el callejón de los murales

Estas dos últimas semanas no he escrito casi nada ya que he tenido sendas visitas de las que cuidar (y además durmiendo en la sala de estar/comedor que también sirve de doble oficina, poco espacio personal me quedaba). La última se marchó ayer dejando un halo de melancolía al pasar por la puerta, después de cuatro días de buen humor y canturreos a todas horas. En esta vida transatlántica mía en la que las amistades se han forjado en la ausencia y en la que a menudo la enormidad de las distancias pesa en el alma, estos días de espacios y presencias compartidas han sido como un día de sol después de un largo invierno.

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Durante uno de los paseos turísticos a los que me he dedicado estos días, nos entretuvimos fotografiando un callejón que está totalmente cubierto de murales de varios artistas. El callejón, que está en el barrio bohemio de la Misión, se llama Clarion y es realmente impresionante. Uno de los murales recogía un poema de Daisy Zamora, una escritora nicaragüense que desconocía, tanto en el idioma original como en traducción al inglés y al árabe. Me pareció precioso y me dejó pensativa un rato:
Cuando regresemos a nuestra antigua tierra

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que nunca conocimos

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y platiquemos de todas esas cosas

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que nunca han sucedido

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caminaremos llevando de la mano niños

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que nunca han existido

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escucharemos sus voces y viviremos

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esa vida de la que tanto hablamos

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y nunca hemos vivido

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Más fotos del callejón de los murales aquí.
el callejón de los murales
Poema de Daisy Zamora visto en la calle Clarion de San Francisco.

me gusta Quim Monzó

12 06 2008
 
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Lo confieso públicamente: me gusta Quim Monzó. Me gusta mucho. Desde hace tiempo y cada día más.

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La primera vez que leí algo suyo fue en ¡5º de EGB! Leímos en clase un fragmento de un relato corto suyo titulado Uf, va dir ell que había en el libro de texto de lengua catalana, y recuerdo que no me gustó nada. Pero poco después me enganché a sus monólogos de perogrullo en ese genial programa de TV3 de los 1990's que era Persones Humanes (como por ejemplo éste sobre la realeza que le trajo muchos problemas).

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Como mi familia compra cada día La Vanguardia, desde que empezó a escribir su columna hace unos años la he estado leyendo religiosamente, incluso viviendo fuera de España. Y no a través de internet, no, sino en versión papel gracias a un ritual que mi padre inició cuando empecé a vivir en el extranjero. Como para consultar su columna en versión digital hay que ser suscriptor y la página web tarda mucho en cargarse (ojo al dato, webmaster(s) de La Vanguardia: ¡es un engorro!), pues mi querido padre se dedica varias veces a la semana a recortar las columnas del señor Monzó y las guarda en un armario durante meses con una pinza de tender la ropa, hasta que vengo por Navidad o en verano y me las leo todas de un tirón.

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Cada vez que vengo a casa de visita, leer la pila de artículos de Quim Monzó que me tiene guardados mi padre me da una alegría y añade un aliciente más a mi estancia. Esta vez, por ejemplo, me encontré con un botín considerable de artículos, ya que se remontaban hasta agosto pasado. Y, si cabe, me han gustado aún más que los del año pasado. Como decía al principio, Monzó con los años cada vez me gusta más. Y no porque su escritura haya mejorado con el tiempo como un buen vino, ni nada de eso. Sino porque cada vez tiene más mala leche y se anda con menos rodeos para decir lo que piensa y criticar a quien haga falta. Pero con estilo, eso sí.

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Me encanta sobretodo cuando se mete con los taxistas y los camareros (por groseros), con los turistas (por ubicuos y borreguiles), con los políticos (por hipócritas y mentirosos), con los periodistas (por ignorantes y perezosos) o con los papanatas (por su papanatismo). Sin embargo, a veces me da un poco de rabia que cada vez que vengo y leo los artículos acumulados hayan varias reflexiones sobre varios temas casi idénticas a las mías pero infinitamente mejor expresadas. Y es que con Monzó no se puede competir.
me gusta Quim Monzó
Mi último botín de artículos de Quim Monzó, gentileza de mi señor padre.

el regador regado

Voy a empezar el repaso a mi estantería de literatura africana con uno de los libros que más me han gustado últimamente. Y que, aunque tampoco he leído docenas de libros sobre África ni soy una experta en el tema, a mi parecer ofrece un retrato muy lúcido de este gran continente desconocido. Se trata de La biblia envenenada (o La bíblia de l'arbre de verí en catalán), de Barbara Kingsolver, publicado por Ediciones del Bronce y Edicions Proa, respectivamente.

