violencia doméstica en el mundo

18 08 2009
 
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Este mapa de aquí abajo publicado en la revist Global Health muestra los porcentajes de mujeres entre los 15 y los 49 años en diferentes países del mundo que respondieron que en algunos casos les parece aceptable que su marido o pareja las pegue o maltrate. Esta tabla incluye algunos países más.

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Nótese que los países con los porcentajes más altos de tolerancia hacia la violencia doméstica están en África (como Zambia con un 85%). España no aparece en la lista, pero desgraciadamente creo que porcentaje sigue siendo más alto de lo que nos gustaría pensar. Y lo mismo va para los Estados Unidos. Y si no que se lo pregunten a Rihanna...
violencia doméstica en el mundo
Mapa elaborado por UNICEF

auge del cambio de apellido al casarse y del feminismo de pintalabios

Hace tiempo que quería escribir sobre un tema que me toca mucho la moral aquí en Estados Unidos: la costumbre de que las mujeres se pongan el apellido del marido al casarse, incluso cuando son mujeres reconocidas profesionalmente, que han publicado artículos o libros, etc. Como bien dice Luna, una española que vive en Canadá donde también impera esta costumbre, me resulta francamente desagradable que tanto la familia de mi pareja como los amigos o conocidos den por sentado que me voy a cambiar de nombre al casarnos y que me miren horrorizados al contestar que de eso nada.

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He tenido varias discusiones sobre este tema con algunos americanos, incluso con una americana casada con un español, y aún tengo que encontrar a alguien que esté a favor de que la mujer mantenga su propio nombre. A ellos les parece muy poco práctico que una pareja tenga apellidos distintos, sobretodo al tener hijos. Luna explica a la perfección la manera de pensar de los americanos y canadienses sobre este tema:
...les parece un obstaculo infranqueable que la mujer no cambie de nombre al casarse. Porque a ver: en el caso de que la madre quiera ir a recoger a sus hijos al colegio y no tengan los mismos apellidos, como van a saber los profesores que se trata de su madre y no de una impostora? (!?!?!?!?) O en los papeles del seguro, como se puede demostrar que una pareja esta casada si no tienen el mismo nombre? [...] a veces cuando hablo del tema con mis amigos/as tienen la misma reaccion que si dijera: 'quiero ponerme un burka para ir al gimnasio porque es lo que hacemos en mi pais.' Vamos, como si fuera una fundamentalista cultural o algo asi por no querer cambiar de nombre.

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La mayoría de estos argumentos sobre las dificultades de tener apellidos distintos dentro de la misma familia, en España se neutralizan enseguida por el hecho de tener un segundo apellido dado por la madre. Pero aún con sistemas mono-apellídicos como el americano, no me parece que el hecho de tener un apellido distinto al del marido tenga que ser un obstáculo insalvable. Cuando la gente me argumenta que es muy práctico a la vez que unificador presentarse a los demás como "los Anderson" o "la familia Anderson", les digo que no me parece tan diferente de decir "los Anderson López" o "la familia Anderson López", cosa que sin embargo les parece rara.

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Curiosamente, a esta misma gente no les parece tan raro que algunas mujeres "feministas" opten por unir su apellido al del marido con un guión, por ejemplo Vanessa Anderson-Pérez. O que añadan el apellido del marido manteniendo el suyo propio como middle name, que es un segundo nombre de pila que tienen los americanos pero que usan para bien poca cosa. Una que optó por esta opción fue Courtney Cox al casarse con David Arquette, pasando a llamarse Courtney Cox Arquette. Sin embargo, el apellido que cuenta es el último, ya que el middle name es puramente decorativo.

