncer de mama" hasta "salvemos a los gorilas", pasando por "eliminemos las bolsas de plástico" o "salvemos al planeta". Sin duda alguna, "salvar" es el verbo más común en estas causas de Facebook. Al principio me resistí a apuntarme a ninguna, por un lado por no verle la utilidad a añadir mi nombre a una lista de gente, y también por banalizar tragedias o problemas serios que ocurren en el mundo.

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Al final me acabé apuntando a algunas de las causas a las que me invitaron pensando que quizás sí que servirían para algo, que de todas formas estaba de acuerdo con lo que defendían y que además "no me cuesta nada, sólo un click". Supongo que así piensan la mayoría de los usuarios de Facebook que se apuntan a las causas, la idea de que algo que a mí me cuesta tan poco, a otro le puede resultar de gran ayuda.

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Y precisamente de todo eso habla un artículo que acabo de leer en Businessweek titulado Clica aquí para salvar Darfur (en inglés). Habla de lo fácil que es con las nuevas herramientas sociales como Facebook dar a conocer causas lejanas y hacer que la gente firme peticiones, además de conseguir recolectar dinero a través de pequeñas donaciones de los usuarios simplemente clicando un botón de Paypal. Sin embargo, esta facilidad crea también una sensación de poco compromiso o seriedad por parte de los "activistas online", ya que estas acciones requieren un esfuerzo mínimo. Dice el artículo:
Las herramientas ayudan a los organizadores online a explotar los nuevos recursos para donar, pero aumentan el umbral de lo que es necesario para ser tomado en serio. Como cualquiera puede abogar por una causa desde una página web, firmar una petición online, o reenviar un formulario por email a un senador con un simple click en un botón, estas acciones han empezado a tener menos peso para los que tienen poder político, dicen los activistas. Como resultado de ello, los organizadores de campaña tienen que asegurarse de que las grandes cantidades de gente que recogen por internet hacen más de lo mínimo para que cuenten. Además, tienen que asegurarse también de que los que se movilizan mandan un mensaje claro, unificado a las autoridades, y no una cacofonía de puntos de vista discordantes. "Es más fácil crear un movimiento, pero es un poco más difícil organizar el movimiento", dice Sarosh Syed, director de communicaciones online para SaveDarfur.

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Un día hablé de la moda de las causas africanas, moda que herramientas como Facebook no han hecho más que alimentar. Pero tal y como apunta el artículo de Businessweek, la popularización de estas causas ha creado un tipo de activismo a medio gas, poco implicado e informado sobre la causa en cuestión. Y es que quizás estas herramientas hayan contribuido a recaudar más donaciones para ayudar a una cierta causa, pero ¿realmente han provocado un cambio de conciencias, realmente han hecho que la gente se interese más por los problemas lejanos? Y, tal como comenté en el debate sobre "Salvar a África", estas donaciones ¿van a servir realmente de mucho si no se atajan también las causas estructurales de la pobreza o de los conflictos, o al menos se intentan comprender?

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Parece que estas campañas en Facebook u otras redes sociales se dejan encegar demasiado por la posibilidad de alcanzar a miles de personas y recaudar fondos sin esfuerzo, y no analizan el impacto real de la campaña o lo que es verdaderamente necesario para revertir una situación de injusticia. Pueden resultar útiles para recaudar dinero en situaciones de emergencia, en las que haga falta mandar ayuda humanitaria de inmediato, pero para otros problemas más complejos y a largo plazo (como el famoso conflicto en Darfur) creo que lo que hace falta es otro tipo de implicación más profunda. Un tipo de implicación que empieza por el interés verdadero y que es tan fácil como leerse un par de libros, por ejemplo.

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Actualización: Leo en DigiActive una anécdota ilustrativa de la ineficacia de Facebook para movilizar gente. Un estudiante de Michigan intentó organizar una manifestación en el campus de su universidad a través de Facebook, y en la página del evento se registraron 230 personas diciendo que irían y otras 350 diciendo que quizás. Al final sólo se presentaron unas 20. Ejem.
activismo con un click del ratón
Las causas con más miembros en Facebook en la categoría internacional, que tiene más de 7600 causas registradas.

arte sobre África: ¿burla o denuncia? (4)

12 03 2008
 
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Leo en Canal Solidario que la Fundación Guné el año pasado decidió incorporar un componente artístico en sus proyectos de desarrollo local en la región del sur de Senegal llamada Koldo. Luís Vidal, un artista barcelonés interesado por el arte social, les propuso la idea de los euroafricans para recaudar fondos para su proyecto de Koldo.