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El libro narra la llegada de un matrimonio de misioneros americanos y sus cuatro hijas (los Price) a un pequeño pueblo (Kilanga, de nombre inventado) en medio del Congo Belga en 1959, justo antes de la independencia del país, y su trayectoria vital a partir de ahí durante los 35-40 años posteriores, aunque la mayoría de las páginas transcurren en los primeros años de los 1960s. El libro está narrado desde múltiples puntos de vista, alternando la visión en primera persona de lo que va pasando de la madre y cada una de las cuatro hijas. Cada uno de esos puntos de vista representa una postura distinta del mundo occidental, del mundo "blanco", respecto a África. Simplificando, estas posturas podrían resumirse de la siguiente manera:

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a) el padre, patriarca déspotico a la antigua usanza, cargado de superioridad moral cristiana y obsesionado por salvar a los africanos. Salvación que por el bautizo y la adopción de la fe cristiana, dejando de lado su "falsa idolatría" que los mantiene en la "oscuridad".

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b) la hija mayor, Rachel, superficial y mimada, sólo preocupada por su propio bienestar. Para ella los africanos son simples criados o mano de obra, no gente con esperanzas y ilusiones, son los descendientes de Cam, el hijo de Noé que cayó en desgracia.

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c) Leah, gemela de Adah, la hija que adora a su padre e intenta complacerlo con todas sus fuerzas hasta que se da cuenta de que el sistema de valores que intenta imponer a los congoleños no funciona, y que los de ellos funcionan mucho mejor. Ella sola carga con toda la culpa del mundo blanco, sufriendo junto con los congoleños traicionados por los Estados Unidos.

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d) Adah, la gemela coja y que casi no habla, que en el Congo se siente libre por primera vez sin que la gente se compadezca de ella. Se dedica a estudiar los pájaros y las plantas, fascinada por este país que no comprende pero que al mismo tiempo la atrae por su diferencia, y al que no juzga, simplemente observa.

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Mi parte favorita de La biblia envenenada son los primeros capítulos, que transcurren en el pueblo imaginario de Kilanga y que describen la adaptación de la familia Price a ese entorno tan hostil y extraño para ellos. Esta parte contiene pasajes realmente memorables, como su desastroso intento de cultivar un huerto con las semillas que se trajeron de los EUA, el disgusto que se llevan al descubrir que los sobres de preparado para hacer pasteles de cumpleños se han echado a perder por el calor, o la imposibilidad de mantener el blanco de la ropa por el polvo rojizo que hay por todas partes. O sus dificultades para encontrar algo para comer que no sea el omnipresente fufu, que es descrito como una masa sin sabor con el valor nutricional de una bolsa de papel marrón, la única cosa segura en el mundo junto con el tiempo. En realidad durante esos primeros meses la familia Price fracasa en casi todo lo que se proponen, al aplicando su marco de referencia de los Estados Unidos al Congo.

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Pero sin duda la derrota más simbólica es la del bautizo (y evangelización) de los congoleños. El reverendo Price pasa meses intentando convencer a todo el pueblo para que se convierta al cristianismo mediante un gran bautizo en el río, sin conseguir más que negativas. Hasta que finalmente descubre todo el pueblo le tiene pánico al río por los cocodrilos que lo habitan, ya que se comieron a más de un niño. Y además está la barrera lingüística de la que el reverendo Price, en su arrogante grandiosidad moral, es totalmente ignorante. Así, predica incesantemente en sus sermones que Jesús es Bangala, sin saber que bangala tiene un doble significado en la lengua kikongo: querido, precioso, pero también un tipo de árbol venenoso (poisonwood en inglés). Este malentendido clave en el fracaso del reverendo Price, simbólicamente da título al libro.

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El libro está plagado de personajes y escenas reales como la vida misma, y a pesar de pasar en los años 1960s, a menudo me parecía estar leyendo sobre gente con la que me topé y anécdotas que viví. Por ejemplo, uno de mis personajes preferidos es Mamá Mwanza, una de las vecinas de los Price, que tiene que caminar con las manos porque se le quemaron las piernas en un grave accidente. Aún así, tiene que cuidar de su marido y sieto u ocho hijos, yendo al río a buscar agua (que transporta en su cabeza), a comprar al mercado, cocinando y limpiando la casa. Sin embargo, a pesar de su minusvalía y de perder dos de sus hijos por enfermedad, trae naranjas a la familia Price y les ayuda como puede. En general las mujeres están descritas con mucho cariño al mismo tiempo que brutal realismo: cuando el reverendo Price compadece a los congoleños diciendo que tanto su cuerpo como su alma están rotos sin darse cuenta de cómo pueden ser salvados, su esposa replica que sus cuerpos tienen que hacer una cantidad enorme de trabajo, por eso se desgastan como en Estados Unidos la gente desgasta varios pares de pantalones o sus herramientas de jardín.