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Por otro lado, los mismos que ven montañas de obstáculos a que la mujer mantenga su apellido, no los ven en la pesadilla burocrática que significa el cambio: hay que renovar el carnet de conducir, el pasaporte, la tarjeta de la seguridad social, los títulos académicos, etc. Y en caso de divorcio, vuelta a empezar (a menos que se quieran ir acumulando apellidos como en los chistes de aquí abajo). Ni tampoco ven ningún problema en que cuando una mujer cambia su apellido de repente sus compañeros del colegio o parientes lejanos ya no tengan manera de localizarla. Lo único que les parece un poco problemático es cuando la mujer tiene una carrera artística o académica y su nombre es reconocido en su círculo profesional. Aún así, muchas optan por cambiarse de nombre igualmente (como hizo Sarah Michelle Gellar que ahora se llama Prinze "como gesto de amor" a su marido).

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Siempre me ha llamado la atención el hecho de que Estados Unidos sea un país tan étnica, lingüística y culturalmente diverso, pero a la vez tan anglosajón en las costumbres sociales, y tan míope hacia otras costumbres. Por esa razón la mayoría de los extranjeros que vienen a vivir aquí se cambian el formato del nombre para americanizarlo, como los hispanos de doble apellido que pasan a usar sólo uno, para evitar engorros. Un ejemplo divertido de esta miopía típica de cualquier país, pero aún más aquí, lo dio Juan Pablo hace algunos meses en su blog:
Las dos tarjetas de crédito que tengo (una para irme dando un buen historial de crédito y pillar millas y la otra “por si acaso”) estan en el mismo banco pero las crearon con dos nombres diferentes (Juan P. López y Juan Pablo Puerta López) que no me molesté en unificar en su día. Los dos nombres o identidades mantenienen dos historiales de pagos o impagos completamente separados. Juan Pablo Puerta no usa casi nada su tarjeta y se olvido de hacer un pago de un dominio que no esperaba, lo que hizo que el més pasado crédito bajara a límites horribles y empezara a recibir ofertas de oscuras empresas ofreciendoles tajetas de alto interés. Por su parte Juan P. López ha pagado siempre sus facturas a tiempo y ha visto en el mismo més como su línea de crédito se ha duplicado. En un día normal puedo recibir dos ofertas completamente diferentes de las mismas empresas de crédito, una destinada a quien se suele olvidar de hacer los pagos y otra ofreciendo mucha liquidez a alguien con supuesto mayor poder adquisitivo.

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Este debate sobre el cambio de apelllido de las mujeres no es nada nuevo en este país, pero lo curioso del caso es que según un estudio de una profesora de Harvard en 2004, en los últimos 10 años el número de mujeres que mantienen su apellido no ha aumentado sino que ha disminuido. Dice que una de las causas podría ser la vuelta a una visión más conservadora del matrimonio en la era republicana de Bush, pero también la comodidad igualitaria actual, en la que las mujeres ya no sienten que tengan que reivindicar nada como la generación de los años 1970s. Un artículo de la revista americana Slate publicado poco después del estudio lo resumía así:
... el nombre de soltera ya no es una tensa cuestión política. Hoy en día no es motivo de sopresa que una mujer de mente independiente tome el apellido del marido, como tampoco lo es que anuncie que se va a quedar en casa con los niños. Hoy en día, la decisión es puramente de conveniencia, de un cierto tipo de lujo - ¿qué nombre te suena mejor? ¿qué te apetece hacer? La política es secundaria. Nuestra independencia fundamental no está tan en peligro como para que tengamos que cambiar nuestros nombres. La declaración de principios ya se ha hecho, gracias a una generación más dogmática. Ahora nos atrae lo tradicional. [..] Como mucho del feminismo de hoy en día, superficial, satisfactorio, de pintalabios: una puede, al fin y al cabo, tenerlo todo.

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Me parece escandaloso que mientras en otros países las mujeres están consideradas por sus maridos poco más que como sirvientas o animales de carga, y donde sus derechos son ínfimos o inexistentes, en el "primer mundo" americano incluso las más feministas caigan en esta tradición anacrónica del cambio de apellido. Porque aunque a ellas no les cause ningún inconveniente y les facilite la vida a nivel práctico, en lo simbólico sí que representa una regresión de los derechos de las mujeres en el mundo.
auge del cambio de apellido al casarse y del feminismo de pintalabios
Viñeta de la izquierda de CartoonStock y de la derecha de la revista Slate.

curar una mujer para curar un país

El domingo tuve la ocasión de ir por primera vez al Pacific Film Archive en Berkeley, que es lo más cercano que hay por aquí a mi añorada Filmoteca. La ocasión: la proyección del documental Lumo dentro del festival de cine sobre derechos humanos de Human Rights Watch, que por cierto también incluye en su programa The greatest silence, película de la que hablé hace poco.