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La idea de Euroafricans consiste en la creación de una nueva divisa ficticia como símbolo del intercambio entre los dos continentes. A nivel práctico, significó pedir a los habitantes de 10 aldeas de la región de Koldo que fabricaran euroafricans a mano con los materiales que quisieran, los cuales después se cambiarían en España por su valor en euros para después reinvertir el dinero en los poblados donde se fabricaron los billetes. El proyecto se compone de una exposición de los billetes euroafricans originales (que pasó por el CCCB de diciembre a enero) y de una película documental que muestra todo el proceso.

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Según la web de la iniciativa: "euroafricans quiere poner de manifiesto la capacidad artística y la capacidad de trabajo de las comunidades rurales africanas" y "mostrar una África creativa, viva, alegre y muy imaginativa". Y realmente los euroafricans resultantes son una buena muestra de ello, con una gran variedad deas las formas y colores, hechos con materiales tan diversos como el bambú, cuero, madera, metal, cartón, sacos de arroz, tela, caucho, cáscaras de calabaza, o incluso jabón. Y decorados tan variados como cuentas de colores, plumas, huesos, bordados o patas de gallina. Aquí abajo tenéis tres modelos de muestra, pero en la web de euroafricans hay unos cuantos más (en el apartado Exposición).

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La gracia de esta idea es que usa una acción artística no sólo para concienciar a la gente sobre la pobreza en África o reivindicar sus capacidades creativas, que son las motivaciones habituales de este tipo de proyectos, sino también para conseguir un objetivo muy concreto y bien definido: ayudar a desarrollar 10 aldeas de una zona pobre de Senegal, la región de Koldo. Y para ello fueron los mismos beneficiarios de un proyecto de educación impulsado por la Fundación Guné que hicieron los billetes para hacer que otros 10 poblados vecinos pudieran disfrutar del mismo privilegio. Cada poblado hizo 60 billetes de 100 euroafricans, lo que significa que una vez cambiados los billetes, se obtuvieron 6.000 euros por poblado, 60.000 euros en total. Con este dinero se financiarán los proyectos de alfabetización, salud familiar y de dinamización de la economía local en esos 10 otros poblados.

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Otros proyectos artísticos de los que he hablado por aquí relacionados con África pero, al contrario que Euroafricans, de gusto y objetivos más que dudosos: uno, dos, tres.
arte sobre África: ¿burla o denuncia? (4)
El Euroafricans Bank, y algunos de los modelos de Euroafricans fabricados por distintas aldeas con distintos materiales: el de arriba a la derecha está hecho con un trozo de calabaza y una pata de gallina, el de abajo a la izquierda con suelas de chancletas de goma y el de abajo a la derecha con una pastilla de jabón.

resumiendo el debate del año sobre salvar a África

02 01 2008
 
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Aunque las críticas a los famosos que organizan campañas para "salvar" a África no son cosa nueva, durante el 2007 el debate se reabrió sobretodo a raíz de un polémico artículo que Uzondima Iweala publicó en el Washington Post titulado Dejen de tratar de salvar a África. Aunque aquí no he hablado mucho del tema (sólo un poco a raíz de los 16 días de activismo contra la violencia a las mujeres y del Día internacional de los derechos humanos) lo he seguido con interés durante los últimos meses, y a continuación ofrezco un pequeño resumen de los mejores artículos para los que o bien se perdieron el debate o les interese leer un poco más. Como siempre, son todos en inglés, pero si alguien tiene enlaces en español que me los mande y los añadiré.

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El escritor Paul Theroux en su artículo The rock star's burden (La carga de la estrella de rock), fue uno de los primeros en criticar a los famosos que quieren salvar a África. Se publicó en el New York Times, en The International Herald Tribune y otras publicaciones en diciembre del 2005, y en él Theroux ataca concretamente a Bono como estandarte de las campañas "de palabras vacías y gestos públicos" basadas en la presunción errónea de que "África es fatalmente conflictiva y sólo puede ser salvada por ayuda externa". Sin embargo, dice Theroux en una parrafada magistral:
África es un lugar encantador - mucho más encantador, pacífico y resistente y, si bien no próspero, mucho más autosuficiente de manera innata que normalmente lo pintan. Pero porque África parece inacabada y tan diferente al resto del mundo, un paisaje en el cual una persona puede dibujarse una nueva personalidad, atrae a los mitomaníacos, gente que quiere convencer al mundo de su valía.