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Hay tantísimos detalles en La biblia envenenada, tantas texturas y tantos niveles de lectura, que hacen que sea a la vez un libro entretenido de leer, que transporta sensorialmente al Congo sin moverse del sillón, y una inteligentísima crítica a la caridad por imposición y al ayudar sin escuchar, así como una muy acertada descripción de los desafíos de la descolonización de un país tan vasto y tan rico como el Congo.

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Aunque no sé qué tal son las traducciones, ya que es un libro que juega constantemente con el lenguaje, que cita multitud versículos de la Biblia y que contiene incontables palíndromos, es un auténtico placer. Y también absolutamente indispensable para cualquiera que quiera comprender un poco la mentalidad africana y lo que significa ser blanco en el continente negro.
el regador regado
Portadas de las ediciones en castellano y en inglés, respectivamente.

iniciación a la literatura africana

13 12 2007
 
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El otro día, limpiando el polvo de las estanterías, me di cuenta de que en estos últimos meses he ido acumulando una colección nada despreciable de libros sobre África, tanto libros de no ficción como novelas. Y es que tanto la literatura africana (de autores africanos) como la de autores europeos o norteamericanos sobre África es difícil de encontrar en general, y aún más traducida al español. Prácticamente la única literatura sobre África medianamente accesible en España es la escrita originalmente en español por expertos de nuestras tierras, pidiéndola directamente a pequeñas editoriales con poca distribución, o bien vía internet a Amazon.

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Sin embargo en inglés es mucho más fácil encontrar libros provenientes del continente africano, supongo que por el interés de muchos afroamericanos. En la mayoría de librerías suelen tener una sección dedicada a la literatura afroamericana (escrita por escritores americanos negros) y a veces incluso a la literatura de África. Y incluso los libros más raros, de editoriales poco conocidas, etc. a menudo pueden encontrarse en librerías de segunda mano. Y así es como ha ido creciendo mi librería personal sobre el continente, además de un par de libros de autores africanos francófonos (los cuales áun son más difíciles de encontrar que los anglófonos) que compré cuando estuve en París hace unos meses.

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Ya va siendo hora, pues, de que empiece a hablar de estos libros según los vaya leyendo, compartiendo con los fieles lectores de este blog mis rudimentarios conocimientos de literatura africana. Para empezar, voy a hacer una lista de los libros que tengo en estos momentos, para que me sirva un poco de guiónp ara los meses a venir, y para que si alguien se anima a leerlos pueda opinar también cuando llegue el momento de comentarlos (y si a alguien se le ocurren otros que me lo diga y los voy añadir):

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No-Ficción

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-Ébano/Èben de Ryszard Kapuscinski (Anagrama en castellano y Empúries en catalán). Escrito originalmente en polaco por este famoso periodista fallecido este año.

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-Negrología de Stephen Smith (Editorial Debate). Escrito originalmente en francés por este periodista americano afincado en Francia.

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-Payasos y monstruos/Pallassos i monstres de Albert Sánchez-Piñol (Editorial Aguilar en castellano y La Campana en catalán). Escrito originalmente en catalán.

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-Cuadernos africanos/Cuaderns africans de Alfonso Armada (Ediciones Península en castellano y Grup 62 en catalán).

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-El fantasma del rey Leopoldo/El fantasma del rei Leopold de Adam Hochschild (Ediciones Península en castellano y Grup 62 en catalán). Sobre el Congo bajo la colonización belga. Escrito originalmente en inglés por un autor americano.

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-Una temporada de machetes de Jean Hatzfeld (Editorial Anagrama). Escrito originalmente en francés.

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-El safari de la estrella negra de Paul Theroux (Ediciones B). Escrito originalmente en inglés por este autor americano.

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-Tras los pasos del señor Kurtz de Michaela Wrong (Ediciones Intermón Oxfam). También de la misma autora y la misma editorial es No lo hice por ti, sobre Eritrea. Escritos originalmente en inglés por esta periodista británica que fue corresponsal en el Congo.