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Hacía mucho tiempo que tenía ganas de ver Lumo, ya que uno de los primeros blogs sobre el Congo que descubrí nada más llegar allí fue Telegraphe Congolais (ahora inactivo), una especie de diario de rodaje escrito por uno de los directores y productor de la película, Louis Abelman. Y también por haber sido rodada en Goma, en el Nord Kivu, y por la temática: la violencia sexual contra las mujeres en el este del país como arma de guerra. Y a pesar de la seriedad y dureza del tema, la película resultó ser sorprendentemente entretenida y entrañable.

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Lumo es el nombre de una mujer de 22 años de un pueblito del Nord Kivu en zona rebelde que un día fue brutalmente atacada y violada por un grupo de guerrilleros, lo que le causó graves problemas de salud, entre ellos una fístula obstétrica. Es decir, una rotura en la pared vaginal conectándola con el recto o con la vejiga urinaria y que, por lo tanto, provoca incontinencia (con su consiguiente olor y estigma social) y en la mayoría de casos la imposibilidad de tener hijos. Gracias a una ONG de Goma llamada HEAL, Lumo consigue ser llevada al hospital de la organización para ser tratada y operada. Allí va a vivir dos años durante los cuales va ser sometida a 5 cirugías reconstructivas, hasta que finalmente pueda volver a su pueblo con su familia.

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La película sigue a Lumo durante su viacrucis personal, desde que sale del pueblo y llega a Goma hasta que se marcha dos años más tarde. Y da la sensación que los autores realmente pasaron dos años viviendo con ella y las demás mujeres en el hospital, ya que filman todo tipo escenas de su vida cotidiana con gran autenticidad logrando que la mayor parte del tiempo la cámara sea invisible. Filman a Lumo con sus amigas cotilleando (la foto del poster de la película, aquí abajo, está sacada de esa escena), peinándose, escogiendo ropa interior, comiendo, cantando y bailando, hablando con los médicos, las asistentas sociales y el sacerdote del hospital. Cuando una de las mujeres le dice que ha ganado peso, como respuesta ella le contesta con un proverbio local: "las mejores carreteras tienen curvas".

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La vida transcurre lentamente y ella se pregunta si algún día va a conseguir curarse y volver a su pueblo. A veces extraña a su madre y tiene muchas ganas de volver, aunque en otras ocasiones se pregunta para qué al recordar como sus hermanos la rechazaron y su prometido la repudió (y su familia tuvo que devolver la dote). Además los rebeldes siguen en el pueblo, y con ellos los ataques.

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Sin embargo Lumo es una luchadora y no se resigna: cuando las demás le piden que rece a Dios y le dé las gracias ella contesta "le daré las gracias cuando me cure, si no no tengo nada que agradecerle". También es un poco payasa y la agitadora del grupo, y a medida que avanza la película es inevitable encariñarse con ella y sentir rabia por el sinsentido de su situación. No sólo ha tenido que pasar por dos años de sufrimiento y operaciones, sino que no tiene ni idea de si el futuro va a ser mucho mejor ya que la paz sigue sin estar resuelta. Aunque puede que finalmente esté llegando, ya que hace un mes se firmó un acuerdo de paz precisamente en Goma en el que el gobierno y los distintos grupos rebeldes que operan en el este del país se comprometieron a dejar las armas.

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En definitiva, me pareció un muy buen documental ya que consigue contar la historia del sufrimiento de miles de mujeres a través de una sola haciendo simplemente que el público la conozca como persona humana, más allá de ser del Congo o del patio de mi casa. Y demuestra que no hacen falta detalles escabrosos ni sensacionalismo para concienciar al público y hacer que se interesen por este conflicto tan mal entendido y ignorado. Tal y como dice uno de los directores en una entrevista, como en Congo no hubo un gran genocidio, o un tsunami, un huracán Katrina o un desastre de gran magnitud mediática, pues ha habito poca cobertura y mal hecha del conflicto, por lo difícil de describirlo.