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En julio del 2007 el debate se reavivó a raíz de dos publicaciones. Primero el número especial que la revista Vanity Fair dedicó a África en el cual Bono ejerció como editor invitado. Y segundo un artículo que apareció en el Washington Post titulado Dejen de tratar de salvar a África (Stop trying to save Africa) escrito por el joven escritor americano-nigeriano Uzondima Iweala. El número especial de Vanity Fair recibió algunas alabanzas por intentar mostrar una cara distinta de África, como tierra de oportunidades, pero también muchas críticas por parte de otros por no acabarse de alejar de los estereotipos.

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De hecho, durante el mes de julio a Bono le llovieron las críticas por todas partes. Como en esta entrevista al músico nigeriano Femi Kuti (hijo de Fela), donde aprovechó para decir que África no necesita a Bono para decirles que es pobre, sino que necesita más iniciativas de los propios africanos y más inversiones que generen negocios. Y también necesita que "las democracias occidentales dejen de hacer la vista gorda respecto a la corrupción africana" (no podría estar más de acuerdo). Otro artículo que repasó bien a Bono fue el de Frank Bures en World Hum, que recomienda a África que se eche a correr en vista de tanta gente bienintencionada pero equivocada.

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Pero en mi opinión la crítica más interesante a las iniciativas de Bono es el que escribió Jennifer Brea en The American, titulado Africans to Bono:'For God's sake please stop!' (Los africanos a Bono: '¡Por el amor de Dios, por favor para!'). El artículo reprocha a Bono que se dedique a "abrir los bolsillos de los gobiernos ricos para dar a los gobiernos cleptocráticos de África" y dice que "lo que necesita África es su propio plan Marshal". También reprocha a las campañas tipo Make poverty history su objectualización de África como continente a salvar, "negándoles a los africanos un papel como agentes de su propia transformación". Y añade que, a largo plazo, la ayuda humanitaria hace más mal que bien por su efecto en el crecimiento económico de los países receptores. Y se pregunta
si realmente queremos ayudar, ¿por qué no preguntamos a los africanos, no a sus gobiernos, como perciben los desafíos a los que se enfrentan, los sueños que tienen para el futuro, y los recursos que creen que necesitan para realizarlos?"

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El artículo de Iweala, como era de esperar, levantó aún más pasiones que las actividades de Bono a las que el mundo ya está acostumbrado. Su tesis es que África no quiere ser salvada, ya que los propios africanos son capaces de un desarrollo sin precedentes a través de una colaboración justa con otros países "de la comunidad global". En el artículo se despacha a gusto criticando a los que quieren "salvar" a África ya que, según él, lo hacen por vanidad y para paliar su sentimiento de culpa:
Parece que actualmente Occidente, consumido por la culpa respecto a las crisis humanitarias que ha creado en Oriente Medio, se ha puesto a ayudar a África para su redención. Estudiantes universitarios idealistas, famosos como Bob Geldof y políticos como Tony blair han hecho suya la misión de traer la luz al continente oscuro. Vuelan para voluntariados y misiones de reconocimiento o para elegir niños para adoptar más o menos de la misma manera que mis amigos y yo en Nueva York tomamos el metro para ir a la perrera municipal a adoptar perros extraviados.

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Ésta es la nueva imagen que Occidente tiene de sí mismo: una generación sexy, políticamente activa cuyos medios preferidos para propagar sus ideas son los artículos especiales en las revistas con famosos en primer término, africanos desesperados al fondo.
Con palabras como éstas ofendió a varios cooperantes "blancos" en África que se toman su trabajo en serio y no como un capricho pasajero, que lo tildaron de arrogante y simplificador (Iweala creció en Washington en un entorno privilegiado, con una madre que trabaja en el Banco Mundial y que fue Ministra de Finanzas y de Asuntos Exteriores de Nigeria, y además estudió en Harvard). Entre las reacciones "ofendidas" me hizo gracia la de Pernille, una cooperante danesa en Tanzania (antes en Uganda), que se preguntaba "¿Tengo cara de querer salvar a África?".