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-Flor del desierto de Waris Dirie (Maeva). Memorias escritas en inglés de esta modelo somalí que hablan sobretodo de su ablación, y que tienen dos continuaciones.

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-Sexo de emergencia y otras medidas desesperadas de Kenneth Cain, Heidi Postlewait y Andrew Thompson (Ediciones B). Aunque cubre muchos más que África, algunos de los capítulos clave del libro son sobre las misiones paz de la ONU en Somalia y Ruanda. Hablé de él hace poco, aquí.

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Ficción

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-El corazón de las tinieblas/El cor de les tenebres de Joseph Conrad (múltiples editoriales en castellano, Edicions 62 en catalán). Seguramente el libro más famoso sobre África y sobre el Congo, escrito originalmente

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-Pandora en el Congo/Pandora al Congo de Albert Sánchez-Piñol (aquí el año pasado.

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-La Biblia envenenada/La Bíblia de l'arbre del verí de Barbara Kingsolver (Ediciones del Bronce en castellano y Edicions Proa en catalán). Historia de una familia de misioneros en el Congo profundo en los años 1960. Escrito originalmente en inglés por esta autora americana. Hablé de él aquí.

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-Un recodo en el río de V.S. Naipaul. Escrito originalmente en inglés por este ganador del Nobel de Trinidad y Tobago.

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-Todo se desmorona/Tot se'n va en orris de Chinua Achebe (Ediciones del Bronce en castellano y Edicions 62 en catalán). Uno de los libros más famosos de la literatura africana, escrito originalmente en inglés por este autor de Nigeria.

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-Medio sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adichie (Mondadori). Escrito originalmente en inglés por esta autora nigeriana afincada en Estados Unidos que últimamente está ganando varios premios.

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-Cambios: una historia de amor de Ama Ata Aidoo. Escrita originalmente en inglés por esta autora feminista de Ghana.

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-Secretos de Nuruddin Farah (El Aleph Editores), que forma parte de una trilogía que se completa con Mapas y Regalos (Edicioens del Bronce). Escritos originalmente en inglés por este reconocido autor somalí exiliado en Nigeria.

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-Alá no está obligado de Ahmadou Kourouma (El Aleph Editores). Escrito originalmente en francés por este autor de Costa de Marfil ya fallecido.

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-Vaso Roto de Alain Mabanckou (Editorial Alpha Decay, que también ha publicado un par de libros de Kourouma). Escrito originalmente en francés por este autor congoleño de Brazzaville afincado en Estados Unidos.

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-Domingo en la piscina en Kigali/Un diumenge a la piscina a Kigali de Gilles Courtemanche (Emecé Editores en castellano, Edicions de La Magrana en catalán). Escrito originalmente en francés por este autor canadiense.

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-La canción de los misioneros/La cançó dels missioners de John Le Carré (Plaza&Janés-Arete en castellano, Edicions 62 en catalán). Escrito originalmente en inglés por este popular autor americano.

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-La serie de novelas de La primera detective de Botsuana de Alexander McCall Smith (Editorial Umbriel en castellano y La Campana en catalán). Escritas originalmente en inglés por este profesor de derecho escocés nacido en Zimbabue. Hablé de ellas aquí el año pasado.
iniciación a la literatura africana
Algunos de los libros de o sobre África que he ido acumulando últimamente.

de cuando el mundo aún tenía fe en las Naciones Unidas

Hace días que intento escribir sobre el libro Sexo de emergencia y otras medidas desesperadas, de Kenneth Cain, Heidi Postlewait y Andrew Thompson, sin conseguir encontrar las palabras adecuadas. A pesar de su equívoco título (de sexo hay poquito), se trata de un diario cruzado de tres amigos que se conocieron trabajando para la ONU en Cambodia en el 1991, que narra sus vivencias en varias misiones de paz desde entonces y durante los 10 años siguientes. Aunque las motivaciones de cada uno son diferentes, los tres empiezan con una gran ingenuidad e idealismo con el éxito de la misión en Cambodia, que a lo largo de los años se va transformando en un amargo desencanto y en un descenso al mismísimo infierno.

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Cuando fui a trabajar en Congo a principios del 2005 el libro se había publicado hacía poco y, al ser novata en misiones de paz, varias personas me lo recomendaron como una muy buena descripción de este tipo de trabajo y el modo de vida. El libro había causado furor en toda la ONU y no conseguí encontrarlo ya que la primera edición se había agotado, hasta que se publicó la segunda edición hace unos meses, cuando además se publicó también la edición española en Ediciones B. Recordando los comentarios de colegas y amigos sobre el libro, al empezar a leerlo pensé que sería más una recopilación de anécdotas y aventurillas con la ONU en países en conflicto, que no un análisis crítico de su trabajo. Esperaba unas memorias cargadas de adrenalina y de nostalgia del terreno, y no la feroz crítica a las misiones de paz y al intervencionismo que es.