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Como curiosidad, decir que en septiembre la televisión pública americana programó la película seguido de un reportaje especial (de donde es sacada la entrevista que acabo de mencionar) que incluía una actualización sobre Lumo un año después de que volviera al pueblo y de acabar el rodaje de la película: según parece su familia y la comunidad la aceptaron enseguida. Le dijeron que parecía contenta y saludable, y quedaron impresionados con los conocimientos de costura que había aprendido en el hospital. También volvió con su antiguo prometido y vivieron felizmente durante un par de meses, pero desgraciadamente fue asesinado por rebeledes. Poco después Lumo descubrió que volvía a perder orina porque su fístula se había reabierto. Así que volvío a ingresar en el hospital y se le practicó una sexta operación que esta vez tuvo éxito al 100%. Los directores, Bent-Jorgen Perlmutt y Nelson Walker III , le enseñaron la película y aunque le alegró saber que su historia recorría el mundo, también estaba triste por volver a empezar otra vez con una operación llena de incertidumbre.

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Para los que les haya interesado el tema, aquí puede verse un tráiler de 5 minutos y la CNN también habló de ella en noviembre en su programa semanal sobre África, que puede verse aquí. Y para más enlaces, el blog Jewels in the Jungle habló de la película en su día en un post cargado de información.
curar una mujer para curar un país
Parte del póster del documental Lumo (Lumo es la de la izquierda)

más campañas para los derechos humanos

09 12 2007
 
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Hoy es el Día Internacional de los Derechos Humanos, que conmemora el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, para la mayor parte del mundo, no hay mucho que celebrar. No hay más que echarle una ojeadita al periódico de cualquier día para encontrar en un par de minutos ejemplos como éste o éste), o simplemente a la portada de la web de la ONG Human Rights Watch que recopila violaciones de los derechos humanos por el mundo.

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Hoy, además, acaban los 16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres (de los que hablé hace unos días), durante los cuales ONGs de todo el mundo han estado realizando todo tipo de campañas de sensibilización para acabar con esta lacra. Por ejemplo, Open Democracy ha creado un blog que durante estos días ha ofrecido contenido sobre el tema de la violencia de género, escrito por mujeres de todo el mundo. Y no hace falta ir demasiado lejos para darse cuenta de que es un problema que no sólo afecta a los países en vías de desarrollo, sino a cualquier otro, incluido el nuestro (y bien incluido). Como muestra, este artículo o este otro artículos recientes que demuestran que la violencia contra las mujeres tiene lugar en todos los estamentos y edades.

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Año tras año entre el día de los derechos humanos y los 16 días de activismo contra la violencia de género, aparecen campañas mediáticas como setas (durante el resto del año también, pero no tanto como en esta época), y toda ONG que se precie distribuye un comunicado de prensa/llamamiento para acabar con los abusos. Pero año tras año los avances en materia de derechos humanos siguen siendo paupérrimos. Y es que todas estas bonitas campañas, tan llenas de palabras rimbombantes y fotos impactantes, son muy estéticas y quedan muy bien (sobretodo cuando se acercan las Navidades y la conciencia aprieta), pero están enfocadas hacia la concienciación, la sensibilización, la solidarización, la educación cívica... en otras palabras, se dirigen a un público que no es el que puede realmente cambiar una situación determinada de violaciones a los derechos humanos. Y que conste que todo este tipo de actividades no me parecen mal, hasta incluso me parecen necesarias para dar a conocer ciertas cosas. Simplemente me parecen insuficientes.

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Para acabar con los abusos, hay que acabar con la impunidad. En mi opinión el estado de derecho, y por lo tanto la justicia, es la base fundamental para acabar con la violencia de género y las violaciones de derechos humanos (que no son lo mismo, pero a menudo se sobreponen y ambas sufren de falta de interés por parte de las autoridades judiciales). Sin leyes que las apoyen, las declaraciones de buenas intenciones se las lleva el viento.