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La verdad es que es un tema complicado, tal y como demuestra Chris Tenove con su extenso artículo Stars over Africa (Estrellas en África) publicado en la revista The Walrus hace exactamente un año. El artículo hace un repaso a la historia de la creciente implicación de los famosos en la ayuda humanitaria a África desde la mediática sequía/hambruna de los años 1980 en Etiopía, mostrando las dos caras de la moneda de este tipo de campañas. Por un lado reconoce la gran labor de los famosos al atraer la atención de los medios sobre ciertos conflictos o situaciones que requieren acción, así como el papel que han jugado en crear movimientos de presión y en movilizar a las masas. Sin embargo, también reitera que este tipo de ayuda basada en las donaciones no es suficiente a largo plazo ya que no sirven para atajar las causas estructurales de la pobreza en África.

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Para ilustrar el hecho que las buenas intenciones no son suficientes ya que a menudo no escuchan y no aportan las soluciones deseadas por los interesados (y a menudo, a pesar de las grandes inversiones, acaban sencillamente en fracaso), Tenove reproduce una historia que le contó una cooperante veterana que trabajó en Etiopía:
Imagina, dijo, que vas caminando por la calle y ves a una viejita sorda, una vecina, esperando en la esquina de una concurrida calle. Parece que no sabe cuando cruzar. Le preguntas si necesita ayuda, pero no puede oírte por el tráfico. Cuando el semáforo se pone verde, le coges su mano arrugada y la guías al otro lado del cruce. Allí te da un tirón en la manga y te dice: "estaba esperando el autobús al otro lado de la calle". ¿Entonces qué haces? ¿La dejas donde está? ¿La ayudas a cruzar la calle de nuevo para que pueda volver donde estaba? ¿O le das aún más de tu tiempo? ¿Conducirla a casa tu mismo, quizás, o ayudarla a comprar pilas para su audífono?

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Y para acabar, otra divertida historieta alegórica. Esta es más sencilla, pero pero también muy reveladora (y además está protagonizada por una cabra, lo que siempre da puntos extra). Se trata de una anécdota que cuenta Sarah, una estudiante americana en Camerún por un par de meses, en su blog:
Ayer, caminaba hacia mi casa por una calle polvorienta alrededor de las 5:30. Hacía calor y estaba cansada después de un largo día de investigación, de leer y escribir. Esperaba que mi madre anfitriona hubiera preparado esa deliciosa bebida de yogur, y que por la noche nos podríamos poner al día de nuestro culebrón favorito y finalmente enterarnos de si Miranda volvería con Leonardo.

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Giré en una esquina y me fijé en una chica más o menos de mi misma edad corriendo hacia mí. Llevaba una bonita tela púrpura y verde, y se movía tan rápido como podía con su estrecha falda. Entonces me di cuenta de lo que perseguía: una gran cabra negra, que parecía galopar tan sólo un poco más rápido que ella. Llamó a gritos a la cabra delincuente en fulfulde, pero la cabra la ignoró.

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Mi primer instinto: quiero ayudar a esta chica. La cabra corría a un metro y pico a mi izquierda. Di unos pasos en esa dirección, pensando que le bloquearía el camino o que la haría cambiar de dirección. La cabra enseguida comprendío mi acción y dio un giro a la izquierda. Mierda.

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Fue entonces cuando me di cuenta de que no tenía ni idea de cómo atrapar a una cabra. Aunque la hiciera correr hacia mí, ¿qué haría? ¿agarrarla por la cola? ¿por el medio? ¿por los cuernos? No era mi perro, no llevaba un collar. Había visto a esas cabras abalanzándose sobre montones de basura, y estoy segura de que se comerían cualquier cosa. ¿Intentaría comerse mi brazo?

