mi colada tiene derechos

Ya he comentado más de una vez que Estados Unidos es el país de las contradicciones. Es, por ejemplo, el país donde los derechos individuales están sublimados por encima del bien colectivo, y donde paseando por cualquier lugar (tanto en el campo como en la ciudad) te encuentras con carteles diciendo Private Property, No trespassing! (Propiedad privada, no pasar), pero también el país donde algo tan tonto como colgar la colada a secar al sol está prohibido para millones de americanos. Por antiéstetico, y por recordar épocas pasadas más humildes y menos desarrolladas tecnológicamente.

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Cuando me acababa de mudar aquí me di cuenta de que en las ciudades no hay absolutamente nadie que tienda la ropa, sino que todo el mundo usa secadoras. Primero pensé que era por la desoladora falta de balcones en la arquitectura urbana americana, pero enseguida me di cuenta de que era algo cultural. Por ejemplo, si no fuera por el Ikea, me habría costado un huevo encontrar el típico tendedero plegable que en España hay en cada casa, y las pocas veces que alguna visita lo ha visto en acción ha causado gran sorpresa. Pero en los barrios residenciales de los suburbios o en los pueblos y ciudades pequeñas donde todo el mundo tiene jardín, la situación es más o menos la misma. Es muy poco habitual ver ropa tendida en ningún lugar, ni que sea en medio del desierto de Arizona a 40 grados a la sombra.

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Esta fobia a la ropa tendida incluso en barrios con amplios patios y jardines y vallas entre casa y casa, e incluso en zonas de clima caluroso como California, me ha parecido siempre una incongruencia incomprensible e inaceptable. Este artículo del Wall Street Journal explica que en la América de la posguerra los elecrodomésticos fueron abrazados como símbolo de progreso y clase media, y tender la ropa al sol da la impresión de pobre, de no poder permitirse tener una secadora, y por lo tanto devalúa el vecindario. Porque nadie quiere tener vecinos pobres que den mala imagen al barrio.

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Aunque las secadoras representan el 6% del total de la energía eléctrica consumida en un hogar americano (un poco menos que las neveras, que están encendidas a todas horas), nada más ni nada menos que 60 millones de personas viven bajo las dictatoriales reglas de más de 300.000 asociaciones de vecinos llamadas Homeowners Associations, y casi todas prohíben secar la colada al sol entre otras cosas (como por ejemplo los colores permitidos para pintar la fachada o la puerta del garaje). Y es que el principal objetivo de estas asociaciones es velar por la harmonía del barrio, sobretodo para que no baje el valor de la propiedad.

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Pues bien, parecer ser que cada vez hay más gente cansada de la absurda tiranía de estas asociaciones y hace un par de años ha cobrado fuerza un movimiento de gente con sentido común llamado Right to Dry (derecho a secar), abogando por el retorno a la tradicional colada al sol. La razón principal para apoyar el movimiento es obvia, ahorrar energía innecesaria. Pero en la web ofrecen unas cuantas razones más por si a alguien no le pareciese suficiente el beneficio económico y medioambiental del ahorro de energía. Las que me ha hecho más gracia han sido: consituye un ejercicio físico moderado y es una experiencia al aire libre que es meditativa y refuerza la comunidad. Ya lo sabéis, para qué ir al gimnasio o a hacer yoga cuando simplemente podéis salir a la terraza a tender la ropa.

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Una de las geniales campañas actuales del movimiento Right to Dry está intentando convencer a la Casa Blanca para que cuelgue un tendedero exterior en sus jardines, para (cito textualmente):
Dar un mensaje a nuestra nación y al mundo de que secar la ropa en tendederos es patriótico, bello y tendría que ser fomentado cuando y donde sea posible, ayudando a eliminar los estatutos comunitarios y regulaciones que prohíben los tendederos
mi colada tiene derechos
En algunas partes del mundo la gente tiende la colada sobre los arbustos, o directamente sobre el césped, ya que no pueden permitirse comprar cuerda de tender.