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En uno de los pasajes que según he leído levantaron más ampollas entre los altos estamentos de la ONU, Andrew dice (traducción casera al español ya que sólo tengo la edición en inglés):
... para mí sólo hay una lección aprendida y me mira fijamente cada día mientras como mi almuerzo: Si los cascos azules de la ONU se presentan en tu ciudad o pueblo y se ofrecen a protegerte, corre. O bien consigue armas. Vuestras vidas son mucho menos valiosas que las suyas.

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Andrew, médico neozelandés hijo de misioneros, dice esto después de haber dirigido el primer equipo forense de la ONU que empezó a abrir fosas comunes justo después de la guerra en Ruanda y en Bosnia para recoger pruebas para juzgar los crímenes. Después de pasar días interminables desenterrando centenares de cuerpos en descomposición de todo tipo de gente (hombres, mujeres y niños) asesinados sin sentido mientras la ONU miraba al otro lado, no es de extrañar que Andrew sienta rabia e incluso rencor hacia la organización.

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Los primeros capítulos del libro parecen un poco la descripción de unas vacaciones de lujo, y se nota una cierta arrogancia en las palabras de nuestros tres protagonistas, que creen ingenuos que su mera presencia (la presencia de la ONU) va a acabar con cualquier conflicto y va a propagar la democracia por todo el mundo como por arte de magia. Sin embargo, a medida que la realidad se les cruza por el camino, se ven obligados a reconsiderar sus creencias e ideales, y a reconocer su ignorancia de los países en los que trabajan, y de las dificultades que el intervencionismo puro y duro entraña. Al llegar al final de su trayectoria por el infierno se ven obligados a admitir su fracaso como agentes de la paz y mensajeros del bien en nombre de la ONU.

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El libro no ofrece soluciones a los dilemas humanitarios, los autores dicen que lo escribieron simplemente para dejar constancia de lo que vieron y vivieron durante momentos históricos clave del siglo veinte. Sin embargo, su descarnada descripción de los conflictos que vivieron y del papel que la ONU jugó en ellos, así como la crítica a su propia incapacidad para hacer nada más de lo que hicieron, convierten el libro en un valioso testimonio de la historia reciente. Y en una prueba más de lo huecas que resultan frases como "nunca más" al término de una guerra, o de que no basta con tener buenas intenciones para ayudar a los demás.

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Para mí los pasajes más interesantes del libro son los momentos de introspección del doctor Andrew mientras excava fosas comunes en Ruanda y Bosnia, en los que no sólo culpa a la ONU de las matanzas sino también a él mismo, a todo el mundo. La ONU no intervino por cobardía, pero en cierto modo todos somos culpables de inmovilidad.

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Dice Andrew:
Aunque el Tío Sam no quiso y Dios no pudo y la ONU simplemente no lo hizo, Ken y yo habríamos parado esto. Sé que es ridículo -él es un abogado y yo soy un médico- pero cuanto más lo pienso, más difícil es evitar esta sensación de que en parte es culpa nuestra. Habríamos tenido que estar aquí para proteger a esta gente y no nos presentamos. Habríamos tenido que ser capaces de cambiar tan sólo este pedacito de historia ruandesa, pero no lo hicimos. La gente mata. El Dios al que le rezo no protege a los débiles, así que sólo la gente puede pararlo. Somos gente y no lo hicimos. Todos somos culpables.
de cuando el mundo aún tenía fe en las Naciones Unidas
Portadas de las ediciones española y británica del libro.

ponga a Malaussène en su vida

21 10 2007
 
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No puedo creer que se me olvidara hablar de estos libros cuando estuve en París hace dos meses, porque son de lo mejor de la literatura francesa. Olvídaros de Proust, Flaubert, Zola y demás rollos de tomo y lomo. Daniel Pennac es el autor que hay que llevarse a una isla desierta, a la cola del médico o a una avería interminable de la Renfe. Es la fórmula mágica para el mal humor y el olor de pies. Al cabo de tan sólo unas pocas páginas te entran ganas de comer cuscús, de adoptar a un perro y de tirarte pedorretas como en parvulario, todo al mismo tiempo. Y sin darte cuenta dejas de refunfuñar mientras te preguntas cuando dejaste de usar ese vocabulario tan colorido y divertido del autor, que te está haciendo cosquillas por todas partes.