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Decidí que lo mejor que podía hacer en esta situación era apartarme y dejar a esta chica resolver sus propios problemas. Tenía infinitamente más experiencia en el mundo cabral que yo. Mientras pasaba por mi lado corriendo, sonerí y le deseé "bonne chance" y asintió con la cabeza. El intercambio de saludos duró unos siete segundos, pero más o menos resume lo que pienso sobre "ayudar" a los cameruneses. Saben mucho más sobre lo que necesitan que lo que yo jamás sabré. Mis intentos de "ayudar" podrían causar más problemas de los que resolverían. Si la chica se hubiera parado y me hubiera pedido ayuda, y me hubiera explicado qué hacer, habría estado contenta de asistirla en sus esfuerzos.
resumiendo el debate del año sobre salvar a África
Tratando de salvar a África con tan sólo un dedo.

el regador regado

Voy a empezar el repaso a mi estantería de literatura africana con uno de los libros que más me han gustado últimamente. Y que, aunque tampoco he leído docenas de libros sobre África ni soy una experta en el tema, a mi parecer ofrece un retrato muy lúcido de este gran continente desconocido. Se trata de La biblia envenenada (o La bíblia de l'arbre de verí en catalán), de Barbara Kingsolver, publicado por Ediciones del Bronce y Edicions Proa, respectivamente.

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El libro narra la llegada de un matrimonio de misioneros americanos y sus cuatro hijas (los Price) a un pequeño pueblo (Kilanga, de nombre inventado) en medio del Congo Belga en 1959, justo antes de la independencia del país, y su trayectoria vital a partir de ahí durante los 35-40 años posteriores, aunque la mayoría de las páginas transcurren en los primeros años de los 1960s. El libro está narrado desde múltiples puntos de vista, alternando la visión en primera persona de lo que va pasando de la madre y cada una de las cuatro hijas. Cada uno de esos puntos de vista representa una postura distinta del mundo occidental, del mundo "blanco", respecto a África. Simplificando, estas posturas podrían resumirse de la siguiente manera:

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a) el padre, patriarca déspotico a la antigua usanza, cargado de superioridad moral cristiana y obsesionado por salvar a los africanos. Salvación que por el bautizo y la adopción de la fe cristiana, dejando de lado su "falsa idolatría" que los mantiene en la "oscuridad".

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b) la hija mayor, Rachel, superficial y mimada, sólo preocupada por su propio bienestar. Para ella los africanos son simples criados o mano de obra, no gente con esperanzas y ilusiones, son los descendientes de Cam, el hijo de Noé que cayó en desgracia.

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c) Leah, gemela de Adah, la hija que adora a su padre e intenta complacerlo con todas sus fuerzas hasta que se da cuenta de que el sistema de valores que intenta imponer a los congoleños no funciona, y que los de ellos funcionan mucho mejor. Ella sola carga con toda la culpa del mundo blanco, sufriendo junto con los congoleños traicionados por los Estados Unidos.

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d) Adah, la gemela coja y que casi no habla, que en el Congo se siente libre por primera vez sin que la gente se compadezca de ella. Se dedica a estudiar los pájaros y las plantas, fascinada por este país que no comprende pero que al mismo tiempo la atrae por su diferencia, y al que no juzga, simplemente observa.

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Mi parte favorita de La biblia envenenada son los primeros capítulos, que transcurren en el pueblo imaginario de Kilanga y que describen la adaptación de la familia Price a ese entorno tan hostil y extraño para ellos. Esta parte contiene pasajes realmente memorables, como su desastroso intento de cultivar un huerto con las semillas que se trajeron de los EUA, el disgusto que se llevan al descubrir que los sobres de preparado para hacer pasteles de cumpleños se han echado a perder por el calor, o la imposibilidad de mantener el blanco de la ropa por el polvo rojizo que hay por todas partes. O sus dificultades para encontrar algo para comer que no sea el omnipresente fufu, que es descrito como una masa sin sabor con el valor nutricional de una bolsa de papel marrón, la única cosa segura en el mundo junto con el tiempo. En realidad durante esos primeros meses la familia Price fracasa en casi todo lo que se proponen, al aplicando su marco de referencia de los Estados Unidos al Congo.

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Pero sin duda la derrota más simbólica es la del bautizo (y evangelización) de los congoleños. El reverendo Price pasa meses intentando convencer a todo el pueblo para que se convierta al cristianismo mediante un gran bautizo en el río, sin conseguir más que negativas. Hasta que finalmente descubre todo el pueblo le tiene pánico al río por los cocodrilos que lo habitan, ya que se comieron a más de un niño. Y además está la barrera lingüística de la que el reverendo Price, en su arrogante grandiosidad moral, es totalmente ignorante. Así, predica incesantemente en sus sermones que Jesús es Bangala, sin saber que bangala tiene un doble significado en la lengua kikongo: querido, precioso, pero también un tipo de árbol venenoso (poisonwood en inglés). Este malentendido clave en el fracaso del reverendo Price, simbólicamente da título al libro.