boicot a las bolsas de plástico

En su día se me pasó hablar de ello, pero el post de ayer sobre el sobreembalaje de envíos me hizo volver a pensar en el tema: el uso de las bolsas de plástico para la compra. Aquí en San Francisco en marzo pasado se aplicó su prohibición en los establecimientos que facturan más de 2 millones de dólares por año. Desde entonces, pues, las grandes superficies deben dar a sus clientes bolsas o bien de papel que contenga al menos un 40% de material reciclado o bien de plástico biodegradable. También hay la opción de llevarse bolsas de tela desde casa, o un carrito de la compra de las abuelas. Según este artículo, se estima que cada año se distribuyen unos 180 millones de bolsas de plástico a los compradores de San Francisco.

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Hoy justamente he leído en el blog Entre los simios un post sobre una reciente campaña para prohibir el uso de bolsas de plástico en Cataluña (y cuya propuesta oficial llegó al Parlamento catalán el pasado 1 de octubre). En su díptico informativo (en catalán) dice que en Cataluña se usan y tiran unos 14 millones de bolsas de plástico por semana, que representan unas 110.000 toneladas al año. Y su descomposición tarda, no lo olvidemos, entre 400 y 1000 años.

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Me parece del todo loable que San Francisco, Cataluña u otras partes del mundo adopten legislaciones más restrictivas con el uso indiscriminado de bolsas de plástico desechables. Es un gasto innecesario y nocivo para el medio ambiento que hay que regular, al igual que el embalaje excesivo de los productos. Sin embargo, simplemente prohibir su uso no es una solución mágica para acabar con el problema de la contaminación y el impacto ecológico de las bolsas de la compra. Tal como comenta este blog, según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos
Las bolsas de papel general un 70% más de contaminantes en el aire y 50 veces más contaminantes en el agua que las bolsas de plástico. Esto es porque se necesita cuatro veces más energía para producir una bolsa de papel y 85 veces más para reciclarlas.

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Para mí la prohibición de las bolsas de plástico debe ir acompañada de un cambio de conciencia y de costumbres de la población hacia el consumismo y las bolsas de la compra en particular (sean del material que sean). Por ejemplo, ahora que las bolsas de plástico están prohibidas en los supermercados la gente pide dos bolsas de papel con cada compra "por si se rompen". O si voy al mercado a comprar frutas y verduras, puedo ponerlas todas juntas en un carrito o en un cesto en lugar de cada cosa en una bolsa separada. Las leyes ayudan a cambiar las malas costumbres, pero por si solas no bastan.
boicot a las bolsas de plástico
Un par de datos sobre las bolsas de plástico sacados del díptico informativo de la campaña 'Catalunya lliure de bosses' (Cataluña libre de bolsas).

obsesión por el embalaje

Una de las muchas obsesiones de este país es el embalaje. Cuando se trata de productos alimenticios aún puede encontrarse una cierta lógica al empaquetamiento excesivo derivada de la exageración higiénica que también sufren (aunque no justifica envolver algo con tres capas de embalaje distinto). Pero el sobreempaquetamiento que menos entiendo es el de los envíos por correo ya que se supone que a menos embalaje más ahorro en el envío, ¿no?

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Comprar cosas por internet y recibirlas a casa por correo es aquí mucho más habitual que en España, y las facilidades y descuentos para estas modalidades de compra son infinitas. Así que a menudo con productos muy especializados o muy grandes y por lo tanto difíciles de transportar (no tengo coche), o simplemente por comodidad, he comprado bastantes cosas por internet. Sin embargo, cada vez me quedan menos ganas de continuar haciéndolo cuando veo el embalaje desproporcionado que me enchufan con cada envío.

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Por ejemplo, las veces que he pedido libros por Amazon normalmente me llegan en cajas el doble de grandes que el volumen de los libros, y meten bolsas de plástico llenas de aire en el espacio que sobra. O las veces que he pedido algún cable o pequeño accesorio para el ordenador, me ha llegado en cajas aún más grandes llenas de bolitas de porespán en las que hay que rebuscar el envío cual pescador.