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Quizás soy demasiado negativa, o quizás he visto demasiado dinero solidario gastado en demasiadas campañas con muchas mesas redondas y pocas acciones concretas. Seguramente vale más hacer campañas huecas que no hacer nada. Así que normalmente prefiero unirme a ellas que no criticarlas. Sin embargo hoy, el día de los derechos humanos, no es un día para la complacencia sino para la queja. La queja a grito pelado, afónico, porque tras cientos de campañas ya sería hora de que las autoridades dejaran de mirar hacia el otro lado (o cosas peores). Los derechos humanos, válgame la redundancia, son cosa de todos.

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Y de propina, un par de enlaces a un par de campañas más (aunque estos días hay muchísimas):

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-La Fundación holandesa Worldcom y la española Lola Mora, como parte de la campaña que iniciaron hace un par de años titulada Desafiando el silencio para que los medios hablaran de la violencia sexual como arma de guerra, la han presentado hoy ante la Corte Penal Internacional en La Haya. Y además han traído a representantes de ONGs y medios de comunicación locales del este de la RD Congo para exigir justicia y denunciar estos actos como crímenes de guerra y contra la humanidad.

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-La campaña Cada humano tiene derechos (de momento sólo en inglés) pretende hacer que todo el mundo firme la declaración universal de derechos humanos, ya que nos concierne a todos y mucha gente aún no la ha leído.
más campañas para los derechos humanos
Foto de la web de Amnistía Internacional.

activismo contra la violencia a las mujeres en Congo

Hoy es el Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer, y también el inicio de 16 días de activismo sobre este tema hasta el 10 de diciembre que es el Día internacional de los derechos humanos. Es un tema que últimamente está muy de moda y que siempre queda bien en cualquier revista que quiere dárselas de progresista y solidaria. Pero siempre es el mismo tipo de historias que salen en la prensa: recuentos de sucesos o testimonios de "supervivientes" llenos de detalles escabrosos para satisfacer la sed de cotilleo de los lectores. Alguna vez se habla de medidas para aumentar la protección de las mujeres ante estas agresiones, pero raramente se habla de las causas y de cómo atajarlas de raíz.

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Dentro del tema de la violencia a la mujer, hay otro tema que aún está más de moda en los medios americanos: la violencia sexual contra la mujer como arma de guerra en África, y en particular en el este de la RD Congo. En el 2002, Human Rights Watch publicó un informe buenísimo y muy completo detallando el problema y que sugería algunas soluciones al gobierno de la RDC, a la ONU y a los países donantes de ayuda. Sin embargo, desde entonces nada se ha hecho realmente para atajarlo, básicamente porque hay demasiados intereses económicos de por medio (no olvidemos que el este del Congo es riquísimo en todo tipo de minerales valiosos, como el oro o el coltan), y los medios se han limitado a repetir clichés hasta la saciedad.

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Terribles historias de pobres mujeres congoleñas violadas brutalmente de todas las formas imaginables han ido apareciendo desde entonces en todo tipo de publicaciones, desde The Guardian o el New York Times hasta la revista Ms, incluso en la revista de Oprah. Y aunque cada artículo recoge las palabras de supervivientes distintas, los tópicos siempre son los mismos, y el escenario también: el hospital de Panzi de Bukavu, el único del país (y de los pocos en África) que tiene una sección dedicada exclusivamente a tratar quirurgícamente a las víctimas de ataques sexuales. Y todos los artículos piden a los lectores que manden cartas al presidente de la RD Congo para protestar (qué risa) o donaciones al hospital de Panzi, el cual ya recibe generosas subvenciones de la Unión Europea.