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La serie de 7 libros sobre la familia Malaussène de Daniel Pennac es de esas que te enganchan y no te sueltan, con un chorro continuo de ingenio y creatividad imposible de resistir. La serie, escrita originalmente en francés (un francés de fuegos artificiales), la componen los siguientes libros (por orden cronológico): La felicidad de los ogros, El hada carabina, La pequeña vendedora de prosa, El señor Malaussène, El señor Malaussène en el teatro, Los cristianos y los moros, Señores niños y Los frutos de la pasión. Aunque todos los libros están protagonizados por la numerosa familia Malaussène, encabezada por Benjamin, de profesión cabeza de turco, no siguen una historia cronológica y pueden leerse de manera independiente y desordenada. Yo, por ejemplo, el primero que me leí en casa de unos franceses a los que les hacía de canguro fue La pequeña vendedora de prosa, que es el más famoso de la serie, y luego continué según los iba encontrando por ahí.

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El escenario de los libros es el barrio parisino de Belleville, que está descrito con mucho cariño como una especie de olla de lenguas, colores y culturas que es la auténtica Francia. Hace dos meses cuando estuve en París fui a Belleville por primera vez y, recordando las descripciones de Pennac, me pareció el lugar más acogedor del mundo (aunque quizás en realidad no lo sea). Pennac es el maestro de la hipérbole y de hacerte sentir en casa con sus libros, de ahí su éxito.

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No sé si traducidas las historias de Benjamin Malaussène y su tribu pierden la gracia, ni si a todos les van a llegar de la misma manera que me llegaron a mí, a algunos incluso puede parecerles baja literatura sin importancia. De todas formas aprovecho para recomendarle a todo el mundo que ponga a la familia Malaussène en su vida. Para mí son el mejor entretenimiento y la mejor cura para la morriña y el dolor de cabeza. Son como una inyección de gazpacho de la abuela.
ponga a Malaussène en su vida
Arriba: cuatro de las novelas de la tribu Malaussène ambientadas en el barrio de Belleville de París; Abajo: la plaza de Santa Marta de Belleville.

el placer de la caza bibliófila

Supongo que para contrarrestar la carnalidad de este fin de semana, la biblioteca de San Francisco organizó una enorme venta de su excedente en un almacén en los muelles de la ciudad, desde el jueves hasta el domingo pasado. Sobra decir que, con lo que me gustan a mí los libros de segunda mano, el viernes pasé allí varias horas y acabé comprando una veintena de libros. Creo que jamás había visto tantos libros juntos, el paraíso.

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Aunque los libros, que costaban entre 1 y 5 dólares excepto el domingo que costaban todos 1$, estaban en mesas distintas según el género (novela, ensayo, idiomas, cocina, etc), estaban colocados de manera bastante aleatoria y había que excavar bien cual intrépido arquéologo para encontrar cosas interesantes. Lo que le daba un cierto valor añadido de tesoro a la compra.

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Entre los nuevos integrantes de mi creciente y heterogénea biblioteca (como este blog mismo) se encontraba una historia de internet y un libro para aprender a programar en html (cada vez estoy más metida en el mundo web), dos libros sobre la India (me encantaría volver), una guía de las escaleras de San Francisco (con tantas cuestas, hay muchas), el corazón de las tinieblas (ya sé que es cortito pero, qué queréis que os diga, nunca me lo he acabado de leer), un pequeño diccionario de swahili (ilusa optimista que soy, aún no pierdo la esperanza de aprender nuevas lenguas), la saga de Peter Mayle sobre la Provenza francesa (mis padres llevan años recomendándomela), una historia del País Vasco (una que es ignorante en el tema y quiere ilustrarse) y un libro sobre Kosovo que hacía tiempo que quería comprar. El cual, por cierto, es del mismo autor (Noel Malcolm) de otro libro que leí hace tiempo sobre Bosnia que es buenísimo. Lo digo para los fans de los Balcanes que tiene este blog, que las estadísticas me dicen que no son pocos (recomendaría más libros sobre el tema, pero es que muchos de los buenos no están traducidos al español, una lástima).
el placer de la caza bibliófila
La gran venta anual de libros organizada por la biblioteca de San Francisco, y algunos de los libros que me llevé a casa con gran satisfacción.