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Y cuando pensaba que ya lo había visto todo, el otro día me topé con uno de los peores ejemplos de esta obsesión por el embalaje descontrolado: una tapa de sartén que había pedido al no encontrar la medida que necesitaba en mis tiendas habituales me llegó en una caja enorme en la que había otra caja más pequeña, dentro de la cual había otra cajita con la tapa. Y entre las cajas intermedias, varios envoltorios de plástico y de papele de todo tipo. Cuando veo estas cosas me entran ganas de tirarme de los pelos.

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Este tipo de despilfarro no me entra en la cabeza, pero supongo que como me dijo alguien hace poco, hace falta que el papel suba de precio como el petróleo para que la gente empiece a ser consciente de lo innecesario de este tipo de gasto desaforado. De momento ya estoy viendo más coches pequeños tipo turismos europeos, cosa que hace un año era impensable. A ver si dentro de poco empiezan a mandarme sólo una caja por producto.
obsesión por el embalaje
Ejemplo de embalaje descontrolodao: dos cajas y varios plásticos para una simple tapa de sartén.

aparcando parques

El año pasado ya hablé por aquí del Día del Park(ing), una iniciativa del colectivo artístico-activista Rebar para promocionar la creación de espacios verdes en el centro de San Francisco. Se llama Día del Park(ing) porque durante un día se instalan pequeñísimos parques (park en inglés) en plazas de aparcamiento, para llamar la atención sobre la cantidad de espacio urbano dedicado a los coches y no a las zonas verdes de ocio y disfrute para los ciudadanos.

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Ayer volvió a celebrarse el Día del Park(ing) y aunque me lo perdí porque estaba trabajando, he estado ojeando la galería de fotos de los parquecitos en Flickr. Aquí abajo he seleccionado cuatro de los parques que me han llamado más la atención: uno con ruedas para mejor mobilidad, uno típico con bancos, uno con sofás y alfombra que más que un parque parece el salón de casa de alguien, y uno con piscina inflable y sillas de playa (que no era el único, por ejemplo aquí hay otro). Otros parquecillos interesantes que he visto incluyen uno con mini-golf incorporado para entretenerse durante el día, uno hecho a base de periódicos viejos, uno con tienda de campaña incluida para echarse una siesta, uno hecho a base de listines teléfonicos, cajas de cartón y otros materiales reciclados, etc. etc.

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Ojalá fuera así todo el año.
aparcando parques
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: parque con ruedas (foto de squash), típico parque con banco (foto de alwaysupandown), parque con sofás y alfombra (foto de Brad Froehle), y parque con piscina inflable (foto de plaid iguana).

aprendiendo del silencio y la lentitud

Durante los últimos tres días (desde el viernes hasta hoy) se ha celebrado en San Francisco Slow Food Nation (algo así como Nación de Comida Lenta), una especie de festival dedicado a la comida de calidad organizado por el movimiento slow food (comida lenta) que surgió en respuesta al fast food (comida rápida) en Italia hace más de 20 años. Han habido pavellones con exposiciones varias dedicadas a la comida, charlas y conferencias, conciertos, ferias callejeras, etc. Y como parte del extenso progama de actos del Slow Food Nation, el sábado fui a una charla en la biblioteca de la ciudad por parte de John Francis, un activista por el medio ambiente fuera de lo común.

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Quería oír a John Francis porque había leído algo en algún blog sobre la charla que dio en la última conferencia TED en Monterrey y su historia me había impresionado. Efectivamente no me decepcionó, aunque se notaba que seguramente había dado la misma charla miles de veces y había perdido un tanto su frescor. Y es que no es fácil condensar un cuarto de siglo de experiencias intensas en unos pocos minutos, o en unos pocos párrafos como voy a hacer a continuación.