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Cuando veo este tipo de artículos, como el que apareció recientemente en la revista Glamour firmado por Eve Ensler, la autora de Los Monólogos de la vagina, no puedo evitar fruncir el ceño con cierto recelo. El mismo recelo que siento cuando veo a cantantes o a estrellas de Hollywood adoptando a niños africanos como quien va de compras o apuntándose (o creando) la campaña de moda sobre África que contenga la palabra "Salvar" en su eslógan. Y pienso en un artículo muy bueno que escribió hace algunos meses Uzodinma Iweala criticando justamente este tipo de campañas para "salvar a África" promovidas desde Occidente (y que, como era de esperar, causó gran revuelo en la blogosfera africana y interminables debates). Por muy buenas intenciones que tengan, dice, promueven una imagen de superioridad hacia África pasando por alto el papel que precisamente Occidente ha tenido en muchos de los conflictos o situaciones desastrosas que se viven en África actualmente.

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Muchos de los artículos que he leído últimamente sobre la violencia contra las mujeres en el este del Congo me han hecho pensar en las palabras de Iweala, ya que muchos parecen escritos simplemente para compadecer a estas pobres mujeres maltratadas sin analizar el origen del conflicto y el por qué de la incapacidad de todos (gobierno congoleño, gobiernos vecinos, ONU, Occidente) para acabar con esta violencia aparentemente interminable. Incluso cuando no echan mano a los tópicos (muchos aún siguen con el manido corazón de las tinieblas) ni se meten en derroteros sensacionalistas, su aproximación no deja de ser paternalista al máximo.

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Antes solía pensar que hablar del Congo y de sus problemas, o de África en general, era bueno para llamar la atención de los países ricos a hacer algo. Pero últimamente me estoy dando cuenta de que toda esta atención mediática sólo sirve para compadecer a África despertando los instintos caritativos de los lectores (caridad que normalmente no va acompañada de interés por aprender y entender el contexto), pero no para realmente remover las conciencias de los que sí pueden hacer algo para acabar con la violencia.

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Y como extra: lista muy completa de enlaces sobre la violencia sexual en el este de la RD Congo, que incluye también un par de películas documentales.
activismo contra la violencia a las mujeres en Congo
Una víctima de violencia sexual en el hospital de Panzi de Bukavu.
Foto de Hazel Thompson para el New York Times.

las que cargan con todo son ellas

25 01 2006
 
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El miércoles hice un viaje rápido a Bukavu, al este del país (que de rápido no tenía nada ya que el vuelo no es directo y fue muy largo). El motivo del viaje era una reunión muy aburrida, pero a pesar de todo me gustó ver de nuevo esta preciosa ciudad a orillas del lago Kivu. Además, las últimas dos horas del vuelo las hice sentada en la cabina del piloto disfrutando como nunca de la vista extraordinaria del paisaje. Pero bueno, esa ya es otra historia.

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Aparte de la belleza del paisaje, lo que más sorprende al visitar Bukavu es la gran cantidad de mujeres caminando al borde de las carreteras con enormes pesos a cuestas. Como el aeropuerto está a una hora y media en coche de la ciudad, durante el trayecto hay ocasión de ver a muchas. Con cestos llenos de frutas o verduras, con 6 o 7 garrafas de 5 litros cada una, con troncos, con sacos de carbón (como las de la foto) o con otros productos diversos que tienen que transportar de sus pueblos a Bukavu o viceverse. Y a pesar del calor y el polvo del camino, o de las lluvias torrenciales que caen de vez en cuando, ellas andan cada día varios kilómetros para transportar sus mercancías de un sitio a otro sin inmutarse.

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Durante el largo recorrido de la carretera también se ven a hombres, claro está. Pero a éstos, como el que aparece en la esquina izquierda de la foto, se los ve disfrutando de la sombra de un árbol, charlando tranquilamente con otros hombres, o como mucho tirando de carretas o conduciendo coches y camiones. Aún no he visto ninguno con la espalda doblada o cargando algo que no sean los cuatro francos que han conseguido con cualquier chanchullo y que no compartirán con sus mujeres.
las que cargan con todo son ellas
Mujeres cargando enormes sacos de carbón en la carretera que lleva a Bukavu, en el Sud Kivu, mientras a su lado pasan hombres con las manos en los bolsillos

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