Tintín en el Congo da risa

Hace tiempo que quería hablar de Tintín en el Congo, y la polémica reciente después de su publicación en Reino Unido y las subsequentes denuncias en Bélgica y Francia, ya desde sus incios la historieta suscitó polémica por su paternalismo colonialista y por su racismo.

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Por esa razón, cuando en 1946 el álbum se reeditó en color, Hergé lo redibujó completamente para suavizar los elementos más polémicos. Así, eliminó varias viñetas y cambió el texto a otras, como el ejemplo que aparece en la web de la editorial Juventud (la que publica las historias de Tintín en España) en el cual donde Tintín da una clase en una escuela africana el texto que dice que Bélgica es su patria es substituida por una lección de aritmética. Sin embargo los cambios resultaron ser puramente cosméticos, y las críticas no hicieron más que reavivarse durante los años 50 cuando tomaron fuerza los movimientos panafricanos de autodeterminación, y con la posterior descolonización de los años 60.

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Según la Wikipedia, la rehabilitación del álbum y su regreso a las librerías de todo el mundo en los años 70 se produjo paradójicamente a consecuencia del éxito que la historia tuvo cuando se publicó en una revista del Zaire independiente. Sin embargo, en varios países Hergé tuvo que hacer más cambios a la historieta antes de volver a publicarla, y en otros aún sigue prohibida.

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Ahora, después de 70 años de polémica más o menos constante, el debate se ha reavivado a raíz de una denuncia en Gran Bretaña a mediados de julio por parte de la Comisión por la Igualdad Racial (CRE, en sus siglas en inglés). Primero pidieron que el libro se vendiera en la sección adulta de las librerías y no en la infantil, con un mensaje avisando de que contiene "estereotipos burgueses y paternalistas de la época, interpretación que algunos lectores podrían encontrar ofensiva", pero al cabo de unos días el tono del debate subió y pidiendo su retirada de las tiendas al considerarlo un "disparate racista y pasado de moda". La denuncia no ha hecho más que aumentar las ventas del libro en Gran Bretaña en un 4.000%, según este artículo.

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Un mes más tarde, en agosto (el verano es lo que tiene, demasiadas mentes ociosas), un estudiante congoleño en Bélgica pidió también la retirada del libro en ese país por las mismas razones, así como la reapertura del debate sobre la actuación de Bélgica en la colonización de su país. Y la semana pasada otra denuncia más en Francia se sumó al escándalo veraniego, ésta por parte del Consejo representativo de las asociaciones negras (CRAN).

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Y yo me pregunto, ¿a estas alturas de qué sirve escandalizarse por la visión del mundo anticuada de Tintín en el Congo? No es ninguna novedad que hace 70 años se tenía una visión muy distorsionada de África y de los africanos, y es en el momento histórico que hay que colocar la obra. El propio Hergé reconoció que, a sus 23 años, cuando escribió Tintín en el Congo, pecó de ingenuo e ignorante, que se trató de una obra de juventud y que hay que interpretarla en el contexto de la época. Para él, los personajes del libro eran "negros de fantasía", caricaturescos como todos los personajes de sus obras. ¿Acaso tenemos que censurar a todos los autores que en sus obras han dejado entrever opiniones que hoy en día serían consideradas racistas pero muy extendidas en su época (me viene a la cabeza un ejemplo: el venerado HP Lovecraft, aunque los hay a montones)? ¿O se trata simplemente por el hecho de ser un cómic "para niños" que los estandartes de la corrección política se tiran de los pelos?

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Como dice este artículo, ahora sólo falta que las asociaciones protectoras de animales empiecen a atacar Tintín en el Congo porque en él se mata cruelmente a varias especies protegidas, y así obtendría la etiqueta de "el más denunciado de la historia".

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A mí, lo que más gracia me hace del caso es que cuando se le pregunta a cualquier congoleño qué piensa del libro se echa a reír por lo estúpidos que eran los blancos de tener esta visión del Congo tan lejana a la realidad. Al final, son ellos los que se mofan de la ignorancia de los europeos gracias al libro. Y no sólo eso, sino que además le sacan partido económico al tema: en Kinshasa los puestos de souvenirs están abarrotados de todo tipo de estátuas de madera del coche que aparece en la portada de Tintín en el Congo, y de demás escenas del libro, tal como puede verse en esta foto (yo, sin ir más lejos, compré una donde Tintín va en canoa con varios lugareños). Y el souvenir estrella es un lienzo de la portada del libro pintada a mano (por pintores como los de la foto de aquí abajo), en el cual, si se desea, se puede cambiar el nombre de Tintín por el del comprador e incluso poner una foto propia en lugar de la cara de Tintín. Manda huevos.