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Durante los años 1960s, como hippy que era, John Francis se mudó de su Philadelphia natal a California, a un pueblo a unas 2 horas al norte de San Francisco. En 1971, fue testigo de un enorme derrame de petróleo en la bahía de San Francisco, cuyos daños ecológicos le hicieron consciente de lo nocivo que es el uso de gasolina. Un año más tarde, el vice-sherif de su pueblo (al que conocía por las frecuentes visitas que le hacía a su plantación personal de maría) falleció repentinamente a los 26 años dejando mujer y dos hijos, así como un brillante futuro profesional. Su muerte le impactó profundamente, como prueba tangible de la fragilidad de la existencia y lo efímero de la felicidad y el éxito. A los pocos días decidió caminar hasta otro pueblo a unos 35 km con su mujer a ver un concierto. Una vez allí le ofrecieron llevarlo de vuelta en coche, pero decidió volver a pie de nuevo. Y así empezó a caminar a todas partes, y un día acabó convirtiéndose en 22 años.

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Sin embargo, en un país donde a la gente le gusta tanto ir en coche, Francis se vio envuelto en infinitas discusiones con sus amigos y conocidos justificando su decisión de dejar de tomar vehículos motorizados. Así que en 1973, el día de su 27 cumpleaños, decidió darse un respiro y dejar de hablar. Y se sintió tan a gusto y relajado que, como le pasó con la decisión de ir a pie, casi sin darse cuenta un día se convirtió en nada más ni nada menos que 17 años (¡que se dice rápido!). Dijo que lo primero que aprendió al dejar de hablar sobre si mismo: durante todos esos años no había estado escuchando a la gente. Sólo había escuchado lo justo para imaginarse lo que la otra persona iba a decir e inmediatamente empezar a pensar en lo que iba a decir él, en un afán por demostrar lo listo que era o lo mucho que sabía. Eso le entristeció, al pensar en todas las oportunidades perdidas de escuchar y aprender que había malgastado.

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Después de pasar largas temporadas caminando por el país y en contacto con la naturaleza, Francis fue interesándose más y más por el medio ambiente, y un buen día decidió ir a la universidad. Se presentó a una universidad en Oregón y pidió ser admitido a pesar de no hablar, y sorprendentemente lo aceptaron. Más tarde hizo algo parecido en una universidad de Montana para estudiar un máster y, a pesar de que no tenía un duro en el bolsillo le aceptaron también (dijo que por aquél entonces había repetido muy a menudo el gesto de mostrar hacia afuera los bosillos vacíos).

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Mientras era estudiante de posgrado dio clases en la universidad con gestos y, aunque al principio los estudiantes se mostraron poco receptivos, al cabo de poco sus clases tuvieron mucho éxito. A veces incluso interpretaban que había dicho cosas en las que él no había pensado, cosa que le hizo aprender mucho de sus alumnos. Si un profesor no aprende mientras enseña, dijo, es que no está enseñando bien.

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Unos años más tarde decidió ir aún más allá académicamente y fue a solicitar una plaza de doctorado en la universidad de Wisconsin, donde su gesto de los bolsillos vacíos volvió a funcionar. Decidió especializarse en derrames de petróleo, que fue el tema de su tesis doctoral, a pesar de una cierta oposición de sus profesores que no le veían interés al tema. Sin embargo, en marzo de 1989, muy poco después de que acabara su tesis, ocurrió un enorme derrame en Alaska conocido como Exxon Valdez, considerado como uno de los peores desastres ecológicos de la historia. Como él era el único académico a nivel doctoral estudiando el tema, su trabajo obtuvo un reconocimiento considerable.

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En 1990 asistió a los actos del Día de la Tierra en Washington con sus padres y en un momento dado le salieron las palabras "gracias por venir", que le sonaron tan raras que tuvo que girarse para ver quién las había dicho. En ese momento decidió volver a hablar ya que pensó que su trabajo sería más efectivo si volvía a hablar, ya no tenía sentido seguir en silencio. El silencio había sido una oportunidad para aprender no un fin en si mismo, ni tampoco una manera de apartarse del mundo.

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Después de volver a hablar fue nombrado Embajador de buena voluntad para el programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y el departamento de costas de los Estados Unidos le ofreció un trabajo para ayudarles a escribir regulaciones sobre derrames de petróleo. Como seguía sin tomar vehículos motorizados fue en bicicleta y tuvieron que esperar dos meses a que se incorporara al puesto.