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El libro está plagado de personajes y escenas reales como la vida misma, y a pesar de pasar en los años 1960s, a menudo me parecía estar leyendo sobre gente con la que me topé y anécdotas que viví. Por ejemplo, uno de mis personajes preferidos es Mamá Mwanza, una de las vecinas de los Price, que tiene que caminar con las manos porque se le quemaron las piernas en un grave accidente. Aún así, tiene que cuidar de su marido y sieto u ocho hijos, yendo al río a buscar agua (que transporta en su cabeza), a comprar al mercado, cocinando y limpiando la casa. Sin embargo, a pesar de su minusvalía y de perder dos de sus hijos por enfermedad, trae naranjas a la familia Price y les ayuda como puede. En general las mujeres están descritas con mucho cariño al mismo tiempo que brutal realismo: cuando el reverendo Price compadece a los congoleños diciendo que tanto su cuerpo como su alma están rotos sin darse cuenta de cómo pueden ser salvados, su esposa replica que sus cuerpos tienen que hacer una cantidad enorme de trabajo, por eso se desgastan como en Estados Unidos la gente desgasta varios pares de pantalones o sus herramientas de jardín.

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Hay tantísimos detalles en La biblia envenenada, tantas texturas y tantos niveles de lectura, que hacen que sea a la vez un libro entretenido de leer, que transporta sensorialmente al Congo sin moverse del sillón, y una inteligentísima crítica a la caridad por imposición y al ayudar sin escuchar, así como una muy acertada descripción de los desafíos de la descolonización de un país tan vasto y tan rico como el Congo.

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Aunque no sé qué tal son las traducciones, ya que es un libro que juega constantemente con el lenguaje, que cita multitud versículos de la Biblia y que contiene incontables palíndromos, es un auténtico placer. Y también absolutamente indispensable para cualquiera que quiera comprender un poco la mentalidad africana y lo que significa ser blanco en el continente negro.
el regador regado
Portadas de las ediciones en castellano y en inglés, respectivamente.

regalitos para combatir el sopor navideño

Como durante estos días las obligaciones familiares me llaman, y no estoy de humor de escribir nada de temática navideaña, voy a dejar simplemente unos cuantos vídeo-regalitos blogueros para entretenerse entre comilona y comilona. Desgraciadamente, la mayoría son en inglés, así que habrá que hechar mano del diccionario...

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El primer vídeo es un resumen muy condensado de un viaje de 14 meses alrededor del mundo que hizo una pareja española que estaba harta de la rutina. No sé como lo hicieron, pero dicen que les costó tan sólo 6000 euros. Realmente inspirador.

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El segundo es un vídeo un poco antiguo, creo que del 2005, pero yo lo acabo de descubir ahora y me he reído un buen rato. Y es que el humor inglés no tiene parangón.

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El vídeo forma parte del día llamado Comic Relief (algo así como Ayuda Cómica) que es una especie de telemaratón que se hace cada año en Gran Bretaña para recaudar fondos para alguna causa concreta a través de programas de humor especiales durante todo el día. Está protagonizado por Ricky Gervais, el protagonista y creador de la gran serie The Office, y es una parodia sublime de las campañas para "salvar a África". Es en inglés británico, que puede resultar difícil de entender, pero vale la pena el esfuerzo.

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El tercer vídeo es una de las obras de la artista eslovena Aleksandra Domanović titulada Anhedonia (que significa falta de placer) y que vi un día en Un gaditano en Silicon Valley. Se trata de un montaje de fotos de todo tipo del archivo Getty Images con diálogos de Annie Hall (que originalmente tenía que titularse Anhedonia), que es una de mis películas favoritas de todos los tiempos de cuando Woody Allen hacía obras maestras como churros.

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Y por último un enlace para descargar un pequeño librito en .pdf del dibujante/bloguero Hugh MacLeod sobre Cómo ser creativo, cargado de buenos consejos y mucha inpiración.

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Que los disfrutéis.
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