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Actualización 9/10: para los muy forofos de Tintín, acabo de enterarme de que Tintincat (la Asociación de Tintineros de Catalunya) organiza un encuentro sobre Tintín en Figueres el domingo 21 de octubre, que incluirá una feria para los coleccionistas y varias actividades. Para los que se encuentren por la zona, aquí está el programa de la jornada (en catalán).
Tintín en el Congo da risa
Portada de Tintín en el Congo y un par de pintores de portadas de Tintín personalizadas en Kinshasa.

Pandora en el Congo

06 09 2006
 
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Así empieza Pandora en el Congo de Albert Sánchez Piñol, describiendo lo que la foto del post de ayer podría ilustrar perfectamente, ése océano verde interminable que es el Congo.
El Congo. Imaginemos una superfície tan grande como Inglaterra, Francia y España juntas. Imaginemos, ahora, toda esta superfície cubierta de árboles de entre seis y sesenta metros de altura. I, bajo los árboles, nada."

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Hacía tiempo que os quería hablar de este tocho de libro de más de 500 páginas, que me regaló mi padre por Navidad y que al cabo de un par de semanas ya me había devorado. Y es que reconozco que me enganchó, a pesar de que su descripción del Congo es completamente mítica, o puede que fuese justamente por eso:
El Congo no és un lugar. El Congo és el otro lado del universo. I entre todos los Congos possibles hay, ciertamente, un Congo al servicio de la expiación.

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Empieza como una clásica novela de aventuras tropicales que deriva hacia el terror psicológico, pero acaba siendo una profunda disección del alma humana y del concepto de amor llevado al límite de lo conocido. He visto reproducida en muchos sitios la cita de Sánchez Piñol diciendo que "la verdad es una cuestión de estilo", y yo añadiría que también es una cuestión de amor. Y eso fue lo que más me gustó de la novela, la reflexión que hace sobre la verdad y la relación que tiene con el amor. Y como no, el hecho de que tenga a Congo como escenario, aunque es tratado como un espacio mítico, casi imaginario.

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Aunque no tenga nada que ver con el Congo que veo yo aquí cada día, os recomiendo visitar este Congo en el que todo es posible.
El Congo. Un océano verde. I, bajo los árboles, nada.
Pandora en el Congo
revisando Pandora en el Congo en mi casa de Kinshasa para escribir este post

mis razones para querer visitar Botsuana

17 08 2006
 
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Temas
africa
botsuana
literatura

 
 
Lo confieso: estoy enganchadísima desde hace algunos meses a la serie de novelas de Alexander McCall Smith protagonizadas por la entrañable Mma Ramotswe, la primera detective de Botsuana (en la foto en la versión original inglesa, pero publicadas en castellano por la editorial Umbriel y en catalán por La Campana).

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Hacía tiempo que había oído hablar de ellas, pero no me decidí a probar su lectura hasta que al marcharme a Bukavu una colega de Kinshasa me prestó las primeras cuatro novelas de la colección (La primera detective de Botsuana, Lágrimas de jirafa, Lecciones para chicas guapas y Escuela Kalahari). Me habló con tanto entusiasmo de las aventuras de esta atípica detective de Botsuana, que no pude resistir la tentación. Y así estoy hoy, devorando el sexto (y por el momento último) título de la colección, pero aún con ganas de más.

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Aunque las historias protagonizadas por la rolliza Mma Ramotswe no sean intrigas detectivescas propiamente dichas (tal como muy bien dice esta reseña del New York Times -traducción al castellano aquí), ya que en realidad lo único que hace es "ayudar a la gente a descubrir lo que ya saben", es imposible dejar de pasar páginas. Con un estilo literario tierno e irónico, a veces rayando en lo cómico, es un placer seguir las investigaciones de Mma Ramotswe, casi siempre basadas en la afición al cotilleo de sus compatriotas, investigaciones que a la vez constituyen pequeñas alegorías de la filosofía de vida africana.

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Cuando acabe mi contrato en la RDC decidí que no podía marcharme de África sin visitar las cataratas Victoria entre Zambia e Zimbabwe, el desierto del Namib y África del Sur. Pero desde que conozco a Mma Ramotswe he decidido que tampoco podía marcharme sin pasar a visitar su querida Botsuana que tan bien describe.
mis razones para querer visitar Botsuana
Colección de las aventuras de la primera detective de Botsuana, de Alexander McCall Smith.
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