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Después de ese trabajo decidió caminar por América del Sur, y un buen día caminando por Venezuela tuvo una epifanía. Se dio cuenta de que rechazando el transporte motorizado había creado una prisión en la que se encontraba atrapado, y necesitaba escapar. Cuando se subió a un autobús en la frontera le pareció oír el ruido de cada pieza del motor bajo sus pies, como si de un concierto mecánico se tratara.

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Ahora John Francis tiene 62 años y sigue viviendo en su pueblo al norte de San Francisco y empieza cada mañana con una larga caminata, pero conduce un coche híbrido que le regaló la productora que ha comprado los derechos de su libro (Planet Walker, Caminante del planeta) para convertirlo en película. Además hace años fundó una ONG llamada Planet Walk para promover la educación medioambiental, y da montones de charlas sobre medio ambiente y sobre sus experiencias por todo el país.

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Después de la charla hubo un turno de preguntas, dos de las cuales me parecieron particularmente interesantes: una señora le preguntó si durante todos esos años caminando en solitario y sin hablar con nadie no le invadió la soledad, y él dijo que escribía y pintaba cada día en su diario. Además, desde el principio aprendió a tocar el banjo y con la música comunicaba sus emociones (al final de la charla tocó una canción compuesta por él con su fiel banjo que le ha acompañado durante tantos años). También le preguntaron si no pensaba que perdió oportunidades de cambiar las actitudes y conciencias de la gente que conoció por el hecho de no hablar, y si se arrepentía de esa decisión, y él dijo que uno sólo tiene la obligación moral de cambiarse a sí mismo.
aprendiendo del silencio y la lentitud
Izquierda: John Francis durante la charla del sábado en San Francisco con su fiel banjo sobre el hombro; Derecha: portada de su libro autobiográfico con las pintas que llevaba de joven.

mapa solar de san francisco

Durante este último año he visto montones de webs basadas o que incorporaban Google Maps de maneras muy interesantes, algunos simplemente para hacer más atractiva visualmente la situación geográfica de ciertos elementos (como este mapa de los voluntarios que traducen los artículos de Global Voices en varios idiomas y en el cual aparezco en San Francisco) y otros con muchos más iconos, datos y leyendas explicativas ya que tienen carácter de repositorio de información (como el multipremiado Ushahidi).

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Aunque hay ejemplos de mapas híbridos interesantes a montones, uno que me ha llamado la atención estos días que vi en Afromusing, es el de las instalaciones solares en San Francisco. San Francisco Solar Map es una web creada por el departamento para el medio ambiente de San Francisco que permite a los usuarios ver exactamente donde y cuantos paneles solares se encuentran en las casas de la ciudad. Además te permite introducir tu dirección y te dice cuanta superficie de tejado tiene tu casa y el tamaño de unos potenciales paneles solares, con una estimación de su coste de instalación. La web también contiene testimonios de residentes de la ciudad que han instalado los paneles, disipando el mito de que San Francisco tiene demasiada niebla para la energía solar, o sobre el ruido o les engorros que algunos piensan que los paneles solares conllevan.

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Me parece un buen ejemplo de una herramienta tecnológica usada para promocionar el uso de la energía renovable, facilitando a la gente tomar una decisión bien informada sobre la instalación de paneles solares en su casa. En una sociedad donde competir con el vecino y las apariencias son tan importantes, un mapa que muestra cuanta gente ya se ha instalado paneles solares cerca de donde uno vive es una manera interesante de acabar de dar un empujoncito a los indecisos con pasta en el bolsillo. Aunque según parece, San Francisco aprobó hace poco unas ayudas de entre 3.000 y 6.000 dólares por residencia que decida instalar paneles, y los comercios hasta 10.000 dólares.
mapa solar de san francisco
El mapa completo de las instalaciones solares en San Francisco aquí.

rincones verdes de San Francisco

En San Francisco cada barrio tiene su propia personalidad, vida comunitaria y rincones interesantes por descubrir. Después de un invierno más largo de la cuenta, este fin de semana por fin ha salido el sol invitando a salir a pasear para descubrir algunos de ellos.

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Como el concepto europeo de urbanismo y conservación de los edificios históricos y espacios verdes en Estados Unidos no existe, normalmente son fundaciones privadas que se encargan de la restauración de lugares de interés arquitectónico, y las asociaciones de vecions o pequeñas ONGs que se encargan de crear y mantener pequeños parques o zonas verdes en cada barrio. Así pues, en la ciudad abundan los parques de tamaño de bolsillo, que parecen un jardín particular pero que en realidad son públicos y mantenidos por la gente del barrio o algún donante particular (que normalmente le pone su nombre al parquecillo en cuestión).

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El barrio de Russian Hill es para mí uno de los más bonitos de la ciudad para pasear, cuesta arriba y cuesta abajo, y para buscar rincones verdes para pararse a reposar. Uno de ellos, que descubrí hace poco, es el parque Molinari-Mana que tenéis fotografiado aquí abajo. Es pequeñísimo, con un ancho de apenas 4 metros, pero como está en una cuesta tiene unas terracitas escalonadas con un banco donde disfrutar de la vista de la bahía y la isla de Alcatraz. Un rincón francamente placentero que hace que uno se olvide que está en medio de una gran ciudad.
rincones verdes de San Francisco
Izquierda: entrada al mini-parque de Molinari Mana; Derecha: el parquecillo en sí, con vista de la isla de Alcatraz al fondo.

reflexiones sobre el agua

El sábado fue el Día Mundial del Agua y durante estos días se han lanzado (o recordado) varias campañas por todo el mundo, como la de Ingenieros sin Fronteras o la Unicef y los restaurantes americanos (llamada Tap Project) para recaudar donaciones de los clientes para proyectos sobre el agua.

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Además, varios medios han publicado artículos y reportajes alrededor de la problemática del acceso al agua potable, e incluso el magazine de noche de humor The Colbert Report del jueves pasado dedicó el programa entero al agua. Los blogueros no podían ser menos, y también han estado han estado reflexionando sobre el tema estos últimos días, como muestra este este artículo de Global Voices que recoge algunos extractos de lo que han dicho en distintas partes del mundo. Y yo también os traigo una pequeña selección de comentarios los blogs que leo que me han parecido interesantes:

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Microsiervos, parafraseando el vídeo promocional de Intermón Oxfam, comparó la falta de agua a la falta de internet para que los comodones de los países desarrollados se hicieran una idea:
¿Pasarías un día con 15 minutos de Internet?

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¿Caminarías 20 km para conseguir conexión a Internet?

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¿Arriesgarías tu vida para conectarte a Internet?

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¿Usarías Internet aunque se cortara continuamente?

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¿Pagarías el 15% de tus ingresos familiares por la factura de Internet?

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La versión "peor" de este infierno geek es la que aparece cuando se sustituye la palabra Internet por la palabra agua.

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Mamá Etiopía habló de una iniciativa en Addis Abeba (Etiopía) para ofrecer letrinas públicas en la ciudad:
... puesta en marcha por Gashe Abera Molla Association, una entidad local promovida por Sileshi Demissie, un cantante etíope que regresó a su país después de triunfar en Estados Unidos. El proyecto, que cuenta con la ayuda de Water Aid America, consiste en poner en marcha por la ciudad pequeños quioscos que llevan incorporados unos retretes para que los usen las personas que en sus barrios carecen de servicio.

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Cuenta el promotor que pensó en esta solución al comprender que los residuos fecales son uno de los problemas ambientales de los barrios. De esta forma, razonó, al tiempo que se contribuía a sanear el entorno, se generaba empleo y se mentalizaba a la comunidad. No sabemos cuáles son los resultados de la iniciativa ni a dónde van a parar los detritos que recoge la letrina móvil, pero al menos la idea es original.

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Aunque Canal Solidario no sea un blog, añado también un par de artículos muy interesantes que ha publicado estos días sobre el agua, uno con motivo del Día Mundial del Agua con algunas cifras a tener en cuenta e información sobre el trabajo que realizan varias ONGs españolas, y otro del mes pasado sobre lo que dicen los principales partidos españoles sobre el uso del agua.

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Y para acabar con una nota científica, tres inventos que he visto estos días para ayudar a los países desarrollados a tener acceso a agua potable:

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-Un destilador de agua de bajo consume inventado por Dean Kamen, famoso por su brazo prostético y la motocicleta Segway. Durante la entrevista que le hizo Stephen Colbert en su programa especial de la semana pasada, dijo que puede producir 1.000 litros de agua al día, reciclando hasta un 75% del agua marina o hasta un 95% del agua contaminada que se introduzcan en su depósito de agua sucia. El principal problema del invento es que cada uno cuesta 1.500 dólares y por supuesto necesita una fuente de energía para funcionar, cosa a menudo no disponible en los países en vías de desarrollo.

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-Una especie de curioso columpio giratorio que bombea agua cuando los niños juegan con él, creado por la ONG Play Pumps. Vídeo ilustrativo que les dedicó National Geographic aquí (en inglés).

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-Y por último, una bicicleta con contenedores de agua incorporados a cada lado que se filtra por la energía del pedaleo, llamada Aquaduct. El vídeo aquí abajo.

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basura de alta costura

Leo con satisfacción una de esas raras noticias sobre África que no hablan de guerras, pobreza o malnutrición, encontrada gracias al fantástico blog de Ethan Zukerman: un emprendedor de Ghana ha empezado un negocio de bolsos, mochilas y bolsas de todo tipo hechas a partir de bolsas de la compra de plástico recicladas. La empresa se llama Trashy Bags, que literalmente significa Bolsas Basuriles, y aunque a primera vista no parezca un nombre muy atractivo para vender complementos de moda, en realidad es una idea simplemente genial.

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Tal como dice el artículo, en la mayoría de países africanos no existen sistemas formales de recogida de basuras, por lo que es muy habitual ver bolsas de plástico usadas tiradas en cualquier rincón acumulando roña de todo tipo, desaprovechadas. Hasta que un buen día, el hombre de negocios Kwabena Osei Bonsu de Ghana se hartó del panorama y decidió hacer algo: recoger las bolsas de plástico abandonadas y coserlas para hacer bolsas nuevas, reutilizables. Y así nació Trashy Bags, que cuenta con un taller de una docena de sastres y modistas que crean los diseños de plástico reciclado en máquinas de coser manuales.

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Algunas de las bolsas más utilizadas como material de base son las de agua (como el modelo de arriba a la izquierda), ya que el agua de Accra (la capital de Ghana) no es potable y por lo tanto cada día se consumen millones de bolsitas de medio litro de agua. Según el artículo, unas 60 toneladas de envoltorios de plástico se recogen cada día en la ciudad.

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Trashy Bags paga unos 2'5 euros por cada 1000 bolsitas que la gente les trae para reciclar, y vende los bolsos resultantes por unos 5 euros. En ciudades como San Francisco las autoridades han prohibido totalmente el uso de las bolsas de plástico en los comercios, pero en Ghana se les ha ocurrido una manera mucho más creativa de deshacerse de ellas. A ver si se empiezan a ponerse de moda por todo el mundo.

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Actualización 23/03: Curiosamente, justo después de escribir sobre las Trashy Bags de Ghana fui a pasear por San Francisco y en una tienda de comercio justo vi unos bolsos con un nombre muy parecido (Trash Bags) hechos en Honduras a partir de bolsas de patatas fritas. La técnica es diferente, ya que las bolsas están trenzadas, y el precio también (aquí algunos ejemplos). Pero según la web de la iniciativa, los ingresos van a parar a las mujeres que las hacen y se invierten en proyectos comunitarios de educación y salud.
basura de alta costura
Algunos de los modelos de bolsos, mochilas y bolsas de la marca Trashy Bags (Bolsas Basuriles) de Ghana.

la masa crítica ataca de nuevo

Como hoy es el último viernes del mes, a las 5:30 los pirados de la Masa Crítica pedalearán como cada mes por la ciudad. Según ellos no son ni una organización ni un movimiento político, sino simplemente gente a la que le gusta ir en bici y promocionar su uso que un día al mes salen por la ciudad a pedalear de manera más o menos espontánea, con tan sólo una idea vaga de por dónde van a pasar (el punto de salida en San Francisco es la plaza Justin Herman en Embarcadero, pero el recorrido nunca es el mismo).

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El nombre viene de un documental en el que se hablaba de cómo los ciclistas en China cruzan las calles sin semáforos: esperando en el cruce hasta que se forma una masa crítica de ciclistas y entonces avanzan todos juntos. Este documental fue proyectado después de la bicicletada del 1992 en San Francisco que se había anunciado con folletos y que por aquel entonces llevaba otro nombre. Como el objetivo de las bicicletadas es un poco hacer ver a la gente de los embotellamientos de tráfico en hora punta lo rídiculo que es ir en coche (y lo práctico que es ir en bici), el nombre les pareció muy adecuado: cuanta más gente vaya en bici, cuanta más masa crítica haya, más fácil va a ser cambiar los problemas del tráfico.

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Aunque se trata de una actividad que se hace desde entonces en varias ciudades del mundo, tengo que confesar que hasta que me topé con la Masa Crítica de San Francisco no había oído hablar de esta iniciativa. Según esta web se hacen bicicletadas mensualmente en todas las ciudades de España, pero al meterme en la de Barcelona, extrañada porque después de haber vivido allí varios años nunca oí hablar de ellos, veo que en realidad sólo lo hace un día o dos al año (no me quedó claro) durante el Día Mundial sin coches, y que hasta hace poco eran cuatro gatos. Sin embargo, luego he encontrado esta otra web de un movimiento calcado llamado Bici Crítica (con el eslógan: Usa la bici a diario, celébralo una vez al mes), y a juzgar por el vídeo de la bicicletada que hicieron ayer en Madrid, parece que éste mobiliza a más gente.

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En Estados Unidos, en cambio, la popularidad de la Masa Crítica va creciendo y son ya más de 300 ciudades que organizan bicicletadas mensuales. En San Francisco, por ejemplo, cada mes participan una media de mil personas. En este país, sin embargo, la Masa Crítica siempre ha estado envuelta de polémica. Y es que los ciclistas de la Masa Crítica, que salen siempre a la hora punta después del trabajo, se saltan semáforos en rojo (para poder pasar todos juntos) y al obstruir el tráfico ponen de los nervios a los conductores que van en coche. Como bien dice este artículo, en los últimos 10 años ha habido varios enfrentamientos entre ciclistas y motoristas, ciclistas y coches, y ciclistas y autoridades, resultando en más de una ocasión en arrestos. Por esa razón hace años que hay discusiones con las autoridades sobre si tendrían que pedirles permiso, como cualquier manifestación o evento público en la calle, pero ellos dicen que no ya que ir en bici por la ciudad tendría que ser algo normal.

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Para mí el problema radica en que la mayoría de los aficionados a la bici en San Francisco (y supongo que en otras ciudades pasa lo mismo) son mensajeros zumbados que pedalean por la ciudad como si practicaran un deporte de aventura. Y durante los viernes de Masa Crítica se dedican a provocar a los conductores agobiados después de la trabajo. Por su lado, los conductores los desprecian porque los mensajeros tienen una imagen negativa por las tonterías que hacen a diario y meten a todos los ciclistas en el mismo saco, y porque después del trabajo están impacientes. Y porque muchos conducen coches gigantescos y se comportan de manera prepotente (otro día tendré que hablar de lo fácil que es sacarse el carnet de conducir en este carnet, y como se nota en lo mal que conduce la gente).

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Y es realmente una lástima, porque en mi opinión por una razón u otra a la Masa Crítica les sale el tiro por la culata.
la masa crítica ataca de nuevo
Un grupo de participantes de la Masa Crítica del mes pasado por el barrio de Mission.
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